Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/05/31 09:42

¡Gracias, Esteban!

Cuando sea grande, quiero ser como Esteban Chaves.

Poly Martínez

Me declaro admiradora y estoy orgullosa de conocerlo. Por eso, todo lo que aquí escribo está parcializado, inclinado, encantado y no por el podio que se ganó luego de 20 días de Giro por Italia, sino por la manera como ha recorrido el camino hasta este puerto y su presencia frente al triunfo y la derrota.

Sin excusas - Que estaba enfermo, que está muy crudo aún, que le falta o le sobra; que Rigo le hubiera podido ayudar más (falso de toda falsedad Rafael Mendoza: le ayudó y Esteban le agradeció…”¡Y ya!”, como dijo Chaves sin meterle mal rollo); que no contó con el suficiente equipo (esa es de futbolistas o de político en picada de encuestas) y más y más pedal al porqué hasta que el propio Chaves puso todo en su sitio: "Estoy bien de salud. No tengo excusas. No tenía las piernas y esto es normal. Fue una carrera de 80 horas y 3.000 kilómetros y no hay que poner excusas", concluyó frente a los periodistas que lo esperaban. Sereno y presente.

En este país no es tan común que una figura pública responda así, asuma su parte, se exponga con sus fortalezas y debilidades, y agradezca por igual tanto a gregarios y  técnicos, como al grupo administrativo que aporta al engranaje del equipo. Así lo hizo en varias etapas y lo repitió en la 19 cuando se quedó con la maglia rosa,  en vez de volear camiseta y echarse al piso para que lo abrazaran y le celebraran el “bronceado” de ciclista. "Así es la vida; esto es solo una carrera de bicicletas".

Sin realismo mágico - Celebró pero también ajustó las expectativas, las propias y las de todos los que lo seguimos pegados a la televisión, pujando y arreándolo como si nos oyera. Lo repite: hay que “tener los pies en la tierra; hay que seguir trabajando y, por qué no, soñando más arriba”. Con esa perspectiva –que se dice rápido en televisión pero se vive en cámara más lenta- se aproxima por igual al triunfo, a los entrenamientos y a la derrota. Otra novedad cuando la tendencia es a que el maximalismo nos lleve por la nariz.

Los expertos insisten en que lo que más da el ciclismo es humildad. Pero no la del ay pobrecito, la de no tuvo más alternativa, la de sumisión. Se refieren a la humildad como resultado de conocer las virtudes y limitaciones propias. Chaves, a 54 segundos del triunfo total, no cayó en la tentación de desmontarse con un no se nos dio en esta oportunidad. Tampoco le cantó la tabla a nadie y en medio de la obvia frustración y el agotamiento no le dio un portazo a sus seguidores. Buena lección, aplicable en los más diversos campos y para estrellas de diferentes disciplinas.

Sin bla, bla, bla – Una de las mayores sorpresas que dio Esteban Chaves en este Giro fue la de abrir el debate sobre el apoyo al ciclismo en la capital. Qué bien que por un rato nos sacara del agresivo proceso de paz, del monotema político. Pero además me alegra saber que Chaves no se ha quedado en la queja: hace un año formó un equipo de categorías prejuvenil y juvenil, con todas las de la ley, no apenitas. Consiguió patrocinio para uniformes buenos, para cubrir los viajes de los muchachos a las diferentes competencias en el país, para tener carros acompañantes, entrenadores y equipo de soporte de primer nivel. Cuando viene a Bogotá los acompaña a entrenar, está al tanto y mueve todo lo que puede para obtener recursos y ayudar a que 18 muchachos tengan su oportunidad.

Esteban lo repite: no quiere que el día de mañana se le acerque un muchacho y le diga que tuvo el sueño, el potencial y nadie le abrió la puerta. Eso sí, que la luchen y si no alcanzan a dar todo lo que demanda, que sigan trabajando por sus demás metas. Esa ha sido su propia historia.

Sin falsa vanidad - Chaves tiene claro que sin el respaldo de un equipo, de su gente y de mucho trabajo las cosas no suceden. Este no es el éxito y el reconocimiento logrado por el camino corto y llano, ni tampoco así lo pretende; ha pasado ya por etapas muy duras. Sin pudor reconoce que tiene capacidades, talento y, ante todo, la disciplina que exige estar en el mundo del ciclismo de élite.  A fin de cuentas, para llegar a la meta que quiere debe pedalearla solo, “sufrir, dejar la piel”. Y lo hace, además, sonriente.

A los colombianos nos gusta armar ídolos de barro para poderlos subir y bajar rapidito. Aquí también Chaves se sale del molde: conoce y maneja el contexto, no se deslumbra ni se asusta. Pero no es el único: el país sí ha cambiado y ahora tenemos una generación nueva, sub 30 (incluyo a Caterine Ibargüen y a Falcao), que entiende el deporte como un camino profesional. Piensen en Mariana Pajón, en James y Cuadrado, en ciclistas élite como Nairo Quintana, Rigoberto Urán, Sebastián Henao, Jarlinson Pantano, Darwin Atapuma, Bananito Betancur, Daniel Martínez, Winner Anacona, y en una golfista olímpica como María José Uribe.

El rosado le luce; el rojo ya vimos que le sienta muy bien, y el amarillo lo hará brillar. Chaves tiene tono, temple, seriedad y calidad suficientes para vestirse con las camisetas más importantes del universo ciclístico profesional. Su capacidad deportiva y  de conectar con la gente hoy es evidente para todo el país, en especial para quienes lo descubrieron durante estas semanas de Giro.  

Cuando Esteban Chaves invita a los colombianos a cumplir sus sueños no lo dice por soltar una frase bonita, ni en onda autoayuda o manual de liderazgo. Lo dice porque ha trabajado duro para lograr los suyos sin perder el equilibrio ni la sonrisa.

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