Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2010/06/05 00:00

Pero sigo con Mockus

Espero que salga un milagro que cambie el curso de las elecciones: que tome fuerza la idea de hacer un debate con polígrafo.

Pero sigo con Mockus

Este año he tenido tres grandes decepciones: la primera fue cuando un científico europeo recreó la imagen de Cristo en tercera dimensión, y resultó muy parecido a Gustavo Angarita: ¿no es suficiente eso para convertirse al budismo, en caso de que Buda no fuera parecido a Maru Yamayusa, lo cual también es muy decepcionante, especialmente para ella? La otra fue cuando vi en televisión el Grey's Anatomy criollo. Yo esperaba que sucedieran casos realmente colombianos: que en un capítulo desintoxicaran a Pambelé; que en otros curaran la colitis del 'Pincher' Arias, le hicieran una operación maxilar a Angelino, corrigieran la vasectomía de Petro o le practicaran la eutanasia a José Galat. Pero en esta versión ni siquiera hay gente de raza negra. En el original había como tres. Confiado en que la serie venía, Óscar Borda ya se había endeudado; ya había comprado una nevera por cuotas. Pero prefirieron contratar a Rafael Novoa: ¿alguien, de verdad, se dejaría operar por Rafael Novoa? ¿No tendría más lógica que Novoa interpretara a Sergio Fajardo en un capítulo en que él ingrese al hospital con la cadera rota?

La tercera y más grande decepción fue lo que sucedió el 30 de mayo. Fue terrible. Si soporté semejante bajonazo anímico es porque ser hincha de Santa Fe ya me tiene acostumbrado a esos lunes de vacío y de derrota.

Aquella noche de las elecciones casi no salgo del asombro al ver al profesor en horario triple A gritando arengas como un evangelista en lugar de subirle la moral a la tropa con las palabras apropiadas. Está bien. Acepto que coreen consignas como locos; que Peñalosa se convierta repentinamente en un motivador empresarial; pero ¿no pueden, al menos, pedirle a Lucho Garzón que cierre la boca? ¿Qué le pasaba esa noche, que estaba con los ojos idos, con la boca abierta? ¿Necesitaba un Dimetap? ¿Estaba triste porque en una arenga decían que la conciencia no vale un guarito? ¿Qué tiene de malo un guarito? ¿No podían darle siquiera uno al pobre Lucho?

Seguro de preferir la locura de Mockus a la locura de Uribe, fui a donde el profesor para pedirle que espabile. Me niego a que creer que son más fuertes nuestras ansias de cambio que el candidato que las puede enarbolar.

Lo visité temprano en la mañana, en su casa de Quinta Paredes.

—Profesor -le dije-, ¡tiene que ser más concreto!

—Sí… A ver... …por ejemplo… la concreción… (cof, cof)… … en Alemania… yo….

—¡No! -lo interrumpí, y comencé a bruxar como nunca-: ¡A eso voy! Tiene que ser contundente, hacer alianzas, contratar a un J. J del bien, ¡algo!

—No… yo… rechazo…. tajantemente… esa… posición… A… mí… me… emociona… (snif)… Perdón… (snif)… … (snif)… (snif)… me emociona… el apoyo… legal… y… espontáneo… de la gente… es… algo… que….

Me fui antes de que acabara la frase porque tenía una cita por la noche. El profesor es un hombre extraño, lo reconozco. Una de sus hijas se llama Lama, para empezar. Y Lama no parece un nombre sino una orden del presidente al 'Pincher' Arias:

—Andrés Felipe, ¡lama!, ¡lama mi mano!

Claro que los uribistas dirían "¡lamba!", porque así son todos ellos. Conjugan los verbos como se les da la gana. Cometen errores. Armandito Benedetti el otro día escribió en Twitter "ilústrensen!". Y José David Name dijo que él iba a cuidar el medio hambiente. Les falta educación. Yo de ellos votaba por Mockus.

Pero por honda que sea mi decepción, sigo firme con el profesor. Es un hombre incapaz de asignar contratos a dedo. Y eso no se puede decir de ningún político colombiano; si acaso del doctor Vargas Lleras, pero es diferente.

Sigo firme con Mockus, digo, aunque no estoy de acuerdo en que se haya ofrecido a cuidar los tres huevitos de Uribe. Es mejor que no los toque. La verdad es que no es una malformación cualquiera. Exige comprar determinada talla de calzoncillos y otras atenciones íntimas que solo conoce Santos. Por eso son tan cercanos, y eso se notó en la reunión que tuvo el candidato de la U con el Presidente esta semana. Era casi un empalme. Uribe le mostraba a Juan Manuel cada salón:

—Acá, donde están estos discos de Yanni y estos libros de Goebbels, es la oficina de José Obdulio: es decir, acá lo dejás todo, acá no hay trasteo; allá donde hay unos señores con unos audífonos conectados a un teléfono, es el despacho de Bernardo Moreno; y este es el sótano, pero está reservado para la gente de Job.

Sigo firme, aunque no sea fácil ganar estas elecciones. En la campaña verde todo es ingenuidad. Mientras Juan Manuel confía en el voto amarrado, lo más parecido que hacen los verdes es confiar en Lucho Garzón, que vota y después sí se la amarra.

Sin embargo, por cada acto de cinismo Santos retiene algo de líquido en los párpados; y no pierdo la fe en que se siga inflamando hasta un estallido facial definitivo.

Cruzo los dedos para que suceda un milagro que cambie el curso de las elecciones; que el profesor salga con una genialidad; que tome fuerza la idea de hacer un debate con polígrafo. Y aunque no pase nada, sigo pensando que es más digno perder con Mockus que ganar con Santos. Lo único que sacaría adelante a este país son los postulados de los verdes: darles carácter sagrado a los dineros públicos; atacar la cultura del atajo; enseñar que no todo vale. Aunque hay que ver lo que está valiendo una nevera. Pobre Óscar Borda.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.