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Opinión

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Una de las pocas reglas matemáticas que recuerdo haber aprendido en el colegio es que al multiplicar dos números positivos, el resultado siempre es positivo. Para poderse aprender esa regla de memoria, en el colegio siempre se decía: más por más, siempre da más. Y, como toda regla matemática, siempre se cumple en el campo de los números. 

Pero en el campo de las relaciones humanas las reglas matemáticas por lo general no aplican. Todos los intentos que se han hecho por someter a los seres humanos a normas y reglas rígidas y estáticas han fracasado porque en todo lo humano el cambio es una constante. 

Una de las mediciones más importantes que hay hoy en el mundo para saber cuáles son las empresas en las que mejor se trabaja la hace una compañía conocida como “The best place to work” (el mejor lugar para trabajar). Los resultados de estas investigaciones se publican anualmente en la revista Fortune, una de las más importantes del mundo. Por ende es probable que muchas de las grandes multinacionales estén constantemente apuntándole a cumplir con los requisitos para entrar en esa selecta lista: tanto por el prestigio que les puede dar en el mundo empresarial, como por lo atractivas que pueden volverse para que más personas quieran trabajar en ellas. 

Hace poco conocí a una persona que trabaja en una multinacional que está muy bien “ranqueada” dentro de esa lista. “Para cualquier persona sería el lugar ideal para trabajar porque tenemos todo y siempre nos dan más. Mirando en retrospectiva, me doy cuenta que yo me dejé deslumbrar por el salario, las instalaciones, por una supuesta flexibilidad horaria, porque tenemos gimnasio, Pilates, máquina de comidas con cosas que no se consiguen en los supermercados nacionales. En fin: todo…y más. Pero ahora me doy cuenta que el hecho de que todo esté ahí generó en mí que me alejara del resto del mundo, que me olvidara de mi familia, porque en mi trabajo estaba todo. Ahora me doy cuenta que me equivoqué, pero no sé cómo resarcir esta equivocación”.

Aunque inicialmente tener todas esas cosas en el trabajo parecía ser lo más maravilloso, con el paso del tiempo esta persona empezó a darse cuenta que en realidad era todo lo contrario. “Ya no tenía necesidad de salir a nada porque todo estaba ahí. Además, me sentía culpable con la compañía que me estaba dando todo: ¿cómo iba a salir más temprano, a irme para mi casa a trabajar, a pedir vacaciones, si estaba trabajando en el mejor lugar del mundo?”. Y fue así como a lo largo de los años empezó a desilusionarse de su trabajo, de la compañía, de los lujos y beneficios que tenía, porque aunque eran ‘reales’, todo eso lo había llevado a descuidar su vida como persona, como miembro de familia, como pareja. 

Más por más puede dar menos. Sobre todo cuando el ‘más’ tiene que ver únicamente con cosas materiales, con satisfacer los placeres de los sentidos, con trabajar en “el mejor lugar del mundo” ocupando uno de los cargos más importantes con un salario estrafalario. Sin duda las condiciones laborales, las instalaciones, la remuneración, el ambiente, las comodidades, la flexibilidad del horario, etc., son condiciones que ayudan a sentirse más a gusto en un lugar de trabajo. 

Pero si los empleados empiezan a sentirse amarrados a su lugar de trabajo por todas las comodidades –y en ocasiones lujos- que da una compañía, y además terminan por dejar de lado su vida personal, sus relaciones, su autonomía para tomar decisiones, etc., eso que tanto les da la compañía termina encerrándolos únicamente en lo laboral y sacrificando todas las demás dimensiones de su vida. 

Tener un gimnasio y un salón de Pilates en la oficina puede ser práctico si se usa de vez en cuando. Pero si la persona ya no sale temprano de la oficina para encontrarse con su pareja y hacer deporte juntos porque el gimnasio está en la oficina, o porque la clase de Pilates es más cómodo tomarla a las 6 a.m. en la oficina que con las amigas en el sitio de siempre para después ir a desayunar, los lujos y comodidades que da la empresa pasan de ser lujos, a ser una cadena de la que es cada vez más difícil zafarse. 

“No todo lo que brilla es oro”, dice un conocido refrán. Pero es muy fácil dejarse deslumbrar por lo aparente. Lo esencial es, en el fondo, mantener un equilibrio entre las exigencias y atractivos del trabajo y las exigencias que hay que atender para poder mantener una relación de pareja afectiva y cercana, unas amistades valiosas, tiempo suficiente para compartir y educar a los hijos, para estar con los padres y cultivar las relaciones familiares, etc. Unos y otros, los jefes por un lado, y los familiares y amigos por el otro, buscarán atraer la mayor atención y el máximo de tiempo de una persona. Pero la responsabilidad de las decisiones, de mantener su autonomía y su libertad para la distribución de su tiempo será siempre de cada individuo. De él dependerá dejarse o no dejarse atrapar por los espejismos del mundo moderno.

*Psicóloga-Psicoterapeuta Estratégica
ximena@breveterapia.com
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