Sábado, 21 de enero de 2017

| 2016/07/30 10:41

¿Aplazar las elecciones?

Se deberían postergar las elecciones de 2018. Así todos dejan de cuidarse la espalda, y piensan en la paz, reconciliación, víctimas y recursos para el posconflicto.

Poly Martínez.

Si se aplazan las elecciones del 18, Uribe deja de trinar y puede sacar tiempo para reconciliarse con más gente de ideas divergentes, lo cual hoy puede ser un gran aporte al país. Pero además, sin elecciones que distraigan, el Centro Democrático puede hacer cuantos retiros espirituales sean necesarios para encontrar su eje, lejos de las presiones mediáticas, y replantear su razón de ser como movimiento político -que ya no caudillista- y en esa medida decirle ‘Sì‘ a su propio futuro.

Si se aplazan las elecciones, el Partido Conservador deja de ventilar sus trapitos sucios en esa inmensa plaza de mercado que es Twitter,  para enfocar sus energías en debates y reflexiones juiciosas que les permitan lograr unidad, plantear programas de gobierno interesantes y eventualmente llegar a cargos públicos por méritos propios y no por el atajo de las alianzas burocráticas. De rebote, nos ahorramos las cartas de Pastrana -hoy desde Yakarta, mañana desde cualquier lugar del mundo- y los conservadores, la pantomima de hacerse los preocupados por lo que dice en ellas.

Sin elecciones en mente, los delfines del Partido Liberal pueden aprovechar estos añitos para madurar un poco más y tener propuestas serias, independientes, derivadas de un proceso interno crítico al servicio del país, no de las maquinarias regionales. El Polo tendrá más tiempo para comprender que sin resultados eficientes y transparentes en la gestión administrativa no va a recuperar la confianza de los votantes.

Pero no menos importante: ya sin el 2018 en la mira no hará falta que Serpa ni nadie trate de sacar a Vargas Lleras de su cómoda zona gris frente al plebiscito, para dejarlo por más tiempo tranquilo y enfocado haciendo lo que más le gusta: infraestructura, casas y puentes que conecten a los colombianos. Ese bulldozer político encontraría así una mejor ruta para sus aspiraciones, con menos contradicciones para los líderes de Cambio Radical.

Por eso y más se deberían aplazar las elecciones presidenciales de 2018. Para quitarle el ruido al proceso de aprobación o rechazo al plebiscito; para que la pedagogía que aún no hacen los partidos -porque no saben cómo, porque no son partidos de verdad ni tienen bases organizadas- no termine en un tuit efectista de precampaña presidencial y  supervivencia de cuotas burocráticas. Y, de paso, sacar al Procurador de la cancha electorera que trata de pintar a su favor, sin ahorrar en medios, demandas y recursos.

Plebiscito, proceso de paz, todo ya está mediado por las elecciones presidenciales de 2018, como lo están las campañas a favor o en contra que están preparando unos y otros. Hay una visión partidista y cortoplacista, tal como la hemos tenido históricamente: no sabemos más. Los votos que se logren a favor o en contra son mal asumidos como una especie de “mitaca” de cara a las elecciones presidenciales.

Revisemos ya qué es clave para el país, con o sin plebiscito, para realmente construir algo de paz. El voto del ‘Sì‘ o el ‘No‘, en realidad no afecta a Santos, ni a Uribe, ni a ‘Timochenko’, Martha Lucía, Vargas Lleras o a Pastrana, más allá de sus vanidades. Y ni a usted, ni a mí. Afectará a los que hoy están en el colegio o no pueden ir a estudiar; a los que en estos días están estrenando semestre, buscando algo de trabajo o aprendiendo a caminar.   

Gane o pierda el plebiscito, este país no va a ser el mismo. Ya no. El colombiano de a pie parece más listo para la paz y la reconciliación que los propios partidos y movimientos políticos, que no parecen interesados en desaprender lo que por décadas han hecho: sacar tajada electoral, en guerra o en paz.

@Polymarti

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.