Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2005/07/17 00:00

Policías y terroristas

No quiero abrumarlos con ejemplos de invenciones criminales de las policías de turno. Pero cuando los policías inventan terroristas, quedan sueltos los demás

Policías y terroristas

Con el perdón de todos los policías del mundo, debo decir que yo no creo mucho en la Policía. Siempre nos hablan de su eficacia, citando en general la autoridad de algún novelista policíaco, o, más recientemente, de alguna película de policías (y casi todas las películas y las series de televisión, en los años recientes, son de policías). Pero el caso es que yo, personalmente, no creo mucho en

la policía. Y me da la impresión de que esa eficacia de la que tanto nos hablan es inventada por ella misma. Ella: la policía, es una sola, a lo largo de la historia, a lo ancho de la geografía. Al servicio del poder -el que sea- y de sí misma.

En estos días, con motivo de los atentados terroristas de Londres, nos han hecho saber que la policía más eficaz del mundo, que es la inglesa (al menos según los novelistas policíacos ingleses), hizo las siguientes dos cosas, en mi modesta opinión no sólo contradictorias, sino sospechosas.

a) en una semana fue incapaz de identificar a la mayor parte de las víctimas mortales de los atentados dinamiteros: de los 57 cadáveres (faltan más) recuperados de los escombros, sólo pudo comprobar y publicar la identidad de cinco. Es poco, pero según explica la propia policía, eso se debe a que los ciudadanos británicos no están obligados a tener un documento de identidad.

Pero, a la vez,

b) en esa misma semana, esa misma policía identificó plenamente a los cuatro terroristas que pusieron las bombas en el bus y en las estaciones de metro, pese a que los cuatro eran tan ciudadanos británicos como los demás muertos. Pero ellos sí, por lo visto, llevaban consigo toda su documentación en regla.

¿Por si acaso la policía trataba de detenerlos?

Y además:

c) uno de los cuatro identificados terroristas se tomó el trabajo de dejar sus documentos de identidad en DOS de las estaciones de metro destruidas por las bombas. ¿No les parece a ustedes rarísimo?

No hace mucho -año y medio, tal vez- la justicia británica dictaminó al cabo de muchos años de investigación que unos irlandeses condenados por haber puesto unas bombas terroristas ni eran terroristas ni habían puesto nunca bombas (aunque sí eran, en efecto, irlandeses). Los soltaron y los indemnizaron: pero entre tanto se habían tragado más de veinte años de cárcel; y, de contera, los verdaderos responsables de las bombas aquellas no habían sido castigados. Todo había sido un montaje de la policía. ¿De cuál? De esta tan famosa y tan eficaz policía británica que ahora identifica asesinos, pero es incapaz de identificar víctimas. ¿Un montaje para qué? Para mostrar su eficacia.

Cito el caso porque se refiere a un mismo cuerpo de policía, que tiene además, repito, fama de eficacia ejemplar: el de la Gran Bretaña (aunque ni Sherlock Holmes lo creía). Pero podría citar otros veinte similares. En Colombia, el de aquellos inocentes castigados por la falsa acusación policial de haber asesinado a Luis Carlos Galán (¿y cuántos más ). O en la antigua Roma, el de aquellos cristianos que, según la policía imperial de Nerón, habían incendiado la ciudad y en castigo fueron echados a las fieras. O en la Alemania de Hitler, cuando la farsa del incendio del Reichstag. O en la Rusia de Stalin: los famosos procesos de Moscú, o la historia inventada de "las batas blancas". En fin: no quiero abrumar a los lectores con ejemplos de invenciones criminales de las distintas policías de turno, en todas las épocas, en todos los países, en todos los continentes. Quiero decir solamente que tampoco esta vez, como hace cuatro años cuando lo de las Torres Gemelas y el Pentágono, puedo creer a pies juntillas lo que dice la policía. Porque me parece muy raro.

Alguien dirá que defiendo a los terroristas. Es exactamente al revés: me preocupa la posibilidad (la probabilidad) de que no sean los verdaderos terroristas los castigados. Con lo cual, naturalmente, se multiplican las posibilidades del terror. Cuando los policías se ponen a inventar terroristas quedan sueltos los demás, que además son ellos mismos.

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