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Opinión

  • | 2015/09/26 15:00

    Tesis, trinos y tiros

    Enfrentar tesis en vez de trinos va a ser una de las cosas más complicadas del posconflicto.

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La dificultad radica en algo muy sencillo: no sabemos debatir, confrontar. Poco juego de cintura, todo nos ofende, nos ofusca y en 140 caracteres nos abalanzamos a decir –o retuitear– la última palabra. Esta es una sociedad impulsiva que en vez de argumentar, de entender que el debate requiere escuchar a las otras personas, respetar las reglas de juego y ofrecer garantías, prefiere “despacharse”, tomar el atajo, arreglar por debajo de la mesa, dar la espalada mascullando o matar. La ley del más fuerte, avispado o ruidoso y no la de los mejores argumentos.

Ese es y va a seguir siendo por un buen tiempo nuestro verdadero conflicto. El general Mora lo dijo clarito: debemos prepararnos porque ahora la confrontación va a ser política, ideológica, cosa que realmente no sabemos bien cómo hacer. Carga de fondo y no chispitas mariposa.

Por ahora, lo que más se ha visto y se seguirá escuchando y leyendo es una gran polarización. En menos de una semana se ha dicho, trinado y especulado de todo sobre el futuro del país. Es un desahogo general –¡y lo que falta!– porque hay que reconocer que el acuerdo sobre la jurisdicción especial para la paz y las fechas previstas para la firma final nos han movido el piso a todos. A algunos porque lo rechazan y consideran que es invento de vende patrias, a otros porque les preocupa que no haya justicia o no se aplique la ellos quieren; a unos pocos porque no ven cómo va a ser la reintegración de cientos de personas que llevan años por fuera de la ley y de la vida en esta sociedad; a la mayoría porque estamos tratando de entender bien el alcance de lo firmado y el costo de lo que queda por definir.

Aunque la semana pasada el gobierno logró recobrar la agenda temática del país, también dejó sembradas muchas expectativas, que es prioritario aterrizar en medio de tanto disparate para no repetir el principio de que todo vacío de información será prontamente llenado por suposiciones; de que todo silencio tiene su intérprete.

Dicen los expertos que los 18 primeros meses tras un acuerdo de paz son cruciales y los tres primeros años del posconflicto, claves para su éxito. Ese mismo tiempo –unos tres años– es lo que, según dijo el exmagistrado Juan Carlos Henao, tomarán los procesos más álgidos que tratará el Tribunal para la Paz. Eso significa que en simultánea tendremos un país polarizado tratando de interpretarse, una clase política preparándose para las elecciones presidenciales del 2018 (¿de ahí el mutis por el foro de Vargas Lleras?), y una sociedad que no se conformará con una percepción positiva de seguridad sino que exigirá presencia y resultados del Estado en ese y otros ámbitos.

Por eso es urgente que las guerrillas aprendan a hablar; que el gobierno revise su discurso, deje de estigmatizar a sus detractores y valide los argumentos de quienes constructivamente lo cuestionan; que la oposición política y sus energúmenos –se llamen Álvaro o Piedad-, dejen de aturdir a la audiencia con sus malas maneras, cambien la forma y aporten al fondo; y que toda la sociedad entienda que unanimidad y consenso no son lo mismo.

El posconflicto será poder vivir con conflictos pero sin matarnos. Los cambios significativos no se darán de la noche a la mañana. Mientras tanto, que sigan los trinos en vez de los tiros.
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