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Opinión

  • | 2017/01/23 14:30

    La resistencia a Trump

    Que no nos extrañen la poca asistencia de pueblo a la posesión de Trump, ni los disturbios y detenidos de ese día, ni mucho menos las gigantescas marchas de mujeres que recorrieron el país entero al día siguiente. Si llega al final de su período, Donald Trump le verá la cara, de frente y a diario, a la resistencia que genera.

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Trump arranca estos cuatro años con más percepción negativa que ningún otro presidente de Estados Unidos el día de su posesión: según encuestas, todavía no había firmado su primer decreto, ni había dado su primer discurso presidencial, y ya el 60% de sus compatriotas tenía una imagen desfavorable de él. Miles y miles de personas se han movilizado desde el día que ganó las elecciones para hacerle saber que no respaldan la política retrógrada, de exclusión y populista con que pretende gobernar a la nación. Pero para el showman todo eso poco importa; se mira al espejo, levanta la frente, calcula el negocio y se dice en voz alta: Aprendiz, el show va a comenzar.

Y comenzó, para incertidumbre de los Estados Unidos y del mundo entero. Aunque nadie duda de la legitimidad de la elección en la que los colegios electorales lo convirtieron en Presidente, Hillary ganó por más de 3 millones de votos la elección popular, y esto resiente en la gente. Las organizaciones sociales están alerta y en actitud de resistencia por el desmonte de políticas sociales como el Obamacare; por el temor a las deportaciones sin fórmula de juicio; por la manera como cada día crece el muro de la exclusión y del racismo en el espíritu de la nación.

Pero al parecer nada va a menguar las posturas nacionalistas y las decisiones radicales para hacer borrón y cuenta nueva de la vida de los estadounidenses. Como ejecutores de sus ideas, Trump dispuso de una serie de ignorantes como él en asuntos de gobierno, millonarios y negociantes, para participar como aprendices en el reality show del gabinete de gobierno del país más poderoso del mundo. Para manejar temas de Medio Ambiente, nombró a un tipo que niega el cambio climático; como Secretario de Estado, al presidente de una multinacional petrolera con negocios en Rusia, Siria y Sudán; para dirigir los asuntos de la Educación, puso a la dueña de un emporio del maquillaje, que descarta la teoría de la evolución, defiende el creacionismo y promueve el porte de armas dentro de las escuelas; en la CIA a un anti inmigrantes fuertemente criticado por sus comentarios racistas; y así.

A toda acción, una reacción, por eso no son de extrañar los llamados a la resistencia civil en los Estados Unidos. La única gran promesa de Trump que puede frenar el crecimiento de los movimientos en su contra es la reactivación del empleo. De su discurso de posesión se desprende que hará grandes inversiones en obras públicas, además de adoptar todas las medidas de protección a la industria nacional, y todo esto puede crear de arranque nuevos puestos de trabajo. Pero el costo del proteccionismo, tan efectivo en el discurso populista hacia adentro, resulta muy alto hacia afuera.

No sabe uno si llamarlo descortés, o despectivo, cuando culpa de los problemas de su país al mundo, por ser como sanguijuelas que les chupan la riqueza. “Hemos hecho ricos a otros países mientras que la riqueza, la fuerza y la confianza de nuestro país ha desaparecido en el horizonte”, dijo en su discurso ratificando el fin de la era de la globalización. Al país forjado por inmigrantes, el de la bandera imperialista, promotor de los TLC con el mundo, Trump le anunció que en adelante las fronteras son para que el país crezca para adentro.

Los analistas de la política y la economía por estos días se devanan los sesos tratando de entender lo que se viene con este cambio de paradigma. El eje neoliberal de los 80 con Reagan y Thatcher, es el mismo que hoy está a la vanguardia del cierre de puertas, del proteccionismo y el nacionalismo, de mirarse al ombligo.

Pobre México, primera gran víctima del huracán que desata el señor Naranja, un claro vecino hostil. Trump no solo quiere construir el muro, ya demostró que hará lo que pueda para quitarle las empresas y traérselas para ese lado de la frontera. Tampoco está contenta China, ni hace fiestas la Unión Europea, con el anuncio de que en adelante los estadunidenses comprarán y contratarán americano; la toma de posesión de Trump pone al mundo a atravesar por el complejo e incierto momento en el que, como decía Antonio Gramsci, lo nuevo aun no termina de nacer y lo viejo se niega a morir.

Comienza la época de empezar a extrañar a Obama, su política social, su diplomacia y hasta su familia, brillante y sobria, cuando las intrigas palaciegas y el nepotismo recorran el día a día de los 7 hijos, yernos, nueras, esposas y el grosero etcétera que va a habitar en la Casa Blanca. Y entre tanto, #Resistencia porque habrá que hacer lo que sea para evitar que este señor se reelija.

@anaruizpe

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