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Opinión

  • | 2015/03/20 17:00

    Unas propuestas que deben ser realistas

    En un proceso de paz con las FARC y en un conflicto tan largo y complejo, una cosa es el deber ser y otra la realidad que se impone para lograr acuerdos.

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Esta semana, Carlos Holmes Trujillo dio a conocer las condiciones para que el Centro Democrático, partido político que dirige el expresidente Álvaro Uribe Vélez, apoye el proceso de paz que adelanta el Gobierno Nacional con las FARC.

Entre los reparos y observaciones que le encuentra Uribe al proceso de paz, y que según Holmes se los comunicó al exsecretario general de la ONU, Kofi Annan, y al procurador general de la nación, Alejandro Ordoñez, figuran que los diálogos se prolonguen lo que sea necesario y que las FARC se comprometan durante este tiempo a cesar sus acciones criminales, que ese grupo se concentre en un lugar específico con verificación de organismos internacionales, que este tiempo se descuente de la pena alternativa que se les imponga a los desmovilizados de ese grupo, pero que esta no sea aplicada para los cabecillas de los delitos más graves.

También exige paz sin impunidad y “en cuanto a la redefinición del delito político, repite su rechazo a la ampliación de los delitos conexos para evitar que por esa puerta entren el narcotráfico y el secuestro”, reclama la entrega de armas y no la dejación de las mismas y que la reparación a las víctimas se haga, también, con recursos de ese grupo guerrillero.

Para los opositores al proceso de paz estas exigencias son válidas y tienen sentido. Sin embargo, en un proceso de paz con las FARC y en un conflicto tan largo y complejo como el colombiano, una cosa es el deber ser y otra la realidad que se impone para lograr acuerdos, como ha sucedido en las negociaciones en otras partes del mundo.

Vamos por partes. Uribe pide que los diálogos se prolonguen lo necesario. Esa propuesta era bienvenida cuando apenas comenzaban las negociaciones pero en aquella época el ex presidente reclamaba que se llegaran a acuerdos lo más pronto posible. En estos momentos es contraproducente prolongarlos mucho tiempo pues los colombianos que creen en las negociaciones podrían tomarlo como una burla.

Exige que las FARC cesen sus acciones criminales mientras dure el proceso. Eso precisamente es lo que se intenta hacer con la tregua unilateral de ese grupo guerrillero, lo cual se ha logrado hasta el momento con éxito. Esa organización ha sido capaz de ejercer mando sobre sus 8.000 hombres, con las Fuerzas Armadas atacándolos y aún en pleno proceso de paz, teniendo encuenta que muchos en sus filas pueden estar en contra de las negociaciones.

Pocos como el ex presidente Uribe han sufrido tanto la insubordinación: por ejemplo, cuando algunos miembros de las Fuerzas Armadas confundieron la lucha contra la guerrilla con falsos positivos y algunos de sus miembros más cercanos en la presidencia ordenaron las chuzadas.

El ex presidente también solicita que las FARC se concentren en un punto del territorio nacional mientras duren las negociaciones. Esta propuesta no será acogida por las FARC, pues ellos saben que reunirse los hace blancos fáciles de los grupos armados ilegales de derecha. Y ni hablar de lo que sucedería en caso de rompimiento de las negociaciones.

Uribe, en la práctica, también pide que los cabecillas de las FARC no puedan participar en política y paguen prisión. Este punto tampoco es viable, pues ningún grupo que ha luchado contra un Estado en el mundo ha negociado para que sus líderes vayan a la cárcel, y sí para hacer política. Los ejemplos están en el conflicto Palestino-Israelí, Irlanda, El Salvador, Nicaragua, Nepal y Sudáfrica, por solo citar algunos.

‘La paz sin impunidad’ ha sido la gran bandera del uribismo para no apoyar el proceso que se adelanta en La Habana. Se preocupa mucho el Centro Democrático de la impunidad en un país en el que, históricamente, ha sido del 90%. Lo que no quiere decir que por esto tenga que haberla en este caso también.

Pero el hecho de que no se aplique cárcel no quiere decir que haya impunidad, como sucedió en el caso de Ruanda, o como se puede leer en el libro ‘Sin perdón no hay futuro’ del arzobispo y premio Nobel de paz Desmond Tutu, en el cual narra con lujo de detalles como fue el proceso de justicia y reconciliación en Sudáfrica después de firmarse la paz.

La ampliación de los delitos conexos se antoja necesario porque entonces no sería posible un acuerdo de paz con las FARC.

El Centro Democrático se ha empeñado en difundir que las FARC dejarán las armas y no en la entrega de las mismas. Para los que apoyamos el proceso como para el Gobierno no hay acuerdo posible sin la entrega de armas por mucho que resulte traumático para las FARC. Vale la pena recordar que cuando intentaron hacer política en la década de los 80 del siglo pasado, a través de la Unión Patriótica (UP), más de 3.000 miembros de este partido político fueron masacrados en las calles y campos del país.

En cuanto a que la reparación a las víctimas de ese grupo guerrillero se haga, también, con recursos de esa organización, es muy factible y podría quedar en los acuerdos.

Las críticas y las observaciones a un proceso de paz como el colombiano deberían basarse en lo que se pueda lograr en la realidad, como ha sucedido en las negociaciones de este tipo en el mundo, y no en lo que deberían ser. Lo otro es tratar de hacer ver que lo que se está alcanzando tiene ninguno o muy poco valor.

La paz nunca va a ser perfecta, pero en todo caso es mejor que seguir viviendo las miserias que nos ha dejado un conflicto de 200 años.

*Especialista en resolución de conflictos y negociación.
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