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Opinión

  • | 2017/01/17 18:34

    Políticas culturales y urbanismo

    Bogotá no puede darse el lujo de estar ausente de los hechos históricos que estamos viviendo. Debería estar liderando importantes programas para un país que quiere hacer tránsito hacia la paz y, por el contrario, está retrocediendo en política cultural.

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La Filarmónica de Viena, unas de las más importantes orquestas del mundo, realiza en su sede de la Musikverein desde 1939 el célebre concierto de nuevo año. Su transmisión llegó este año a 93 países y fue escuchada por más de 50 millones de televidentes, lo cual hace de este, sin lugar a dudas, el concierto anual de música clásica más importante del mundo.

La elección del director invitado para el concierto de inicio de cada año es en sí misma tema de interesantes discusiones en el mundo musical. En esta ocasión, el elegido fue el director venezolano Gustavo Dudamel, lo cual es relevante por ser un latinoamericano y por ser el más joven de la historia de estos conciertos !Frischer Wind fürs Wiener Neujahrskonzert¡ !Viento fresco para el Concierto de Año Nuevo de Viena¡, tituló un periódico al día siguiente del evento.

Sin embargo, lo más significativo de la participación de Dudamel es que él es símbolo de un movimiento único en todo el planeta, el Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela, un modelo de enseñanza musical y de creación de orquestas que aglutina cerca de 800.000 mil niños y jóvenes de todo el vecino país. El Sistema (como es conocido en el mundo) ha convivido exitoso con todo tipo de gobiernos desde su creación, hace 42 años, en la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, pasando por Herrera Campins, Lusinchi, Caldera, Chávez y Maduro. Todos los colores políticos y gobiernos posibles han apoyado al Sistema a lo largo de más de cuatro décadas. Y esto se debe, como en cierta ocasión lo mencionó el alma del Sistema, José Antonio Abreu, a que la institución es política de Estado y no de gobierno.

Gustavo Dudamel expresó orgulloso en la tradicional rueda de prensa previa al concierto de nuevo año con la Filarmónica de Viena cuánto le debe al programa de educación del Sistema y añadió: “Mi concierto en Viena es sinónimo de los sueños de muchos jóvenes músicos”.

En reciente artículo en revista Semana habíamos mencionado las políticas culturales como factor de suma importancia para la planeación urbana sostenible. El concierto de nuevo año en Viena con Dudamel nos lleva reflexionar sobre otro asunto conexo, la relación entre políticas educativas con la política cultural. Durante la pasada alcaldía sucedió algo de enorme importancia y que no había tenido lugar en Bogotá. Secretarías de cultura y educación trabajaron de la mano para llevar a cabo un amplio programa de formación artística al que, por ejemplo, en la música clásica y con el liderazgo de la Orquesta Filarmónica, fueron vinculados 17.000 mil niños en los colegios públicos. De allí surgieron en dos años 25 orquestas, 43 coros y 8 bandas de viento, con una tendencia de crecimiento de un movimiento musical en la ciudad sin precedentes.

Consulte: Un ejemplo para Colombia

Sin embargo, al iniciar la administración Peñalosa los programas fueron, algunos eliminados, y sin explicación alguna y a pesar de su exitoso desarrollo todo el programa de formación de la Filarmónica fue privatizado y entregado a una fundación que cumple 25 años de existencia y que, a pesar de que fue excelente idea crear Batuta durante la administración Gaviria, hasta la fecha no tiene una sola orquesta que permita mostrar calidad artística con integrantes que hayan surgido de su modelo -algo sobre lo que habría preguntarse qué ha fallado-, ni tampoco una figura como Dudamel y otros músicos que tiene el Sistema, que ocupan importantes lugares en el mundo de la música de las grandes ligas. Dudamel es simplemente la punta del Iceberg.

Afortunadamente, en Colombia, Medellín ha diseñado una política musical sostenida durante décadas, que ya está dando sus frutos. Cartagena también ha dado inició en la versión XI del Festival Internacional de música a un programa de creación de orquestas y formación musical, liderado por la Fundación Salvi, que promete retomar una importante tradición musical que tuvo la ciudad a inicios del siglo XX.

Desarticular la política cultural del desarrollo urbanístico y del educativo como lo ha hecho la actual administración de la ciudad da cuenta de una muy estrecha compresión de cultura -superada desde décadas- en la que su actividad consiste meramente en la realización de eventos y también de una falta de compresión sobre la dimensión holística de la política cultural.

Bogotá no puede darse el lujo de estar ausente de los hechos históricos que estamos viviendo. Debería estar liderando importantes programas para un país que quiere hacer tránsito hacia la paz y, por el contrario, está retrocediendo en política cultural. Mientras eso no cambie, tardaremos tiempo en tener un Dudamel que sea producto de un programa colectivo de ciudad, excepción hecha de esas heroínas y héroes de la cultura que han logrado surgir a pulso propio en un país de tanto talento y riqueza cultural.

*Phd y Magíster en Filosofía e historia por la Universidad de Viena y Gestor Cultural.

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