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Opinión

  • | 2017/02/22 10:27

    Buscando respuestas

    Ser vulnerable es estar completamente abierto. Es quitarse las máscaras que llevamos todos los días y mostrar lo que hay detrás de ellas. Es aceptar que abrirse a sentir también es una fortaleza y que las lágrimas no siempre son un símbolo de debilidad.

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Llevo casi un mes enfermo. Con días mejores que otros. Entre la fiebre, la desesperación y la impotencia se pasaron mil cosas por mi cabeza. Tanto tiempo en una cama de un hospital lo pone a uno a pensar. Esa vocecita interior empieza a volverse más intensa, cada ruido se vuelve insoportable, las voces amables se vuelven indiferentes y hasta las chuzadas se vuelven rutinarias. Empieza uno a volverse un ente, a perder las emociones y a dejarse llevar. La desesperación es lo único que me hace sentir vivo. Sí, malgenio y ganas de apagar todo es lo único que siento.

Esa vocecita interior no se calla. Cuando uno no tiene nada más que hacer que mirar el techo, esa voz crece y crece hasta que ocupa cada segundo de cada día y deja preguntas que nunca nos hacemos. Lo fácil que es morir. Lo complejo que es vivir. En fin, lo que desde hace miles de años el hombre busca: sentido a la vida.

No soy una persona religiosa, pero empecé a rezar. Pedí salud a todos los dioses posibles, y a todos les prometí lo mismo. Un pequeño acto de hipocresía. Como si de ellos dependiera mi vida. Me ayudó a entender que no soy infalible y que a veces no todo depende de mí. Que algunas cosas no tienen solución. Lloré y lloré.

Ninguna de esas preguntas desapareció. Se transformaron en pánico y en un existencialismo que paralizó mi cuerpo, mi mente y se adueñó de mí.

Cada pregunta era más válida y necesaria que la anterior. Pero ¿por qué no me las hago en mi día a día? Nos acostumbran a ser más duros de lo que realmente somos. Todos a veces nos preguntamos lo mismo, a veces tenemos esas misma crisis. Pero cuando intentamos externalizarlas, se burlan o dan tanto miedo que es más fácil ignorarlas y hacerse el loco. Quizá porque ser vulnerable no es lo que se acostumbra. Es mas fácil seguir con el día a día, la rutina.

Ser vulnerable es estar completamente abierto. Es quitarse las máscaras que llevamos todos los días y mostrar lo que hay detrás de ellas. Es aceptar que abrirse a sentir también es una fortaleza y que las lágrimas no siempre son un símbolo de debilidad. Es apenas normal que en el mundo en el que vivimos ser vulnerable no sea bien visto. Lo que no te mata te hace fuerte, dicen. Nos han enseñado que ser fuerte es mostrar pocos sentimientos, o que la manifestación de afecto y de sensibilidad es muestra de debilidad. Pero ser vulnerable me generó empatía, me hizo agachar la cabeza. Me obligó a oír esas preguntas y esas voces que yo y todos llevamos dentro y decidimos callar.

Esta sociedad se olvidó enseñarnos que le empatía es una herramienta poderosísima para desarmar el espíritu. La empatía muchas veces se logra mostrando vulnerabilidad. Cuando una conversación surge entre dos personas con honestidad, no hay verdades absolutas y la empatía genera la posibilidad de entender al otro, no necesariamente para compartir sus ideas, pero sí al menos para entender de dónde vienen. Es más sobre ser consciente.

Yo no quería que nadie me viera enfermo, no quería mostrar debilidad alguna. Y sólo cuando vi a una amiga exploté y me abrí por completo. Me sentí tan vulnerable. Pero su respuesta me hizo ver que era lo único que necesitaba. Su empatía hacia la honestidad de lo que yo decía me hizo reflexionar sobre todo lo que surgió en este tiempo que había pasado enfermo. La única manera de vivir plenamente es dejando ir todos los trapos que nos vamos poniendo encima y aceptando que la vulnerabilidad no sólo esta permitida, sino que debería ser celebrada.

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