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Opinión

  • | 2015/02/09 18:30

    Yo me llamo… Hernán Peláez

    Hernán Peláez es el mejor periodista y el que más sabe de radio en Colombia.

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Hace pocos días Hernán Peláez, quien dirigió ‘La Luciérnaga’ hasta diciembre, se refirió a la salida de Gustavo Álvarez Gardeazábal del programa. Lo que dijo Peláez, palabras más, palabras menos, era que ni al Gobierno ni a Caracol le convenía mantener a ‘Gardis’, y pusieron a Gustavo Gómez a inventarse una historia. Afirmó que a la cadena radial le hizo “falta de decencia empresarial”, por la forma en que despidió al periodista y escritor. “Era una cuestión de pasarle una carta oficial (…), pero no mandar razón telefónica”, añadió.

Así es Peláez y así ha sido desde hace ya 30 años que lo escucho casi que día a día. Porque Peláez tiene algo que no podemos hacer muchos periodistas, ni en este ni en otro país, que es la independencia para decir casi todo lo que se quiere.

Es cierto que un programa como ‘La Luciérnaga’ debe haber sufrido cierta censura, pero gracias a la independencia de Peláez, en este programa fue mucho más lo que se pudo decir que lo que no. Y eso en Colombia y en el mundo actual ya es una proeza periodística.

A Peláez no le dio miedo decirle a los españoles, ya siendo dueños de Caracol, que en la conquista habían venido por el oro y ahora venían por la plata. Se dio el lujo, ¡qué envidia!, de retirarse de ‘La Luciérnaga’ cuando el gobierno de Andrés Pastrana presionó la salida de Édgar Artunduaga del programa, y volver casi un año después, como si nada.

El ‘doctor’ dijo: volveré el día que empiece otro gobierno. Y volvió el 8 de agosto, según él; para mí fue el mismo 7 de agosto del 2002, minutos después de la posesión de Álvaro Uribe como presidente.

La independencia de Peláez se debe a que es ajeno al poder y a estar cerca de él, a que no le importa tener amigos en las altas esferas y por eso puede hablar en nombre de la gente, del ciudadano del común, de nosotros, quienes nos sentimos bien representados cuando le ‘canta la tabla’ a cualquier dirigente.

Llegó como periodista deportivo a ‘La Luciérgana’, sin deberle un favor a nadie y me imagino que sin pedirlo después.

Todo esto le es permitido porque simplemente es el mejor periodista y el que más sabe de radio en Colombia. En un monstruo como ‘La Luciérnaga’, de 3 horas diarias, Peláez llevaba el ritmo del programa y las intervenciones de los personajes no se demoraban ni un segundo más ni uno menos de lo que debían.

‘Daba cuerda’ cuando se necesitaba o cortaba al personaje cuando lo creía necesario. No permitió que el humor se confundiera con la chabacanería y la grosería, lo que sucede muy fácil en una radio colombiana que cada vez se ha acostumbrado más a la ordinariez.

Los programas de Peláez son los más escuchados y los que más dinero le aportan a la empresa radial y por eso no se dan el lujo de despedirlo, y él puede seguir diciendo lo que le parezca, sin morderse la lengua, menos a su edad.

Hace poco más de 20 años lo entrevisté para mi tesis de grado y le pregunté por qué en esa época de bombas, de carteles de la droga, de guerrillas, etc, él no adoptaba una posición más crítica con lo que sucedía en el país. Muy sabiamente me dijo que era mejor decir poco a poco lo que se pensaba, y no decir todo para después no poder decir nada.

Por esto, si hay alguien que la mayoría de los periodistas de este país quisiéramos ser, es ser como Hernán Peláez Restrepo.
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