Viernes, 24 de febrero de 2017

| 1992/07/13 00:00

POIROT Y LA REFORMA TRIBUTARIA

Algunos economistas han sostenido que la reforma tributaria no era necesaria, y yo les creo.

POIROT Y LA REFORMA TRIBUTARIA

EL DÉ LA REFORMA TRIBUTARIA ES UNO de esos episodios que deja a un gobierno embadurnado de sospechas. Tantas, que el caso haria las delicias de Hércules Poirot, ese estupendo detective belga producto de la brillante imaginación de Agatha Christie. Porque mas allá del empaque aparentemente impecable de una Reforma que, como la que acaba de aprobar el Congreso, busca cobrarles más a los ricos para darles más a los pobres, se ocultan una serie de sospechas que opacan su conveniencia, su oportunidad y la legitimidad de la forma como el Gobierno la palanqueó en el Congreso.
Si Poirot estuviera delante de un caso semejante, iría, sospecha a sospecha, descifrando este enigmático caso. Y comenzaría más o menos por aquí:
Sospecha # 1: Cuando César Gaviria era Ministro de Hacienda del gobierno Barco, diseñó una de las reformas tributarias más celebradas de la historia. Sus disposiciones encarnaron una vital modernización del sistema tributario colombiano, para ese entonces tremendamente desueto en puntos claves como el desestímulo que para los contribuyentes representaba la magnitud de las tarífas impositivas, aberraciones como la doble tributación y una propensión genera hacia la evasión tributaria.
El entonces Ministro de Hacienda sacó adelante la Ley 75 de 1986, que introdujo dos reformas fundamentales: eliminó la doble tributación y bajó del 40 por ciento al 30 por ciento el impuesto sobre la renta. Con ello se buscaba, y efectivamente se logró, estimular la inversíón para crear más empleo, y aumentar el recaudo, con base en tarifas tributarias más realistas que convencieran a la gente de que, mejor que evadir, era entrar a la era de los impuestos con la garantía de unos tributos razonables.
Pero ese mismo Ministro de Hacienda, hoy presidente de la República, resolvió hacer en 1992 exactamente lo contrario de lo que hizo en 1986. Volver a subir los impuestos. Después de haber pasado del 40 por ciento al 30 por ciento,ahora regresaremos a un impuesto sobre la renta del 37 y medio por ciento, con lo que automáticamente el Presidente entra en una contradicción filosófica que no es fácil de explicar. Las evasiones que se corrigieron con la reforma del 86 probablemente volverán a generarse con la reforma del 92, produciéndose lo que algunos tributaristas llaman la vuelta del bobo: así como no por mucho madrugar amanece más temprano, tampoco por mucho cobrar se pagan más impuestos.
Y además está el IVA. Nunca había crecido tanto en tan poco tiempo. Gaviria lo recibió en el 10 por ciento y a partir del 93 subirá al 14 por ciento, lo que significa un aumento del 40 por ciento en dos años. Una carga tributaria tan alta en momentos en que la economía ha entrado en un proceso de recesión sin duda alguna golpeará duramente a la demanda, que a su vez afectará la producción. Con una base gravable débil, en Colombia se cobrarán más impuestos, pero habrá menor capacidad para pagarlos.

SOSPECHA # 2: Algunos economistas han sostenido de manera más que vehemente que esta Reforma Tributaria no era necésaria, y yo tiendo a creerles. Por un lado, las metas de recaudación en el año 91 se cumplieron más que satisfactoriamente, y el Gobierno obtendrá ventajas económicas adicionales de hechos como la revaluación, que bajó la tasa de cambio con la que se liquidan las operaciones presupuestales para servir la deuda externa.
En definitiva, de un panorama fiscal del Gobierno que en lo más mínimo es oscuro, se deriva que las cifras sobre la magnitud del déficit son inconsistentes. En una frase, daría la impresión de que el Gobierno está menospreciando sus ingresos y agigantando las necesidades de gasto. ¿Por qué? Aquí mi amigo Poirot tendría que haber acudido a uno de los múltiples desayunos que el presidente Gaviria tuvo con los parlamentarios liberales, en plena campaña para sacar adelante la Reforma. El mensaje consistía en que el Partido Liberal debe garantizar un gran programa de inversión pública si quiere mantenerse en el poder. ¿Será que el Presidente encontró una herramienta para neutralizar la tendencia hacia su impopularidad con inversión pública?
SOSPECHA # 3: Y finalmente está el hecho de que el proyecto de la Reforma Tributaria estaba derrotado en el Congreso. Siempre lo acompañó un rechazo vehemente y unánime, tanto de los partidos, como de los gremios y de la academia económica.
Como si se tratara de una auténtica campaña política, el Presidente, de desayuno en desayuno, logró una mayoría parlamentaria que, desgraciadamente, según todos los datos indican, no tuvo un origen filosófico, y tampoco estuvo basada en los planteamientos macroeconómicos del Primer Mandatario. Las perspectivas ministeriales de ciertos políticos liberales así lo sugieren. También las zanahorias burocráticas que quedaron distribuidas desde los computadores, bien alimentados, de Palacio.
Aunque no hay duda de que a esta altura de la historia, Hércules Poirot tiene suficientes sospechas para abrir un caso, tampoco hay duda de que este sería el libro más aburrido de Agatha Christie.

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