Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2008/04/26 00:00

¿Podría llegar a Colombia?

No es difícil imaginar, en un contexto de crisis arrocera mundial, lo caro que puede resultarle a Colombia depender de Ecuador y Venezuela.

¿Podría llegar a Colombia?

El jueves de esta semana, Wal-Mart y Costco anunciaron que racionarán las ventas de arroz en Estados Unidos. Al día siguiente, la principal cadena británica de supermercados tomó una medida similar. India y Vietnam han restringido sus exportaciones para garantizar el abastecimiento de su mercado interno. Es posible que Tailandia, el mayor exportador mundial, tenga que hacer lo mismo. Brasil anunció el pasado miércoles que suspenderá temporalmente la venta de arroz al exterior. La escasez del cereal se empieza a sentir en varios rincones del planeta. Se han presentado violentas protestas en Haití, Filipinas, Camerún y Egipto.

El problema no se limita al arroz, cuyo precio internacional ha aumentado el 74 por ciento en el último año. Los alimentos se han disparado de marzo de 2007 a la fecha. El maíz ha subido 31 por ciento, la soya, 87 por ciento, y el trigo, 130 por ciento.

Las razones del alza global son tres: primera, el aumento inusitado del precio del petróleo, que encareció la cadena de producción agrícola en casi todo el mundo. Segunda, la especulación con el precio de los alimentos en los mercados de futuros. Y tercera, la expansión del mercado de los biocombustibles, que ha ocasionado que parte de los cultivos comestibles ahora se venda para la fabricación de etanol y también que grandes extensiones de tierra se dediquen a esta nueva y lucrativa actividad.

En una cruel paradoja, algunos cultivos se han valorizado tanto, que no se pueden desperdiciar en el modesto propósito de alimentar a la humanidad.

Contrasta el desolador panorama mundial con el optimismo del Ministro de Agricultura de Colombia. Consultado por Caracol aseguró que Colombia no sufrirá por la escasez mundial de alimentos. El ministro Arias afirmó que Colombia tiene suelo suficiente para cubrir el mercado interno y exportar excedentes. Aseguró también que los colombianos seguirán encontrando todos sus alimentos en tiendas y supermercados, sin importar la situación internacional.

Si bien es cierto que Colombia tiene los suelos de los que habla el Ministro, también lo es que esos suelos no se están usando para producir los alimentos que necesitan los colombianos.

La dependencia alimentaria de Colombia viene creciendo de manera progresiva y acelerada. Según un reporte de la FAO, en 1989, el país producía el 90 por ciento de los alimentos de la canasta familiar. Ahora, para citar sólo unos ejemplos, tiene que importar el 44 por ciento de los fríjoles y más del 90 por ciento del maíz que consume. También el 57 por ciento del arroz, cuyos principales abastecedores son hoy -nos guste o no- Venezuela y Ecuador.

No es difícil imaginar, en un contexto de crisis arrocera mundial, lo caro que puede resultarle a Colombia depender de Ecuador y Venezuela.

El costo de la insuficiencia agrícola también se viene pagando silenciosamente en artículos de primera necesidad como el pan, que en el último año ha duplicado su precio.

El gobierno debería buscar el lado bueno del aplazamiento del TLC para fortalecer la agricultura nacional y buscar la seguridad alimentaria del país. Cuando el tratado entre a operar, los agricultores colombianos tendrán que competir con productos agrícolas americanos que reciben 1.000 millones de dólares diarios en subsidios.

En un escenario en donde el país rico está subsidiado y el país pobre elimina aranceles, la agricultura nacional necesariamente tenderá a desaparecer.

En esas circunstancias, lo mejor sería dejar de lado el optimismo políticamente conveniente, y más bien afrontar con seriedad el reto de la crisis mundial de los alimentos y su muy probable llegada a Colombia.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.