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Opinión

  • | 2012/08/01 00:00

    Pico y placa, un mes después

    El experimento del alcalde Gustavo Petro ha dado buenos resultados, pero se puede mejorar.

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Luego de un mes de vigencia del nuevo pico y placa en la ciudad de Bogotá, es bueno hacer algunas consideraciones al respecto; partiendo de la base de que hasta ahora el experimento de la administración del alcalde, Gustavo Petro, ha dado buenos resultados, pero se puede mejorar.
 
En los primeros días en que se empezó a aplicar la medida fue evidente la descongestión de las calles de la ciudad, sobre todo en las horas pico. Mejor aún: en las llamadas horas valle el tráfico vehicular fue también muy fluido en distintas zonas de la ciudad. Cuando comenté en mi cuenta en Twitter (@vladdo) los resultados de la medida, la mayoría de quienes respondieron coincidían en mi apreciación. No obstante, hubo algunos que decían que la inmovilidad no había mejorado y que todo seguía igual.
 
Otros más osados –o más descuidados– aceptaban a regañadientes que el nuevo horario de restricción, en efecto, estaba funcionando, pero que se debía al hecho de que los colegios y las universidades estaban en vacaciones. Sin embargo, a esos les tuve que hacer caer en cuenta de que la semana inmediatamente anterior, con el antiguo pico y placa y con los mismos estudiantes en vacaciones, el caos del tránsito en Bogotá era insoportable.
 
Posteriormente, con el regreso de muchos vehículos, tras el final de las vacaciones, la movilidad no ha sido tan fluida como hace dos semanas, pero tampoco tan caótica como lo era hasta el mes de junio. Si bien es cierto que el Alcalde Mayor ha dado bandazos en muchos aspectos, en este caso concreto hay que abonarle que está acertando.
 
La medida ha dado tan buenos resultados que críticos tan agudos de Petro como el exsecretario de Gobierno Héctor Riveros, furibundo peñalosista, la calificó como positiva el martes pasado, en Hora 20. Lo propio hizo en el mismo programa el columnista de El Espectador Ramiro Bejarano, quien no es propiamente un amigo del alcalde, y quien reconoce que ahora llega en forma más puntual a la universidad a dictar clase.
 
En resumen, y para usar un término tan de moda últimamente, en medio de tantas percepciones negativas, es rescatable la percepción que hay en Bogotá de que el pico y placa está funcionado.
 
***
 
No se necesita ser un experto para entender que si se retira de las calles la mitad de los vehículos particulares la congestión vial será menor. Eso ni se discute; la medida tiene lógica. Yo, en principio y por muchas razones, no estoy de acuerdo con la restricción vehicular, pero también sé que es una cuestión inevitable, y que no es una medida original ni exclusiva de la capital colombiana, sino que también se aplica en otras grandes urbes del país y del continente. Sin embargo, ya entrados en gastos, me parece que la nueva restricción debería ser completa, de todo el día.
 
Es claro que el propósito del pico y placa es facilitar el desplazamiento de las personas en las horas de mayor congestión; es decir, cuando se mueven entre sus lugares de trabajo o estudio, y viceversa. Y a esas horas el nuevo esquema ha facilitado estas rutinas. No obstante, en las horas valle, sin pico y placa y por razones obvias, el tráfico se vuelve pesado y las calles insoportables.
 
Muchos de los que se quejan de que ahora los trancones se trasladaron de las horas pico a las horas valle pasan por alto el hecho de que son ellos mismos los que arman la congestión, cuando aprovechan para sacar sus carros entre las 8:30 a.m. y las 3:00 p.m.


Si quienes tienen pico y placa, decidieran dejar el carro en la casa todo el día, con absoluta seguridad la movilidad sería mejor, pero si resuelven invadir las calles con sus vehículos, no deberían salir a quejarse luego de lo difícil y demorado que es ir de un lado a otro de la ciudad.
 
Hay otros, más descarados aún, que compran dos carros para mamarle gallo al pico y placa y, aún así, tienen el cinismo de salir a quejarse de que con ese tráfico Bogotá es invivible.
 
***
 
Ahora bien, es loable el esfuerzo que está haciendo la Administración por descongestionar la ciudad, pero esta es una iniciativa que se puede y se debe complementar con otras acciones que pueden agilizar aún más el tránsito en Bogotá.

En primer lugar, se debería mantener la restricción para los vehículos de transporte público que la Alcaldía levantó y que además de congestionar las vías tienen un impacto negativo en el ruido y en el aire que respiramos los bogotanos.
 
Por otra parte, es urgente que el anunciado plan de reparcheo de la ciudad se haga de inmediato, empezando por las vías arterias de alto tráfico vehicular. El arreglo de las calles no solo facilita y mejora la movilidad, sino que es un aporte estético a la cara de la ciudad, que de paso fortalece el sentido de pertenencia de quienes la habitan. Las vías en mal estado dan una imagen de dejadez, de abandono, que causan un impacto negativo entre los habitantes y visitantes de cualquier urbe. Y la capital del país no debe dar ese mal ejemplo.
 
Por último, asfaltar las calles no basta: también es indispensable señalizarlas, pintar las líneas de separación de los carriles. Por citar un ejemplo, hace años, un buen tramo de la calle 127, al occidente de la Autopista Norte (dizque autopista eso) fue repavimentada, pero las líneas de demarcación nunca aparecieron. Hoy, nuevamente llena de huecos, toca volverla a asfaltar y es de esperar que esta vez sí la señalicen adecuadamente. No es cuestión de estética, sino también de seguridad.

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