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Opinión

  • | 2011/10/01 00:00

    ¿Petro, alcalde de Bogotá?

    Hemos visto hasta ahora que la gente valora más la independencia que la técnica y que la indignación decide más que el cálculo.

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Se sacudió la campaña a la alcaldía de Bogotá. Mockus y Parody se alían para desplazar a Peñalosa del segundo lugar y ofrecerle una seria batalla a Petro. Peñalosa, por consejo de J.J. Rendón, pone por delante a Álvaro Uribe y al Partido de la U, como fórmula para detener la caída en las encuestas y buscar una reacción del electorado que lo lleve al triunfo en el envión final. No sería extraño que la campaña de Galán presentara novedades en los próximos días para contrarrestar estos movimientos y mantener la opción de llegar al Palacio Liévano.

No creo que sea fácil alcanzar a Petro. La historia de la ciudad favorece a este candidato, que al principio no pintaba como ganador. Otra vez Bogotá se manifiesta como una plaza de opinión en la cual tienen acogida liderazgos críticos, irreverentes o de izquierdas. Fue gaitanista en los lejanos años cuarenta, sirvió de plataforma de lanzamiento del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) en los sesenta, apoyó con entera generosidad a la Anapo a principios de los setenta y desde mediados de los años noventa ha elegido alcaldes independientes y de izquierda.

La indignación del momento también lo ayuda. Los grandes y graves escándalos de corrupción en Bogotá y en el país están despertando la ira de mucha gente. Petro es un canal de expresión de esa rabia. Lo es también de la agitación social que bulle en las barriadas pobres y del fastidio que produce una ciudad atascada por el desgreño, la indolencia y el robo en las obras para la movilidad. El ambiente es para liderazgos fuertes, desafiantes, que ofrecen cambios, no continuidades.

Peñalosa es, sin duda, el mejor administrador entre los candidatos y pensó que ese perfil, asociado al arrastre de Uribe en algunos sectores de la población y al aparato de La U, le daría la victoria. Al parecer se equivocó. Hemos visto hasta ahora que la gente valora más la independencia que la técnica y que la indignación decide más que el cálculo. Seguramente Uribe le ha aportado votantes en los sectores populares, pero le ha restado muchos en las capas medias y en los estratos altos de la población. Hacer aún más visible su relación con el uribismo quizás no es la solución para las dificultades que atraviesa la campaña del Partido Verde.

La asociación entre Gina Parody y Antanas Mockus es muy atractiva e introduce vibraciones inesperadas en la campaña en el mes que resta; ellos atraerán una legión de jóvenes a sus filas y disputarán palmo a palmo el voto de opinión, pero tienen el reto de saltar del tercer lugar al primero, y esto es muy difícil en tan corto tiempo. Lo mismo le ocurre a Carlos Fernando Galán, quien ha hecho una gran campaña siguiendo las huellas que dejó su padre en la capital y echándose al hombro la depuración y renovación del partido Cambio Radical.

Supongamos que la indignación prevalece y el espíritu irreverente y de izquierdas de la ciudad se mantiene. Supongamos también que las campañas negativas, que seguramente se agudizarán en los últimos días de la campaña, no le harán mella al candidato de los Progresistas. En ese caso, Gustavo Petro será el alcalde.

La ciudad tendrá entonces un mandatario inteligente, de verbo fácil, imaginativo, audaz, jugado contra la corrupción, comprometido con lo social, conocedor de los problemas de seguridad, pero incierto en su equipo y en la capacidad para administrar y ordenar una ciudad despelotada y maltrecha. En estos terrenos no podrá escapar de la crítica permanente y rigurosa de los jóvenes que a buena hora decidieron hacer su primera campaña a la Alcaldía y proyectar un nuevo liderazgo para la ciudad. Tampoco podrá evadir el escrutinio incisivo de Aurelio Suárez y de su partido, que cobrarán por ventanilla la devastación que les produjo con sus denuncias y su salida después de la campaña presidencial.

En el mes que resta, Petro tendrá que enviar señales inequívocas de que va escoger un equipo de gran responsabilidad fiscal, de innegables capacidades administrativas y de probadas honestidad y transparencia. Es la tranquilidad que la ciudad espera.
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