Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/07/11 09:55

Muerte en vivo

La denuncia no es ante las autoridades (esa se hace después y se verifican los detalles), sino ante las cámaras, de forma casi inmediata porque “el periodista es usted”.

Poly Martínez

Una misma semana y dos videos. En el primero, una mujer joven, tendida en una camilla pide ayuda para salvar su vida y así proteger el futuro de sus hijos. Un corto tiempo después, la muchacha muere. En el segundo, una mujer graba y narra la brutalidad de la policía sobre su pareja, mientras se desangra dentro del carro. Lo único que puede hacer es poner la muerte en escena.

Para la audiencia colombiana, los videos de personas pidiendo que las atiendan en los hospitales para salvar su vida y evitar morir  “por EPS o IPS” son ya conocidos, como lo son para los ciudadanos de Estados Unidos las imágenes donde miembros de la policía matan a alguna persona -con especial frecuencia a gente de raza negra-, rompiendo igualmente el principio de proteger la vida e integridad de todos. En ambos casos, “muerte por autoridad”, porque ni las autoridades de salud aquí ni las federales o estatales allá, han hecho cambios reales para evitar ese desangre.

Las dos situaciones están unidas por la denuncia a través de videos que se vuelven virales en las redes sociales, en ese formato que desde hace 10 años se denomina Periodismo Ciudadano, un recurso hoy a la mano de cualquiera y que pretende dejar evidencia de situaciones de abuso o negligencia.  La denuncia no es ante las autoridades (esa se hace después y se verifican los detalles), sino ante las cámaras, de forma casi inmediata porque “el periodista es usted”.

Esta semana, ese periodismo ciudadano armado con un celular dio un tremendo salto y lanzó nuevo género: la presentación en vivo y en directo del desmadre, transmitido por las redes sociales, en este caso vía Facebook Live Video. Aquí no hay edición, no hay ‘títulitos’ que le adviertan a la atónita audiencia que esas imágenes son brutales y pueden herir susceptibilidades. No, nada de eso: tenga, mire, ahí está su dosis de realidad, vea lo que sí está pasando, sienta y reaccione.

Empiezan a surgir preguntas, pero no sobre censura pues las imágenes escapan a todo control, sino sobre el real impacto de estas transmisiones. En el caso de los videos a posteriori, las repetidas denuncias ya suman horas y casos que no han cambiado la situación, a pesar de la cruda realidad. Esta semana fue la joven mujer, hace un mes fue un niño con cáncer al que no le dieron las medicinas, y hace seis otra historia. Cada mes con su drama.

En este nuevo caso de transmisión, donde el ciudadano ya no es solo camarógrafo sino narrador, se asoma otra realidad: el registro en vivo y en directo se vuelve medida de disuasión. Así como las cámaras de las calles y edificios están para disuadir a los ladrones, también sirven para atajar a la policía… ¡pilas que los están grabando! Cascabel al gato, que en principio está para cuidarnos a todos.

La falta de cambios reales, sumada a la loquina propia de tanta gente armada en Estados Unidos y el aumento de la frustración, convirtió a un excombatiente en francotirador, apostado estratégicamente para matar policías blancos y aumentar la tensión racial. ¿Otra consecuencia que se dispara? Aquí ni fundamentalismo islámico ni qué Alá: racismo e incompetencia para hacer reformas a fondo.

A través de los ciudadanos, la prensa tiene ahora el don de la ubicuidad (no necesariamente el de la calidad) y la noticia la puede recoger o transmitir cualquiera. El debate queda planteado: ¿está bien volver virales los últimos minutos o segundos de vida de una persona? ¿Cuánto tiempo se va en grabar el video en vez de socorrer a la víctima? Al manosearlos tanto, tuitearlos y retuitearlos, pasarlos por tv y más redes, ¿se está perdiendo la contundencia y gravedad de los hechos? ¿Usted conoce los protocolos para grabar a la policía en plena acción? Y, lo que es peor, ¿los debería conocer?

Hay quienes consideran que esta multiplicación de la imagen hace que pierda valor: 15 minutos de agonía y drama para luego pasar al olvido eterno. Otros, en cambio,  la entienden como un gran avance en el poder ciudadano para controlar a la autoridad y actuar contra los abusos. Finalmente, cámara en mano no es tomar la justicia por las propias manos. Grabar, tuitear o transmitir en directo como mecanismo defensa.

La documentación ciudadana, inclusive a través de muy nuevas aplicaciones diseñadas para hacerla más efectiva, ¿aporta a los cambios de políticas, a establecer controles efectivos o a la rendición de cuentas? ¿Hay sanciones y sabemos qué pasa después o simplemente cambiamos de aplicación a la espera de otro reality, ese sí de verdad verdad? ¿Deshumaniza o es evidencia clave ante las cortes? ¿Satisface la voracidad de la audiencia? ¿Después de la viralidad vuelve la calma?

Dicen que ni el número de casos de negligencia en el sistema de salud colombiano, ni los de racismo y abuso policial en Estados Unidos han aumentado en realidad. La gran diferencia es que ahora todos los vemos.

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