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Opinión

  • | 2017/05/19 08:15

    Un circo tenebroso

    Sea cual sea el motivo, hay que evitar que “It”, el payaso perverso, regrese a la Casa de Nariño.

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Si los partidos políticos son un circo, el país tiene asegurado su horda de payasos. Y no son tiernos como Bebé, el gordito bonachón del recordado programa televisivo “Animalandia”, sino terroríficos como el “It” de Stephen King. Pero hay que admitir que los payasos que defienden el circo de la política nacional son mucho más peligrosos que los de la ficción. Y lo son porque matan sin disparar, se embolsillan una tajada del presupuesto nacional y salen y sonríen con candidez ante las cámaras mientras que la salud del país sigue en cuidados intensivos, el desempleo disparado y la educación de la mayoría de los ciudadanos por el suelo.

Lo vimos hace dos semanas en la publicitada convención del Centro Democrático, donde un grupo de payasos arengaba a rabiar y otro aplaudía emocionado. El payaso de Invercolsa aseguró con un gesto histriónico, rasgando unos documentos, que el próximo año “harán trizas ese maldito papel llamado acuerdo de paz”. Lo dijo el hombre que hace 20 años realizó un préstamo al Banco del Pacífico por más de 9.000 millones de pesos para adquirir de manera ilegal un paquete de acciones de Ecopetrol y cuya deuda está vigente y asciende hoy a 30 millones dólares, según José Alberto Gaitán, abogado de la firma Arrendadora Financiera Internacional Bolivariana, AFIB.  

La histérica senadora con nombre de ave y voz aguda dejó claro que además de payasos tenebrosos son lagartos, cínicos y perversos. Si hay algo que merezca el dueño del circo no es, precisamente, un escaño en el Congreso, ni una estatua de bronce ni mucho menos su regreso a la Casa de Nariño. Este nuevo Jesucristo de la democracia, “perseguido político”, que tiene hoy más amigos tras las rejas que enemigos, debería, para ser sincero, estar preso. Y lo debería por todo aquello que el país sabe y la normatividad jurídica impide. Mancuso se ha cansado de declarar para los fiscales de Justicia y Paz sobre esa cercana relación con el expresidente, cómo sus hombres presionaron regiones enteras bajo su dominio para darle los votos que lo llevaron a la Presidencia de la República y los millones de dólares que movieron para alcanzarlo.

Pero la pandilla de cínicos que conforman esta banda, entre las que se destacan figuras como las de Alejandro Ordóñez y el verborreico payaso de Invercolsa, el adalid y sumo pontífice de la religión uribista y cabeza visible de la iglesia Centro Democrático es, en realidad, una deidad. Léase bien. Una “deidad” en el sentido amplio de la palabra, cuya “deificación”, como lo dejó ver Antonio Caballero en su última columna de SEMANA, es proclamada por sus esbirros para que los incrédulos del mundo entero conozcan la verídica historia de este “Papá Grande”, soberano absoluto del reino democrático de Macondo que vive y seguramente muera en olor de santidad como lo dice la hagiografía de los hombres dedicados en “carnitas y huesos” al servicio de Dios.

No hay que olvidar que la función de los payasos es hacer reír. Payaso que no haga reír no se puede considerar payaso. Y los divertidos, por supuesto, se contradicen como la Chimoltrufia. De ahí que el payaso ladrón haya asegurado en su eufórico discurso veintejuliero que el Centro Democrático se llama así por un asunto más de circunstancias fortuitas porque su corazón grande es de derecha. Es decir, defiende esa rancia posición conservadora que dio origen a ese estado de penumbras que luego hizo “trizas” la Revolución Francesa, pero que en la mente de sus defensores permaneció viva la nostálgica llama de la nobleza.

La misma derecha que motivó la aparición de la guerrilla en América Latina, que se negó en un principio a reconocer los derechos laborales de los asalariados y prefirió asesinarlos en la célebre Masacre de las Bananeras de 1928. La misma que le dio muerte a Jorge Eliécer Gaitán 20 años después de los históricos acontecimientos de Ciénaga, Magdalena, y que ha dejado morir a miles de niños a lo largo del territorio nacional en los últimos años.

Pero como la Chimoltrufia es olvidadiza, pues dice las cosas “del mismo modo y en sentido contrario”, Iván Duque, “ese otro buen muchacho”, aseguró sin sonrojarse para SEMANA que el partido que representa es de “centro”, por lo que están “invitando a todos los matices (políticos) a expresar su punto de vista”. Nada más falso, por supuesto. Hitler se definió socialista pero no le tembló la mano para exterminar del territorio alemán todo pensamiento que no fuera una prolongación del suyo. Además porque tener vínculos con jefes paramilitares, o ser señalado de tenerlos, no acerca a nadie a un espectro político equilibrado, sino, por el contrario, al extremo más profundo.

Que el “Papá Grande” haya salido a desmentir al hombre que dejó al Banco del Pacífico en ruinas, asegurando que su partido es de “centro”, y que el presidenciable Duque lo haya replicado al otro día en la entrevista en mención, puede interpretarse como una estrategia electorera o como el sostenimiento de una mentira con la que se buscan réditos políticos. Pero sea cual sea el motivo, hay que evitar que “It”, el payaso perverso, regrese a la Casa de Nariño.

En Twitter: @joaquinroblesza
Email: robleszabala@gmail.com

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