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Opinión

  • | 2015/04/06 18:33

    Religión, iglesias y paz en Colombia

    Da la impresión que Colombia se quedó religiosa y espiritualmente en el antiguo testamento, en el que, en general, el Dios era bravo, castigador y vengativo.

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Llama la atención que un país como Colombia, con el 95 % de una población que profesa la fe cristiana (cuya doctrina se basa en el amor, el perdón y la compasión por el otro), las cifras de muertes, homicidios, masacres, actos de intolerancia y la sevicia con que se cometen sean de las más altas del mundo, y por muchos años ya.

Da la impresión que Colombia se quedó religiosa y espiritualmente en el antiguo testamento, en el que, en general, el Dios era bravo, castigador y vengativo, el del “ojo por ojo” y el que no dejaba pasar una falla sin amonestación.

En el antiguo testamento abundaban los castigos a los discapacitados, para las que se casaban no siendo vírgenes, expulsiones de sus comunidades por adulterio, mataban al que honraba a otra divinidad y la muerte para los hijos que no honraban a padre y madre. Era un Dios intolerante, intransigente, fanático y extremista que solo premiaba a todos aquellos que vivieran de acuerdo a su ley y castigaba sin misericordia a quienes no le obedecían.

Los creyentes le imploraban el perdón por cualquiera de las muchas ofensas en que se hubiera incurrido, y al mismo tiempo le pedían que castigara a aquellos que los habían ofendido, pero había muy pocas alusiones a que las personas se perdonaran entre sí y de Dios mismo para con sus creyentes.

Con la venida de Jesucristo, su hijo, ese Dios intolerante se convirtió en un Dios de amor, perdón, misericordia y compasión. Precisamente las bases de la doctrina cristiana y del nuevo testamento. El amor hacia el prójimo es el eje central del cristianismo. Así no sea creyente, el otro es respetado y amado, y aunque no le sirva para ir al cielo, este concepto sí sirve de mucho aquí en la tierra.

El otro mandato fundamental de la doctrina cristiana es el perdón.

Jesucristo vino al mundo para redimir los pecados de todos los hombres: como una muestra infinita de la misericordia de Dios que sacrificó a su hijo único para perdonar a la humanidad de todos sus pecados.

En los cuatro evangelios en los que se narra la vida de Jesús, el perdón es una constante y hasta una obligación. “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”, “perdonar siete veces siete”, “poner la otra mejilla y amar a nuestros enemigos”, enseñó Jesús. El padre nuestro, la oración que predicó el mismo Cristo, también hace referencia al perdón, “Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Precisamente este es el mensaje que no se ha profundizado en Colombia: el del amor, el perdón y la compasión por el otro. Al contrario, aquí se practica, y mucho, el rencor, el odio, la venganza, la retaliación, todos ellas emociones que han deshumanizado nuestra violencia y vida cotidiana.

La iglesia católica colombiana contribuyó, en los siglos XIX y gran parte XX, a exacerbar la violencia cuando llamaba desde los mismos púlpitos a atacar a los liberales por masones, pedían votar por los candidatos conservadores, no se les daba la absolución, varios sacerdotes acompañaron a ‘chulavitas’ y ‘pájaros’ en masacres, e incluso justificó doctrinalmente la eliminación física de los liberales. Por lo que muchos investigadores sociales la culpan por haber instigado la violencia partidista.

Afortunadamente esos tiempos han cambiado, pero los mensajes del nuevo testamento, tanto de la iglesia católica como de las demás movimientos cristianos que existen en el país, se han quedado bastante cortos, a juzgar por la realidad. Cualquiera debería pensar que en un país de gran mayoría cristiana impere el amor y la compasión por el otro, como lo enseña el nuevo testamento.

Las diferentes iglesias del país, dado su protagonismo e influencia en una nación muy religiosa, deben encontrar la forma de profundizar más su discurso para que los mensajes de amor, perdón, compasión y bondad del cristianismo lleguen mejor a los creyentes y se actúe de acuerdo a estos preceptos.

En Colombia se necesita vivir más con el nuevo testamento y menos con el antiguo.

(*) Especialista en resolución de conflictos y negociación.
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