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Opinión

  • | 2013/12/07 00:00

    Petro: con cara pierde, con sello también

    Me aventuro con una ‘hipótesis informada’: la apelación de Petro no prosperará y sus leguleyadas serán su más grande error.

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Los que dicen que el peor detractor del alcalde de Bogotá se llama Gustavo Petro, tienen toda la razón. Él y sus asesores la han embarrado con estrategias jurídicas y mediáticas improvisadas que le saldrán muy mal. 

Frente a la Procuraduría y la posible destitución que se viene, Petro se ha victimizado más de la cuenta y en un intento desesperado por mostrar la ‘persecución’ de Alejandro Ordóñez, hace algunas semanas encendió la mecha de la indignación nacional diciendo que si lo tumban puede haber efectos políticos similares a los del 19 de abril de 1970. 

No contento con su incendiaria declaración, el alcalde dejó entrever que la Corte Constitucional también estaba metida en el ‘complot’ en su contra, cuando avaló el poder disciplinario del procurador frente a autoridades elegidas por voto popular, en la revisión de tutela que se hizo a propósito del caso de Piedad Córdoba.

Sin embargo, su mayor impericia está en el manejo que sus abogados le han dado al asunto de la revocatoria en la Registraduría Nacional. Si el alcalde hubiera renunciado a los recursos, como lo dijo en un trino del que después se arrepintió, se habría convocado a elecciones un domingo cualquiera de agosto o septiembre, haciéndose muy difícil sobrepasar el exigente umbral que está fijado por ley. 

Pero no. Los progresistas interpusieron una tutela ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, agotaron el recurso de reposición ante la Registraduría Distrital y luego siguieron con el de apelación ante el registrador nacional.

El organismo electoral ha sido en extremo garantista. Permitió la presencia de grafólogos, acató lo ordenado por el Tribunal y se ha tomado el tiempo necesario para evaluar el último pataleo que le queda a Petro. La opinión pública sabrá si hay elecciones para revocar al alcalde o no, antes de que termine este año.

Me aventuro con una ‘hipótesis informada’: la apelación de Petro no prosperará y sus leguleyadas serán su más grande error pues el registrador Carlos Ariel Sánchez no tiene opción distinta que convocar el mismo día de las elecciones de congreso, es decir, el 9 de marzo, la revocatoria de Gustavo Petro.

Si mi ‘hipótesis informada’ se cumpliera, el alcalde lleva todas las de perder. Ese día seguramente se alcanzará el umbral y con casi toda probabilidad el ‘Sí’ a la revocatoria se convertirá en mayoría. 
Según he averiguado, no existe prohibición legal alguna para hacer concordar esos eventos electorales y, por el contrario, está el argumento de que el Estado se ahorraría mucho si logra que coincidan revocatoria y elecciones parlamentarias. 

Fijar otra fecha parece técnicamente imposible.    
La pregunta que queda es si el procurador Ordóñez esperará a que el pueblo se pronuncie en las urnas o si el contundente escrito que dicen se encuentra en su despacho -preparado por un joven abogado santandereano-, se revelará antes de marzo e incluirá destitución.

Aunque en política nada está escrito y es posible que Petro logre superar la fatal ‘coincidencia electoral’ que él mismo provocó, sería preferible que la decisión de si el alcalde debe irse o no, se sometiera directamente al escrutinio popular en marzo.   

Petro, como están las cosas, se encuentra en riesgo de perder con cara o con sello. Todavía me queda la duda de si se moverá primero el procurador o el registrador.

En Twitter: @JoseMAcevedo
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