Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/08/26 00:00

Perfume de equidad

Jorge Giraldo rescata tres experiencias en Antioquia que dan lugar al optimismo sobre un creciente interés en promover la equidad.

Perfume de equidad

La locura no fue un obstáculo para que Don Epifanio Mejía pusiera a girar todos los versos del canto del antioqueño alrededor de la palabra libertad. Le gustaba, como a todos los modernos e ilustrados nos gusta, la palabra libertad. La música de don Gonzalo Vidal para lo que sería el Himno antioqueño deja que retumbe, de modo que hasta al más sordo o esquivo al español le quede clara. Así que con todos nuestros defectos, a los antioqueños nada nos sienta mejor que el apelativo de libertarios y sus afines. Hasta los más godos aprecian la libertad, así sea sólo la suya y no la de los demás.

Andando en esas, por estas tierras los otros valores modernos se escurrieron y entre ellos uno del que hoy se habla en todo lugar debido a su ausencia: la equidad. Hemos construido, tanto y más que el promedio de los colombianos, una sociedad inequitativa que se concentró en Medellín y, una vez allí, se pensó para el itinerante barrio rico que una vez era Prado, después Laureles, hoy El Poblado, mañana Llanogrande. Por eso, nos cabe la descripción de Eduardo Escobar: somos un pueblo altivo y hambriento.

Pero ahora hay perfume de equidad. Tres muestras para contarle al resto del país.

La Alianza de Antioquia por la Equidad, impulsada por el Gobernador de Antioquia y acogida por sectores muy importantes del departamento, que ha asumido con coraje el resultado de 100 años de desarrollo centralista y utilitarista que ha dejado regiones enteras desoladas, millones de pobres y varios miles muriéndose de hambre. Por supuesto, resulta alentador ver a varios de los más importantes empresarios antioqueños poniéndole el pecho al problema y moldeando un compromiso para que dentro de 10 años podamos mirarnos  más tranquilos en el espejo.  

No faltan los escépticos y tampoco les falta razón, pero el futuro no les pertenece. El futuro lo hacen los que diseñan proyectos, tienen sueños y empujan, por delirante que parezca, la empresa. Por lo pronto, la Alianza por la Equidad anda bien y cabe esperar que la perseverancia y el empeño paisas contribuyan a un propósito más grande que el ferrocarril, el metro o el Atpdea. 

El Alcalde no se queda atrás. La idea de ubicar el desarrollo humano como propósito de su Administración, el llamado de atención sobre la profunda brecha que separa a más de medio Medellín que vive en las pobres comunas de los cuatro puntos cardinales que nos identifican, demuestra su preocupación por las condiciones de vida de sus conciudadanos. Medellín está comprometida con la Alianza por la Equidad, sabe que sin un entorno de bienestar en el resto de Antioquia la ciudad siempre estará en cuidados intensivos, pero también es consciente de que ninguna región antioqueña tiene más pobres que la capital. Su propio proyecto para mejorar el equipamiento social, superar el terrible rezago educativo que tenemos, atender con dignidad a la gente bajo línea de miseria y acoger a los que vienen de la guerra, es digno de elogio.

Incluso los filósofos, que cumplen 30 años de vida académica alrededor del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia, dan reposo a sus trabajos sobre lo bello, lo verdadero y lo que es, para pensar en lo justo. Septiembre será el escenario del evento académico más importante del 2005 en Colombia. Un simposio internacional sobre justicia global, pobreza mundial y política trasnacional que tendrá varios de los más destacados pensadores internacionales sobre el tema, entre ellos el profesor estadounidense Thomas Pogge, y algunas de nuestras eminencias nacionales como Rodolfo Arango y María Teresa Uribe.

Hubo un tiempo -pasa todavía- en que nuestros estudiosos se iban a estudiar derechos humanos a España, guerras a Suecia y pobreza a Alemania. Un amigo, de otras disciplinas, me contó que para estudiar biología tropical viajaban a Canadá y a Inglaterra. Pobres colombianos que no nos miramos a nosotros mismos. Esta es una tierra propicia para producir los mejores expertos del mundo en seguridad, equidad y justicia social, entre otras especies. También para poner a marchar los proyectos más creativos de pacificación y lucha contra la pobreza. Tiene que ser así. 

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