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Opinión

  • | 2015/02/06 10:00

    Pinta de amarrillo tu poli

    Muchísimos cuerpos de la Policía asocian la violencia a ciertos rasgos irreverentes que expresan algunos jóvenes que crecen en la urbe.

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Patricia se dirigió hacia la ventana del piso en el que residía y se lanzó al vacío. El áspero concreto de la calle recibió lo que restaba de su humanidad. Murió al instante. “A la mierda el pensamiento inducido, la reeducación y la ciega huella de uno mismo”, escribiría antes de abandonar este mundo.

Patricia Heras. Poeta misteriosa. Transfeminista. Una chica que pone fin a su vida. Una mujer desbordada por una cuestión que comenzó en la calle, continuó en un hospital, siguió en una comisaría, llegó hasta los banquillos de un tribunal y finalizó en una cárcel. Una historia rocambolesca.

Muchísimos cuerpos de policía asocian la violencia a ciertos rasgos irreverentes que expresan algunos jóvenes que crecen en la urbe. Estos chicos y chicas son las “nuevas ciudadanías”. La estética, la música y la manera como se juntan, piensan y actúan los hace diferentes. Hay algunos polis que no entienden esto. Un cerebro adocenado y una retina daltónica que sólo ve la realidad a dos colores los simplifica: sujetos peligrosos.       

Hay policías que consideran un potencial “enemigo público” a un chico que lleva una robusta cadena a guisa de cinturón y los brazos colmados de tatuajes. Hay integrantes de empresas de seguridad privada, apostados en la entrada de un centro comercial, que vigilan con énfasis a una chica de cabeza rapada y cargada de piercings que ha ingresado a una tienda.

En ciertos segmentos públicos y privados encargados de la seguridad ciudadana se va creando una serie de prejuicios o estereotipos que están muy lejos de los valores que, en su vida cotidiana, observan estas “nuevas ciudadanías”. En general son jóvenes que guardan unas  reglas ajenas a la violencia y se distancian de los actos que causan daño a las personas, los animales, las plantas y los objetos. Conozco grupos que van con música pesada pero rechazan el consumo de alcohol, por ejemplo.

Los más escandalosos casos de infracción penal que ocurren en las calles, discotecas, bares, moteles y apartamentos de las grandes urbes colombianas son protagonizados por gente bien rasurada y uñas cuidadas que viste de saco y corbata, por niñatos de bien, por políticos borrachos y maltratadores, por gente con uno o más títulos. La lista es larga. Cuando son cogidos con las manos en la masa, amenazan a los polis con no sé qué alto funcionario de Estado.

En Barranquilla se volvió viral un video en el que aparece un policía bailando en el patio de un colegio de bachillerato una descarga de salsa con extraordinaria virtud. Los estudiantes lo ovacionan y gritan de alegría. Eso es. Un poli conectado con la vida misma. Con la gente. Que no asuste. Que no discrimine por el color de la piel, por el vestido, por lo que estás fumando, por el corte de pelo, por las ideas, por la manera de hablar, por la manera de besar, por tu pinta de pobre…

Go hard or go home, leí en la camiseta de un chico que hacía barras al aire libre. A los jóvenes les gusta la calle. No quedarse en casa y menos si tienen unos padres gruñones que dan lata a toda hora. A veces el poli es el papá o la mamá. No está mal que vayan a la calle con su cuento. Lo que está mal es que los polis los miren mal. Lo que está mal es que los guardias privados los miren como malos bichos. Hay que “edukar” a los polis y a los guardias privados en la tolerancia y la diversidad. En eso consiste la cultura de paz. ¿Sí o qué?        

Patricia Heras, madrileña, fue llevada a la cárcel junto a tres chicos sudacas –como tildan los xenófobos a los latinoamericanos– acusados de participar en un incidente en el que terriblemente fue afectado un miembro de la policía. Una historia sobre la que se derramó muchísima tinta. Una crónica de venganza. Un desaguisado que hace pensar y rascarse la cabeza. 

Ciutat Morta (https://ciutatmorta.wordpress.com/), premiada como mejor documental del festival de cine de Málaga 2014, volvió a poner el dedo en la llaga. Los hechos y el suicidio se produjeron en Barcelona, una urbe que Patricia Heras describiría como “una ciudad que me hacía aún más daño y que me perdería del todo”.

Yezid Arteta Dávila
En twitter: @Yezid_Ar_D
Blog: https://yezidarteta.wordpress.com/author/yezidarteta/
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