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Opinión

  • | 2010/03/13 00:00

    ¿Peor es posible?

    Lo que nos debería indignar es que mientras Uribe y los partidos salen a rechazar la intromisión de Chávez, ninguno lo ha hecho con la de la mafia paramilitar.

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Dos caguaneros, Juan Manuel Santos y Angelino Garzón -de angel, el ex ministro tiene más bien poco-, se convierten en la dupleta más cotizada para reelegir la seguridad democrática; Julio Londoño, un funcionario que ha sido embajador en casi todos los gobiernos desde hace 15 años, experto en mojones, de buenas a primeras resultó apolítico y le aceptó la Vicepresidencia a Sergio Farjardo. Gustavo Petro, candidato por el Polo, fue del timbo al tambo para escoger a su 'vice'. Comenzó con Gina Parody, una mujer de centro derecha y terminó con una mujer contestataria, antiestablecimiento y de izquierda. Rafael Pardo, en la oposición, terminó escogiendo a Aníbal Gaviria, el más uribista de todos los precandidatos. Ante la incoherencia con que la política está trazando sus desafíos por estos días puede ocurrir el milagro de que Noemí termine nombrando al ex presidente Ernesto Samper como su formula vicepresidencial.

Pero ahí no paran las incoherencias en esta campaña de por sí atípica y delirante. Días antes de las elecciones, el procurador, Alejandro Ordóñez, ordenó investigar por participación en política a los gobernadores del Valle y de Santander, Juan Carlos Abadía y Horacio Serpa, respectivamente -presuntamente los dos habrían favorecido al candidato de sus afectos-; por esos días el presidente Uribe, sin necesidad de hacer el guiño, salió a participar en política y se comportó como todo un domador de circo, pero el Procurador se hizo el de la vista gorda y evitó meter en cintura al presidente Uribe, sin duda el funcionario que más ha participado en política en esta bizarra campaña. Y mientras todas las veedurías electorales comenzando por el portal de Votebien.com y la corporación Arco Iris, han salido a alertar a la opinión pública sobre el peligro de que en estas elecciones se vuelva a reeditar un nuevo capítulo de la para-política, el Presidente anda indignado pero por otra injerencia, sin duda mucho menos oprobiosa que la de la para-política, así nos quieran convencer de lo contrario. Dice el Presidente que según informaciones obtenidas por el DAS -¿acaso el DAS no se había acabado y lo había absorbido la Policía-, un país extranjero podría estar interviniendo en las elecciones, financiando la campaña de al menos dos aspirantes al Congreso. ¡Horror!, exclaman todos los furibistas, mientras que Uribito insinúa en el programa de Caracol Televisión, El radar, que una de ellas es Piedad Córdoba.

Y sí: si eso es cierto, estamos ante un acto de injerencia inaceptable que hay que repudiar. Y sí, si es cierto que es Piedad Córdoba, ella también nos debe una explicación. Pero en todo caso, se trata, repito, de un acto de injerencia infinitamente menor que el que se está fraguando desde la mafia paramilitar, la cual está presente en estos comicios legislativos no sólo en cuerpo ajeno -hablo de los herederos de los para-políticos que están en la cárcel que se han logrado colar en las listas de casi todos los partidos con excepción del Polo-, sino por las caras nuevas que van a entrar en representación de una remozada generación de mafiosos que aún nadie conoce.

El uribismo nos quiere convencer de que la gran amenaza que se cierne sobre estas elecciones se llama Chávez, pero en realidad hay más elementos probatorios que nos llevan a concluir que la amenaza más latente y más grave para nuestra democracia proviene de estas poderosas mafias, las cuales han ido recomponiendo las elites políticas de este país, desplazando a los tradicionales caciques, demostrando que en contravía de lo que nos ha prometido Germán Vargas en su campaña, "peor también es posible".

Y lo que nos debería indignar a los colombianos es que mientras todos los partidos salen a repudiar la posible intromisión de Chávez, ninguno ha rechazado la injerencia de esta poderosa mafia en la política colombiana. Ni el Partido Liberal, ni Cambio Radical, ni la coalición uribista que concentra al mayor número de políticos vinculados a la mafia del paramilitarismo han salido a dar sus explicaciones de por qué tienen en sus listas a familiares de los políticos que han sido condenados por paramilitarismo. Ni tampoco el presidente Uribe nos ha explicado por qué permite la creación de un partido desde la cárcel y lo registra como integrante de la coalición uribista, sin siquiera sonrojarse.

…Y después esos mismos políticos que han permitido todos esos desafueros, se duelen de que la gente que no tiene primos, ni hermanos vinculados a los paracos, que no entiende por qué hay que recurrir al voltearepismo para mantenerse vigente, y que no tiene más que sus ideas como banderas, no se meta a la política.
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