Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1992/04/06 00:00

Película de conspiradores

A lo mejor, detrás de la película que denuncia la gran conspiración, lo que hay es una conspiración todavía más espantosa.

Película de conspiradores

DE LOS MAGNICIDIOS NUNCA SE SABE nada en fin de cuentas. En Colombia, donde hemos tenido tantos, no sabemos nada de ninguno: ni quién mató a Luis Carlos Galán. ni por qué, ni quién mató al mariscal Sucre, ni por qué. Pero así es en el mundo entero, en la historia entera. Nadie sabe exactamente por qué fue asesinado Julio César, pese a que, milenio y medio más tarde, Shakespeare hizo especulaciones famosas al respecto. Lo mismo acaba de hacer el cineasta Oliver Stone con el magnicidio de Dallas: el asesinato de John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos. Y, como si de Shakespeare se tratara, su película "J.F.K." está causando conmoción en el mundo entero.
Tan grande es la conmoción, que hasta la propia CIA, la Agencia Central de Inteligencia a la que Stone acusa de haber participado en la conspiración para matar al presidente, se ha visto obligada a abrir sus archivos a los investigadores. O por lo menos parte de sus archivos. A refutar a Stone, o a acusarlo de loco o de traidor, han salido los más grandes diarios y revistas de los Estados Unidos, y hasta el mismísimo presidente George Bush tuvo que intervenir para declarar que él, cuando fue director de la CIA, "no vio ninguna prueba" que le hiciera dudar de la versión oficial del asesinato dada por la comisión Warren, encargada de investigarlo. El ex presidente Gerald Ford, miembro de la Comisión, tuvo también que contradecir a Stone. Es raro que una película provoque semejantes reacciones.
En apariencia, lo llamativo de la película es que demuestra que las conclusiones oficiales de la Comisión Warren son una sarta de incoherencias y falsedades, y que a Kennedy no lo mató un asesino solitario que a su vez fue muerto en presencia de las cámaras de televisión y ante 70 policías por otro asesino solitario que a su vez murió fulminantemente de cáncer. Pero bueno: las conclusiones de la Comisión, como suele ocurrir en esos casos, no las creyó nunca nadie. Stone demuestra además, muy convincentemente, que la CIA miente, que el FBI miente, que la mafia miente, que el Ejército norteamericano miente, y que el gobierno de los Estados Unidos, empezando por sus sucesivos presidentes, miente también. Sí, pero eso también ha sido siempre cosa sabida, y de todas maneras no pasa de ser una banalidad. Mienten, como mienten todas las organizaciones de espionaje y todos los gobiernos. Puede decirse incluso que en el caso de los Estados Unidos las mentiras son menos novedad que en cualquier otro; por lo menos desde los tiempos del Watergate han sido utilizadas para mostrar que se descubren, y que en consecuencia son menos malas que las mentiras de otros.
Y eso es lo verdaderamente interesante de la película de Oliver Stone. Que, por primera vez, revela esas mentiras no a quienes las han dado siempre por naturales -los historiadores, los periodistas, los políticos- sino ante el gran público. El inmenso público que acude a ver una superproducción de Hollywood y a creer lo que le dice, con la misma certidumbre con que aprendió a creer, gracias a Hollywood, que los enanitos de Blanca Nieves eran siete. En las primeras semanas de exhibición de la película en los Estados Unidos -y en todo el poderoso circuito de distribución de las películas de Hollywood en el mundo- mil veces más personas que las que lo sospechaban antes se han enterado de que los gobiernos de los Estados Unidos mienten.
Lo curioso es eso: que la película se haya hecho (costó 40 millones de dólares); que en ella hayan participado los primeros actores de Hollywood, de Jack Lemmon a Sissy Spacek, incluyendo a esa encarnación del norteamericano medio y en consecuencia bueno que es Kevin Costner, el principal protagonista: el que denuncia la gran conspiración de la CIA, la mafia, los militares y el gobierno; y que todo el aparato distribuidor de la industria norteamericana del cine se haya puesto a su servicio.
Eso es rarísimo.
A lo mejor, si alguien se pone a investigar, descubre que detrás de la película que denuncia la gran conspiración que hay detrás del asesinato de Kennedy lo que hay es una conspiración todavía más espantosa. Porque si no, no es posible.-

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