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Opinión

  • | 2016/11/07 13:23

    El filósofo de Cartagena

    Dos o tres preguntas, de esas que evidencian amor por la sabiduría, ameritan que la Universidad de Cartagena le dé al Alcalde un Honoris Causa en Filosofía.

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La pregunta es la correcta: ¿para qué estudiar filosofía?

La planteó el alcalde de Cartagena en pleno 31 de octubre en una entrevista que le hicieron para la televisión local y tal vez por la fecha o por la hora logró que muchos se espantaran. Pero es misma pregunta la he oído muchísimas veces: cuando iba a entrar a estudiar Filosofía, mientras era estudiante de Filosofía y a punto de graduarme de Filosofía.

Por eso, cuando supe la noticia me puse a pensar, aunque el  cuestionamiento no es nuevo. Al contrario, es casi tan viejo como la disciplina de la que duda. Pero duda no por lo que aporta a la formación o pensamiento de cualquier persona –tal vez esa pregunta no se la ha hecho el alcalde Manuel Vicente Duque -  sino porque eso no da plata, que es lo que a muchísima gente le preocupa, incluido a quien tuvo por eslogan de campaña “Primero la gente” y ofreció en su programa una “Cartagena Sin Pandillas” y hacer de “Cartagena, una sola escuela”.

Al alcalde lo que lo preocupa es la crisis de empleo para los jóvenes cartageneros y por eso habló de la necesidad de engancharlos con mano de obra práctica que atienda las necesidades del mercado laboral, para que se gradúen de soldadores y no de pandilleros. Que cojan oficio  y dejen la calle, porque a la escuela la tiene olvidada hace rato casi la mitad de los jóvenes (46%) de los sectores más populares de la ciudad y cuyas edades están entre los 14 y 16 años.  Así, pide formación en mano de obra que “verdaderamente pueda revertirse en dinero”, porque salen del colegio y “no saben nada de nada”, puesto que “se metió a un salón de clase a recibir una información que, al final, no es productiva para nada”.

El problema no está en que los muchachos reciban clase de filosofía, porque si nos vamos por ese camino, mi experiencia me indica que es química lo que debería desaparecer del pensum, con lo cual los mismos jóvenes saldrían sin saber nada de nada, pero más felices. Y la felicidad  es un tema filosófico.

Sin saberlo, el alcalde Duque le pegó a un debate muy serio que han dado en otros países académicos, políticos y educadores, como ha sucedido en Chile y España. Aprovecho la oportunidad para recomendarle la lectura de una columna escrita por Adela Cortina, “La filosofía en la escuela”, publicada hace unos años en el diario El País de Madrid (http://elpais.com/diario/2005/05/09/opinion/1115589609_850215.html) pero vigente hoy como tantas otras reflexiones filosóficas que vienen de siglos atrás. A propósito, una rama importante de la filosofía es la ética (especialidad de Cortina), que debería ser materia obligatoria en todas las escuelas desde preescolar hasta el final de Secundaria, en las universidades y en todas las alcaldías del país.

Es entendible su preocupación por el futuro de los jóvenes cartageneros, a los que quiere ver productivos. Pero así como estudiar economía o administración de empresas no asegura a futuro el triunfo económico del estudiante, también sucede que muchos que han estudiado filosofía resultan muy productivos en campos de trabajo insospechados:  

Susan Sarandon, la polémica actriz que no votará por Hillary Clinton, y también Bill Clinton, que sí va a votar por Hillary. A propósito de presidentes, Thomas Jefferson, padre de la Declaración de Independencia de Estados Unidos estudió filosofía, como lo hicieron Juan Pablo II,  el Dalai Lama y Noam Chomsky. Premios Nobel de Física, de Literatura, de Economía invirtieron horas en el tema, como les pasó a  T.S. Eliot, Sarte, Camus y Amartya Sen. Otros muy productivos empezaron por ahí, como George Soros, Alain de Botton, Susan Sontag, Simone de Beauvoir y Umberto Eco y varios líderes de la revolución digital; periodistas varios, entre ellos Christopher Hitchens; músicos como Phillip Glass y Lana del Rey; comediantes que se ha hecho riquísimos, como Steve Martin y Ricky Gervais; directores de cine con el toque Midas fuera y dentro de Hollywood, entre ellos Woody Allen, Ethan Coen y Alex de la Iglesia; la modelo Chisty Turlington, que encarna reflexión y belleza. Quien fuera el CEO del emporio de entretenimiento Time Warner, Gerald Levin,  también, así como famosos entrenadores de béisbol y fútbol americano que Manolo, gracias a su anterior vida como periodista deportivo, debe tener muy presentes. Pero si de deporte, cine, fama, taquilla, romper los límites de la física para ser objeto de culto y leyenda se trata, hay un estudiante de filosofía que no podemos olvidar: el único y magnífico Bruce Lee.

El alcalde Duque hace una pregunta pertinente, pero en el acelere de su narración televisada reduce el asunto a lo productivo sin dar un pasito más allá y profundizar en la calidad y contenidos de la educación que los jóvenes reciben hoy, en la forma como les enseñan todas las materias. Por eso tácitamente acude al lugar común según el cual la filosofía es  “una costura”,  puro relleno y perdedera de tiempo.  Tal vez por eso los muchachos son tan apáticos con la política, porque la argumentación es poca y el nivel de la discusión, pobre.  

Filosofar es dudar. Es no tragar entero, argumentar y aprender a bajarle el volumen al propio pensamiento para escuchar lo que otros dicen. Así, la filosofía puede ayudar a la convivencia, a formar mejores ciudadanos, críticos, dispuestos a ver otras opciones y, el día de mañana, capaces de elegir mejores gobernantes.  

Dos o tres preguntas más de ese calibre, de esas que nos ponen a reflexionar y evidencian el amor por la sabiduría, ameritan que la Universidad de Cartagena le dé al Alcalde un Honoris Causa en Filosofía.

* En Twitter: @Polymarti

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