Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/10/06 11:00

Si quiere guerra, ¿sería capaz de irse a echar plomo?

Es que es muy fácil pedir guerra desde el sillón de la casa viendo las noticias. Es muy fácil pedir guerra cuando no se sufren las consecuencias de los combates.

Si quiere guerra, ¿sería capaz de irse a echar plomo? Foto: Archivo Particular

Las negociaciones y la fecha para firmar un acuerdo de paz entre el Gobierno Nacional y las FARC han polarizado aún más a un país ya dividido desde los comienzos de la República y acostumbrado a arreglar todo de manera violenta.

“Hay que matar a esos terroristas bandidos”, “La muerte es lo único que se merecen esas ratas, víboras”, dice la mitad de la opinión pública. No creen en el proceso, desconfían del Gobierno, de las FARC y de lo que se está negociando azuzados por las mentiras y medias verdades de los opositores a las negociaciones.

La única salida posible para ellos es seguir la guerra hasta exterminar al último de los guerrilleros. Mientras que de comunistas, guerrilleros, aliados del terrorismo, corruptos, ingenuos, ignorantes, untados de mermelada, tildan a los que apoyan el proceso de paz.

Y una de las causas es que esta guerra, muy nuestra, bárbara y larga, es ajena y lejana para la mayoría de la Colombia urbana. Sucede en los campos y en la selva con decenas de muertes y los que se mueren son campesinos y guerrilleros anónimos y pobres, y soldados no anónimos pero sí pobres.

Porque es que es muy fácil pedir guerra desde el sillón de la casa viendo las noticias por televisión. Es cómodo pedir matar a otro cuando no lo tiene que hacer uno mismo y cargar con ese muerto en la conciencia (así ese muerto sea guerrillero, narcotraficante, etc.). Es muy fácil pedirle a otro que se vaya al monte, a sufrir día y noche las inclemencias de la selva, mientras se duerme cómodo en una buena cama. Es muy fácil pedirle a otro que se exponga a las minas antipersonales, a una herida, a la mutilación, a la invalidez o a la muerte. Es muy fácil pedir guerra cuando no se sufren las consecuencias de los bombardeos o de los combates cerca a sus casas, como sucede con los campesinos en el campo. Es muy fácil pedir guerra cuando no se está en medio de un combate sin más defensa que un hueco o una piedra para esconderse.

Porque es muy fácil pedir guerra cuando son los del estrato uno y dos los que se mueren. El 90 % de los integrantes de las Fuerzas Armadas y el 97 por ciento de los guerrilleros pertenecen a estos sectores sociales. La gran mayoría de ellos no tienen otra forma de ganarse la vida, o mejor, la muerte.

Sería bueno saber ¿Cuántos de los políticos y gente del común que piden más guerra para acabar con la guerrilla están dispuestos a irse al monte y hacerlo?, ¿Cuántos de esos mismos están dispuestos a enviar a sus hijos, hermanos o un familiar cercano a la guerra?, ¿Cuántos de ellos han vivido en carne propia los miedos de un combate?, ¿Cuántos han olido la sangre y la carne chamuscada de los muertos de la guerra?

Si es por las encuestas, se podría decir que unos 20 millones de colombianos estarían dispuestos a irse al monte a ‘echar plomo’ y por fin exterminar a los malos.

El común denominador es que esta guerra, muy nuestra, no es nuestra porque muy pocos en las ciudades la han vivido en su intensidad, dolor y miseria, porque si la hubieran vivido un minuto de sus vidas, la gran mayoría de ellos no la estuvieran pidiendo tan ávidamente.

*Periodista y especialista en resolución de conflictos.

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