Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2015/11/11 20:00

La eternidad de un ex

En Colombia nos encanta vivir de lo que fuimos. El problema no está en el uso del “ex” sino en mantener una actitud de merecimiento y una nutrida corte que reverencia.

La eternidad de un ex

Al entrar al especial sobre los 30 años de la tragedia del Palacio de Justicia que publicó esta revista en su versión digital, me quedó sonando una cosa: en la presentación del documento, Semana afirma que entrevistó a “30 de sus protagonistas. Entre estos hay ministros, generales, exguerrilleros, ex sicarios, víctimas y sobrevivientes”. También hablan exministros y exmagistrados.

Lo que me llamó la atención, además del repaso de nuestra historia de la infamia, es ese uso del “ex”: todos igualados con el mismo rasero de quien tenía un oficio, un cargo y se retira o le terminan a la brava el negocio o contrato. Me impresionó eso de “ex sicario”, nunca lo había oído ni leído. Pensé también que jamás había oído ni leído sobre una exvíctima ni un exdesaparecido, así 30 años después aparezca de la mano de un pedacito de sus restos. Quienes padecen la violencia conservan el título, no terminan su pena ni se jubilan. El dolor de las víctimas no cesa.

En Colombia nos encanta vivir de lo que fuimos. El problema no está en el uso del “ex” sino en mantener una actitud de merecimiento y una nutrida corte que reverencia al expresidente (a algunos les mantienen el trato de Presidente), al exministro, al exfiscal, al exsenador… con lo cual esos funcionarios, a pesar de haber sido y ya no ser, siguen ejerciendo un “otro poder”, categoría aparte; se creen el cuento –y se los alimentamos– de que ellos encarnan el cargo y por eso lo siguen usando como abrigo que llevan a todas partes.

Ahora, tras las elecciones, tenemos excandidatos y ya llegan las exreinas; en enero recibiremos una nueva camada de exalcaldes, exgobernadores, exconcejales. El prefijo queda post-fijo. En Colombia, además, nos cuesta trabajo soltar los títulos. De ahí la permanencia de la preposición. Caso aparte es el del ex-exsecretario distrital de Integración de Bogotá, que de tanto ir y volver sobre el mismo cargo sugiero sea mejor nombrado secretario de reintegración.

En Colombia nos encanta vivir de lo que no somos. Es la otra cara de la moneda. Se trata de los presidenciables, una categoría de poder que se forma cada tres o cuatro años y que incluye a funcionarios activos que en poco tiempo serán exfiscales y exprocuradores, ex vicepresidentes y exministros, quienes de manera anticipada asumen el rol y enfilan sus esfuerzos, recursos y los temas de la agenda de su cargo en función esas “más altas dignidades” que piensan les depara el futuro. ¿En qué momento y quién decide que un funcionario público activo es un presidenciable? ¿Dónde se da esa largada para que todos arranquen a disputarse el cargo y pierdan el foco sobre las responsabilidades presentes? ¿Son los lagartos y el personal de apoyo, los analistas y las encuestas las que los imbuyen anticipadamente con el cargo? ¿Son ellas/ellos solitos los que se echan el cuento y se lo creen?

Sobre el lenguaje como vehículo para procurar una Colombia más equitativa existe la iniciativa “Lenguaje horizontal” (ubicable en el Facebook más cercano), a la que se puede sumar quien quiera. Es bueno revisar las palabras, los títulos, las maneras, formalismos y genuflexiones que nos encantan para crear diferencias y categorías que con el tiempo, de tanto repetirlas, quedan validadas y otorgan un poder donde no lo hay.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.