Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1988/03/07 00:00

PLEBISCITO: ¿SI o NO?

PLEBISCITO: ¿SI o NO?

"¿maestro, cuál de estos dos poemas es mejor?" le dijo alguien en cierta oportunidad a Miguel Antonio Caro, buscando su consejo para una publicación.
Caro leyó el primero de los poemas y dijo: "Publique el otro"
Ese es exactamente el motivo por el cual los colombianos, si no todos muy seguramente la gran mayoría, apoyamos el plebiscito propuesto por Barco. Porque la alternativa contraria a la de hacer algo, que es la de no hacer nada, es peor. En otras palabras, porque todo lo que sea distinto a lo que hay hoy en día tiene que ser mejor, y porque esa ha sido la consigna de todos los colombianos desde que Virgilio Barco asumió el cargo: cambio y liderazgo.
Pues bien, es la primera vez que Barco ofrece una posibilidad real de cambio y ejerce verdaderamente un liderazgo. Pero no fue sino que el Presidente le apuntara al tigre para que nuestra clase dirigente, incluyendo a los ex presidentes, a los social-conservadores, a los gremios y a la Iglesia, se asustaran con el cuero.

Algunos, reformar la Constitución por plebiscito les parece inconstitucional, porque dizque la Carta sólo prevé un mecanismo único de reforma constitucional.
Aceptar esta teoría sería equivalente a creer que en el plebiscito de 1957 el mismo puebio que votó por la Constitucion de 1886 se suicidó con ella. Resulta caricaturesco pensar que si todos los colombianos se ponen de acuerdo para cambiar la Constitución, sea una norma creada por ellos mismos la que se los impida. El pueblo es el poder inicial, autónomo, la fuente del poder político, y por consiguiente, como dueño de la Constitución, puede hacer con ella lo que quiera.

A otros no les asusta tanto la inconstitucionalidad del plebiscito como la falta de garantías que implica el hecho de que el Présidente termine legislando sin pasar por los controles institucionales. Pero es precisamente el exceso de mecanismos de control lo que ha obligado al gobierno a diseñar la fórmula del plebiscito.
Porque de una época de crisis como la actual no se sale mostrando "recibos" del Congreso y de la Corte.

Pero si les sirve de tranquilizante a quienes consideran que activar el plebiscito podría convertirse en el juguete de gobiernos futuros, en este país existen, distintos al Congreso y a la Corte controles permanentes y muy difícilmente ignorables por los gobiernos. Uno de ellos es la prensa libre y feroz que existe en el país.

Por eso intentar coártarla, como lo ha hecho el gobierno en el Estatuto para la Defensa de la Democracia, es más peligroso que cualquier intento de reformar la Constitución por plebiscito.
Pero además de la prensa, hay en Colombia una clase dirigente responsable, unos gremios deliberantes y un Congreso libre que constituyen formidables mecanismos de control de los gobiernos. Me dirán entonces que hasta esos controles pueden ser neutralizados por un presidente que elimine la libertad de prensa, cierre el Congreso e ignore las opiniones de la clase política y de los gremios. Ese no sería un Presidente sino un dictador, que igual puede reformar la Constitución con artículo 218 o sin él.

Ni aún el argumento de que hay que obstaculizar el plebiscito para proteger el ordenamiento jurídico parece válido. Porque un ordenamiento juridico bajo cuya vigencia se producen cerca de 100 muertos semanales en el país, no sirve. Hay que cambiarlo.

Por último, es inútil negar que en la propuesta audaz del plebiscito, con la que ha resuelto jugársela toda frente al puebio, Barco ha ejercido el liderazgo por primera vez desde su posesión.
Convocar a un plebiscito no es un acto jurídico sino politico, que sólo se justifica en circunstancias excepcionales y con un gran respaldo de la opinión. La responsabilidad política de Barco consiste en que dichas circunstancias realmente se den, y en que pueda conseguir para su iniciativa el respaldo suficiente.

En medio de su fenomenal desprestigio ante la clase dirigente, Barco resolvió saltársela para dirigirse directamente al electorado, ofreciérlfdole una ilusión de cambio. Y como en la anécdota de Caro, cualquier cosa que sea cambio tiene que ser mejor que no cambiar. --

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