Jueves, 28 de agosto de 2014

| 2013/01/19 00:00

¿Política sin bonche?

por José Manuel Acevedo M.

Oigo el manido argumento de que las peleas entre Uribe y Santos son propias de las repúblicas banana en las que vivimos.

¿A quién le conviene esta pelea?, se preguntan en los medios. ¡Al final, el que pierde es el país!, aseguran los más ponderados. ¡La dignidad presidencial ha quedado por el piso!, afirman los puristas. 


¡Típico! Nos horrorizamos con Alejandra Azcarate vestida de Jesucristo mientras en la Fiscalía se encuentran estancadas 21 mil investigaciones por casos de violación a menores y de esto no decimos nada. Reaccionamos aterrados porque Uribe llama "canalla" a Santos, mientras en el año se pierden por corrupción 9 billones de pesos sin que a nadie preocupe. Obviamos las profundas diferencias conceptuales del modelo santista vs. el modelo uribista para detenernos en “la degradación política más censurable de toda la historia”. 


Catastrofistas. Exagerados. Falsamente moralistas. ¡Eso es lo que somos! 


Estamos en presencia de una de las mejores discusiones de las últimas décadas y el acto de sinceridad política más auténtico de nuestros tiempos y la mayoría anda rasgándose las vestiduras por un par de insultos.


Oigo el manido argumento de que las peleas entre Uribe y Santos son propias de las repúblicas banana en las que vivimos. Caudillitos en plan de perpetuarse en el poder, dicen unos. 


Será que no han visto los debates en el parlamento de España entre los líderes del Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español. O que nunca en la vida han seguido una discusión entre demócratas y republicanos en Estados Unidos. O que ignoran que los buenos modales de los ingleses se pierden cada vez que se acercan las elecciones y los laboristas y conservadores en el Reino Unido comparecen para defenderse con lo mejor que tienen. 


Aquí pretendemos que Uribe y Santos recurran a las engañosas cortesías; que antes de cada ‘varillazo’ se digan mutuamente “excelentísimo Señor Presidente, siga usted”, o peor, que recurran al más aburridor unanimismo.


Dicen que con la política exterior no hay que meterse. ¿Será que en Alemania no hubo álgidas discusiones cuando decidieron su entrada a la Unión Europea? ¿O que en Inglaterra nunca controvirtieron internamente su postura en el caso de Las Malvinas? ¿O que en Estados Unidos no se han sacado los trapos al sol unos y otros a propósito de la guerra en Irak?


Política sin bonche no es política y hasta en las más desarrolladas y sólidas democracias del mundo la más feroz ‘puya’ es permitida.


Lo realmente grave sería que debajo de la superficie de insultos y frases célebres no hubiera una densa capa de tesis con hondo contenido diferenciador. El uribismo y el santismo nos ofrecen visiones contrapuestas en materia de desarrollo social, de política rural, de inversión extranjera, de seguridad y paz.


Por andar censurando a nuestros políticos nos estamos perdiendo de un saludable y necesario debate. Mejor dejemos que Uribe y Santos peleen, porque en la diferencia estará la clave de la madurez política que añoramos. Al final, lo interesante, será vernos en las urnas.   


Twitter @JoseMAcevedo

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