Martes, 17 de enero de 2017

| 2015/11/11 10:58

¿Sigue Venezuela los pasos de Colombia?

Lo más perjudicial para Venezuela no ha sido todo ese desbarajuste económico y político sino el odio, rencor e intolerancia promovidos durante una década y media.

¿Sigue Venezuela los pasos de Colombia? Foto: Archivo Particular

Lo peor que le ha hecho el chavismo a Venezuela no ha sido el desastroso manejo económico que llevó al país a tener la inflación más alta del mundo, desabastecimiento y escasez no solo de productos básicos, destrucción de todo el aparato productivo, desplome del PIB, déficit fiscal, caída de las reservas internacionales, aumento de la deuda externa y desaparición de la inversión extranjera.

Ni tampoco la violación constante de los derecho civiles y humanos, desaparición o coerción de la prensa, criminalización de la oposición y la disidencia, falta de garantía políticas y constitucionales, corrupción y abuso de poder del Estado en todos sus niveles.

Lo más perjudicial para Venezuela no ha sido todo ese desbarajuste económico y político sino el odio, rencor e intolerancia promovidos durante una década y media en la que los venezolanos ya no se ven como conciudadanos, adversarios políticos o ideológicos sino como enemigos acérrimos cuyas diferencias han separado familias y terminado amistades en todo el país, con peleas callejeras cada vez que se encuentran ambos bandos, o como lo acaba de denunciar el opositor Enrique Capriles, quien asegura haber sido recibido por chavistas con tiros al aire en una población.

Porque si algo ha hecho perfectamente el chavismo ha sido enseñar a sus seguidores a odiar a los colombianos, estadounidenses, españoles, mexicanos y judíos, etc., etc.; internamente a las clases alta, media, empresarios, comerciantes, y a todo aquel que no esté de acuerdo con sus políticas de cualquier tipo.

Con una sociedad hiperpolarizada, Venezuela es un país al límite en todos los ordenes, en donde son muy fáciles los enfrentamientos, con los colectivos chavistas haciendo valer su fuerza y sus armas (las mismas que les ha entregado el Gobierno para defender la revolución) y unos opositores ya desesperados por la escasez de artículos de primera necesidad, medicinas, inseguridad, violación de los derechos humanos y coerción de las libertades civiles.

El chavismo se ha encargado de dividir sistemáticamente a la sociedad, tal como sucedió en Colombia en la primera mitad del siglo pasado, cuando después de las animadversiones y resentimientos diseminados por los dirigentes liberales y conservadores, todos esos rencores desembocaron en un conflicto partidista que dejó unos 300.000 muertos en solo diez años.

Una violencia que sigue bajo diferentes denominaciones, la misma que, después de 70 años, estamos tratando de acabar pero que de todas maneras tardaremos generaciones en conseguir una reconciliación.

Ojalá Venezuela no termine como Colombia hace siete décadas y la repugnancia de los unos para con los otros no lleve a un conflicto de mayores proporciones con heridas tan profundas que después sean muy difíciles de cerrar. La guerra en nuestro país es un mal ejemplo a seguir, no hay necesidad de mirar más allá para ver todo el sufrimiento, miseria y dolor que ha causado.

Con la llegada de un gobierno democrático a Venezuela, los derechos civiles, humanos y políticos pueden ser restaurados, la economía se puede recuperar en una década o menos con inversión y políticas fiscales responsables, pero los aspectos emocionales como el resentimiento, rencor y deseos de venganza entre unos y otros tardarán décadas en ser superados.

Lo preocupante para la patria de Bolívar es que se requiere de gobernantes ecuánimes, razonables y que piensen en el futuro del país como unidad para evitar una catástrofe, y ni el chavismo ni Maduro han demostrado serlo.

*Periodista y especialista en resolución de conflictos.

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