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Opinión

  • | 2014/05/31 00:00

    Petro no cambió

    Petro siempre ha sido así: un oportunista, egoísta y autoritario político que, sin embargo, posa de Robin Hood.

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Quien diga que el alcalde Gustavo Petro dio una tremenda e insospechada voltereta en las últimas semanas al aliarse de frente con Juan Manuel Santos es porque definitivamente no lo conoce. Este ‘demócrata’ que desafió al procurador Ordóñez y que permanece en su cargo de alcalde de Bogotá contra viento y marea, jamás ha cedido un milímetro en sus posiciones.

Su línea de conducta se ha mantenido inmodificable a lo largo del tiempo. Petro siempre ha sido así: un oportunista, egoísta y autoritario político que, sin embargo, posa de Robin Hood. Por eso mienten quienes dicen que el alcalde cambió al haberse unido a la campaña del presidente-candidato. Petro, insisto, siempre ha sido así. 

Oportunista, cómo no, y de memoria corta también. Basta recordar que en el 2007, durante el debate del paramilitarismo en Antioquia, le planteó un ‘acuerdo nacional’ a Mancuso a nombre del Polo Democrático, traicionando la posición que habían asumido en dicha colectividad política frente a los ‘paras’. 

El que ahora habla de los asesinos de derecha con tanta vehemencia desde su balcón del Palacio Liévano fue el mismo que en el 2007 quiso acordar ciertas condiciones con los exjefes paramilitares recluidos en Itagüí, propuesta que Álvaro Uribe rechazó pero que Mancuso y sus secuaces aceptaron, como recuerda el senador Jorge Robledo en un artículo escrito para el periódico La Tarde en el 2011.

El mismo Robledo cuenta que más tarde, en el 2008, Petro llegó a pensar en una alianza con César Gaviria y Germán Vargas de cara a las elecciones presidenciales del 2010, obviando cualquier consenso interno del Polo Democrático. 

Y claro, aunque ahora el actual alcalde critique el silencio de Clara López frente a la administración de Samuel Moreno, a la izquierda colombiana no se le olvida que el inmaculado Petro intentó aliarse años atrás con la ANAPO para tomarse el Polo Democrático y salió del partido tras sus sucesivos y fracasados intentos por ser nombrado presidente de esa agrupación que siempre quiso usar a su antojo.

Ahora Petro promueve ‘acuerdos programáticos’ con Santos por interpuesta persona de Guillermo Alfonso Jaramillo. Y sigue igualito: sin consultarles a los otros miembros del progresismo qué piensan de esa alianza y desconociendo la presencia de figuras relevantes en esa agrupación como Antonio Navarro y Angélica Lozano, que, se supone, son sus compañeros de causa. 

Petro hizo lo que le vino en gana y les dio su bendición a tres funcionarios clave del distrito que dejaron tirados sus puestos para apoyar al presidente en los barrios de Bogotá. 

Petro no le ha contado tampoco a la opinión que al mismo tiempo que calificaba en público a Rafael Pardo de impostor, hablaba con frecuencia en privado con él y designaba delegados suyos con el fin de encontrarse con santistas del primer círculo para ambientar su triunfal regreso a la alcaldía a cambio de su apoyo a la reelección.

Es una vergüenza que después de semejante oportunidad que la justicia colombiana le dio al restituirlo en el cargo de alcalde, lo primero que hiciera Petro no fuera dar muestras de su voluntad de sacar adelante la ciudad, sino correr a autoproclamarse como el primer candidato a la Presidencia en la etapa de posconflicto, si es que llega la paz.

No se equivoquen, apreciados lectores. Gustavo Petro jamás cambió. Su nueva alianza con Santos es natural de su esencia oportunista. El alcalde mayor de Bogotá sigue siendo el mismo al que todos le importamos un pito. Y, mientras tanto, la ciudad ahí.

En Twitter: @JoseMAcevedo
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