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Opinión

  • | 2017/06/08 07:41

    Recorrido cinematográfico de un periodista extraordinario

    Fernando Villavicencio, ecuatoriano, ha marcado la pauta denunciando la corrupción de Odebrecht en su país, así como los negociados petroleros más escabrosos. Se escondió en la selva y hoy pide asilo en Perú.

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Quiero compartir esta charla que sostuve en Lima con el periodista ecuatoriano Fernando Villavicencio, uno de los grandes del periodismo investigativo de América Latina. Se encuentra esperando que el presidente peruano, Pedro Pablo Kuczinsky, le conceda asilo político. Durante 10 años ha puesto al descubierto la más desvergonzada corrupción que ha visto el Ecuador, cometida a la sombra de una falsa “revolución ciudadana”. Ha desnudado, íntegros, los negocios de Odebrechet en su país, así como una monumental corrupción petrolera, dirigida por Rafael Correa, cuya policía política lo busca para matarlo. Tuvo que esconderse en las entrañas de la selva amazónica, bajo la protección del pueblo indígena Sarayaku, pues el gobierno de su país se burló de las medidas cautelares que dictó en favor de Villavicencio la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, a la que Correa llama, con odio y desprecio, “comisaría de quinta”.

¿Qué éxitos destacarías de tu trabajo?  
Están presos dos ex gerentes de Petroecuador e imputado el principal ministro y amigo personal de Rafael Correa, Carlos Pareja Yannuzzelli, que se encuentra prófugo en Estados Unidos. En el caso de Odebrechet, destaco el allanamiento al domicilio del Contralor, Carlos Pólit, quien viajó horas antes a Estados Unidos. También, la detención de Ricardo Rivera, tío del vicepresidente Jorge Glas, acusado de recibir millonarias sumas de dinero de la constructora brasileña. Rivera fue beneficiario de millonarias transferencias en cuentas offshore sobre las que alerté en un reportaje publicado en el portal PlanV, en enero de 2015, que Correa calificó como injurioso y me amenazó con acciones penales. Dos años después se prueba que yo tenía la razón.

¿Cuáles son los libros que has publicado?
Son once, desde 1996, de los cuales cinco están relacionados con casos de corrupción durante el gobierno de Rafael Correa: “Ecuador made in China”, “Los secretos del feriado bancario”, “El Egonomista”, “La derrota del jabalí” y “El feriado petrolero”, este último publicado en el exilio.

¿Cómo ha sido la persecución en tu contra?
Desde hace casi una década he sido víctima de constante persecución política, policial, judicial y mediática por mi trabajo de investigación periodística y mi actitud vigilante sobre el gobierno de Rafael Correa. Aunque desde hace cinco años el acoso ha adquirido matices peligrosos, jamás vistos en Ecuador, a través del uso abusivo de la justicia como instrumento para silenciarme. Correa me tendió una redada judicial para tratar de acorralarme con cuatro juicios, penales y civiles, y una demencial persecución policíaca. El objetivo es llevarme a la cárcel, condenarme a la indefensión económica y al escarnio público, no solo a mí, sino, de paso, a mi familia, a mis hijos pequeños. Pero yo tengo la mejor arma de todos los tiempos: la información, el mapa de los negociados. Y con esa arma les gané la batalla, los desnudé. Descubrí que el miedo es el peor aliado, hay que vencerlo.

El arma más poderosa de los corruptos y de los mafiosos en Colombia es el miedo que pueden inspirar, ¿en Ecuador es igual?
Sí, el hábitat de la corrupción es el silencio producido por el miedo. Ataqué ahí, contando la historia, armé el rompecabezas, desenredé la madeja. No me he dejado poner un dedo encima, busco mi libertad para investigar, para escribir. Esa fue mi victoria. Hoy, luego de 10 años de miedo y silencio, una gran mayoría de ecuatorianos empieza a encontrarle razón y sentido a decenas de textos que antes solo hallaban eco en círculos pequeños de lectores y críticos al gobierno. Para eso sirve el periodismo de investigación, es el arma más poderosa contra la corrupción.

¿Cómo ha sido la mecánica del linchamiento judicial en tu contra?
En 2012 Correa inició un juicio por supuestas injurias, el proceso acabó en 2014 con una sentencia de 18 meses de prisión, el pago 141 mil dólares de indemnización y en presentar disculpas públicas. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos –CIDH– emitió medidas cautelares en mi favor, las que fueron desobedecidas por el gobierno. La CIDH es una “comisaría de quinta”, dijo Correa.
 
¿En dónde estabas cuando salieron las cautelares de la CIDH?
A pocas horas de que la CIDH emitiera las cautelares, regresé de Estados Unidos a Ecuador, con la esperanza de que el gobierno reconocería ese pronunciamiento internacional. Al no ser así, me interné en la selva amazónica bajo protección del pueblo indígena Sarayaku. Varios intentos de apresarme utilizando helicópteros de la Policía y agentes infiltrados fueron derrotados por la movilización de los guerreros kichuas. En marzo de 2015 prescribió la condena y recuperé la libertad. Regresé y lancé el portal “Focus Ecuador” para continuar con mi trabajo periodístico. Sin embargo, Correa no quedó satisfecho, exigió al juez ordenar el pago de la indemnización y las disculpas públicas.

¿Pudiste pagarle de tu bolsillo los 141 mil dólares a Correa?
No. Pero ante la imposibilidad de pagar toda esa plata, que nunca he tenido en mi vida, Correa inició en 2016 un juicio de insolvencia en mi contra y la justicia corrió a satisfacerlo con una sentencia que me declaró insolvente e interdicto: un ciudadano sin derechos, un muerto en vida. El fallo judicial disponía el embargo de mis bienes, la prohibición de salir del país, la incautación de mis libros y demás comunicaciones. Luego de una colecta pública, como un mendigo, y de préstamos a familiares y amigos, logré cancelar la indemnización al señor Correa y así evité la incautación.

Fuiste tú quien destapó el mega-escándalo de Chevron en Ecuador 
El más reciente proceso penal en mi contra se originó en un reportaje, publicado en octubre de 2013, en la revista PlanV, bajo el título “El expediente Chevron“. Revelé un conflicto de intereses en la contratación de un estudio jurídico de EEUU para defensa de Ecuador frente a Chevron, en circunstancias que el mismo bufete había defendido a la multinacional hasta el 2009 en un caso en Birmania. Para Correa, la información publicada por mí era confidencial. Con ese argumento, Correa y Alexis Mera, su secretario jurídico, nos acusaron a mi fuente, el legislador Cléver Jiménez, y a mí de supuesto hackeo y pidieron el allanamiento de mi casa y de la oficina de Jiménez. En la violenta operación, ejecutada la noche de navidad de 2013, se llevaron centenares de documentos sobre corrupción gubernamental. Correa no pudo probar nada, por el contrario, confesaron que quien había hackeado los correos era la empresa Chevron. El caso estuvo suspendido por tres años, hasta que, en abril de 2016, luego de que yo revelara el escándalo de corrupción petrolera del gobierno, Correa, exigió a su tío el Fiscal General reactivar el caso. A semana seguida pidió prisión preventiva para mí, ya no de hackeo sino por difundir información confidencial.

El libro tuyo de mayor éxito es Ecuador Made in China, ¿de qué se trata? 
Revela la mayor trama de corrupción de Ecuador con China, en la cual el país pierde entre US$ 2 y US$ 4 por cada barril de petróleo que en lugar de ser llevado a refinerías de Petrochina, es revendido por intermediarios vinculados al gobierno. Ecuador tiene comprometido el 100 % de su saldo exportable de petróleo (350 mil barriles diarios) para el pago de deuda con China. Con el fin de impedir la circulación del libro, Jorge Glas (vicepresidente), a través de Petroecuador, impulsó una indagación previa por un supuesto delito de alteración de información. Las revelaciones de mi libro fueron confirmadas con la masiva filtración de información de Mossack Fonseca, realizada por el Consorcio Internacional de Periodistas ICIJ el año 2016. Lo que se conoce como Panamá Papers.

Hablas de dos Vladimiros Montesinos ecuatorianos encarnizados contra ti, ¿quiénes son?
Parte de la arquitectura inquisitorial en mi contra fueron dos personajes centrales del poder correísta: el socialcristiano Alexis Mera Giler, Secretario Jurídico de Rafael Correa –sin duda alguna el Vladimiro Montesinos de Correa- y el entonces fiscal Galo Chiriboga, pariente y abogado personal del presidente. Esas dos cabezas articularon la judicialización en mi contra, contando para ello con los jueces de la Corte Nacional, controlada por Correa y su partido Alianza País.

¿Publicaste desde la clandestinidad tu libro más reciente?
Sí, en marzo de 2017. Se llama El feriado petrolero. A partir de entonces, ya no solo son los juicios y los ataques mediáticos contra mí y mi familia. Ahora han pasado a un nivel más peligroso. Varias amenazas de muerte denunciadas por mi esposa ante la Fiscalía, demuestran que el trabajo periodístico puede costar hasta la vida. A partir de ello, puse los ojos y mi esperanza de mantener mi libertad en el Perú, donde espero que el gobierno me conceda asilo político para proteger mi vida, mi libertad y mi derecho a seguir haciendo lo único que sé hacer: periodismo de investigación, el mayor dolor de cabeza de las dictaduras.

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