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Opinión

  • | 2015/05/25 18:00

    Ojo por ojo, y ciegos ya estamos

    “Ojo por ojo y el mundo acabará ciego”, dijo Mahatma Gandhi, ese gran pacifista indio que cambió toda la vida de un país a punta de acciones pacíficas.

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Con la muerte de 36 guerrilleros de las FARC entre viernes y sábado en bombardeos del Ejército, como retaliación del Gobierno de Juan Manuel Santos a la muerte de 11 militares en el Cauca hace poco más de un mes, se confirma que a Colombia la rige la ‘ley del talión’. Esa en la que prima la venganza y el desquite como única forma de solucionar los problemas y las diferencias.

Lo perjudicial es que es precisamente esa forma de responder a la violencia la que nos tiene en esos ciclos de conflictos que ya completan 200 años. Es la retaliación a todos los niveles: físico, verbal y sicológico la que nos ha llevado a ser una sociedad intolerante e intransigente que no respeta la diferencia y que deshumaniza al otro por la más mínima razón. La que nos ha llevado a no valorar la vida humana, a justificar las muertes y a la indiferencia ante la misma.

Ciegos estamos para no darnos cuenta que acudir siempre a la venganza y a la retaliación es lo que ha llevado que nuestra sociedad haya llegado a niveles exagerados de violencia: no solo la de la guerra sino la que se da en los barrios, en las calles, en las familias, en el día a día.

Ciegos estamos para no darnos cuenta que nuestras guerras son las que han llevado a pensar a la mayoría de los colombianos que la violencia se arregla con más violencia, que la violencia se acaba eliminando al último de los adversarios y que matandolos ya todo queda arreglado. Es esa ceguera la que no permite ver que esa violencia permanece escondida, que vuelve a incubarse y vuelve a aparecer, como siempre ha ocurrido en Colombia, país que desde la independencia ha vivido más en guerra que en paz.

Ciegos estamos para que gran parte de la población crea que la guerra es solamente en el monte y en la selva y que para nada afecta a las personas de las ciudades. Nada más equivocado: la guerra afecta la forma diaria en que vivimos. Científicamente se ha comprobado que en sociedades como la nuestra la región de la amígdala, una de las primeras en aparecer en la evolución cerebral y que controla las emociones, está continuamente activada, lo que hace que las personas respondan a las agresiones con más agresión.

Y lo más triste fue ver como se le ‘fueron las luces’ al mismo presidente de la República haciendo alarde de esa venganza. El anuncio de las muertes lo pudo haber hecho el ministro de Defensa o el comandante de las Fuerzas Militares, pero el golpe le sirve a Santos para revertir esa imagen de debilidad en la negociación con las FARC, imagen que se ha encargado de difundir hábil y falsamente la extrema derecha en la opinión pública.

Esto le pudo dejar al Presidente muchos réditos políticos, pero ante la sociedad se da el malsano mensaje que la única forma de solucionar las diferencias es mediante el desquite; y esta sociedad, muy proclive a la violencia, seguirá acogiendo ese método como única forma de solucionar las diferencias.

Este es un golpe duro para el proceso que se lleva a cabo en La Habana pero las partes han manifestado que están dispuestas a seguir en la búsqueda de la paz para por fin sacarnos de la ceguera colectiva en la que vivimos.

Mientras tanto, los opositores del proceso de paz se frotan las manos de regocijo y siguen esperando más sangre de lado y lado porque entre más sangre más posibilidades de llegar a la presidencia en el 2018. Las ganas de poder justifican las muertes. ¡Qué Dios y Cristo nos protejan de sus más fervorosos devotos!

*Especialista en resolución de conflictos y negociación
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