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Opinión

  • | 2015/03/13 23:00

    La importancia de desescalar el conflicto

    La suspensión de los bombardeos sumada a la hasta ahora exitosa tregua unilateral de las FARC indica lo bien que marcha el proceso.

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En la última semana se dieron dos importantes noticias dentro del proceso que adelantan el Gobierno nacional y las FARC en La Habana con intención de firmar la paz con esa guerrilla. Una de ellas fue el acuerdo para empezar a trabajar en el desminado del país, y la otra fue el anuncio del presidente Juan Manuel Santos de suspender los bombardeos a los campamentos de las FARC por un mes, aunque eso no significa que la fuerza pública deje de atacar a la guerrilla por otros medios.

Eso, sumado a la hasta ahora exitosa tregua unilateral de las FARC, indica lo bien que marcha el proceso y la confianza que han creado ambas partes para llegar hasta esta etapa. El presidente se demoró más de dos años para concederle algo a las FARC en ese punto, quienes venían pidiendo el cese al fuego definitivo desde el inicio de las negociaciones.

Santos, bien asesorado en los asuntos del proceso de paz, no cedió a las peticiones de la contraparte y mantuvo su postura, pese a la oposición de cierta parte de la opinión pública y de algunos partidos políticos que no entendían cómo es posible negociar en medio del conflicto.

Lo cierto es que así lo aconseja la experiencia internacional. Las investigaciones y la práctica en resolución de conflictos han concluido que el cese del fuego le causa daño a un proceso de paz en sus etapas iniciales porque generalmente una de las partes, o las dos, lo usan para rearmarse, fortalecerse y comenzar ofensivas más violentas, lo que a su vez conlleva a que se suspendan o terminen los diálogos.

“Hacer la paz como si no hubiera guerra y hacer la guerra como si no hubieran diálogos de paz”, es el consejo del gran político israelí y premio nobel de paz Shimon Peres.

La experiencia también indica que un cese del fuego se pacta cuando ya casi todo lo político está acordado y el proceso está en su fase final, y hacía allá va Santos. Mientras tanto, seguirá el desescalamiento de la guerra.

Con esto, el presidente se juega tres cartas. La primera, que la opinión pública perciba lo que es un país en paz y sin la acostumbrada guerra, en el que las noticias diarias no sean las muertes por el conflicto, para demostrar lo que puede ser el futuro del país.

La segunda es consecuencia de la primera. La sociedad, al no sentir el desasosiego de las noticias de la guerra y la tranquilidad de la paz, se decide a apoyar, de una vez por todas, el proceso. Algo que es indispensable para solucionar la violencia en el país.

La otra es comprobar el compromiso de las Fuerzas Armadas para con el proceso de paz. Así como las FARC han demostrado, hasta el momento, unidad de mando al poder contener a 8.000 hombres de llevar a cabo acciones armadas, el presidente quiere comprobar la actitud de las Fuerzas Armadas. El caso del ‘secuestro’ del general Rubén Darío Álzate en el Chocó en noviembre del año pasado todavía le debe saber mal a Santos, pues ese hecho estuvo a punto de dar al traste con el proceso de paz.

El desescalar el conflicto indica que el proceso avanza poco a poco y a paso firme, tal y como lo aconseja la experiencia internacional en la resolución de un conflicto como el colombiano.

*Especialista en resolución de conflictos
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