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Opinión

  • | 2016/05/23 17:06

    Las maniobras de Maduro

    La amenaza que trata de combatir Maduro en realidad proviene de la división que hay al interior del gobierno y del PSUV.

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El Socialismo del Siglo XXI del “madurismo” no luce muy bien. Las muy anunciadas maniobras militares del fin de semana pasado, en teoría para disuadir al enemigo externo y mostrar el músculo bélico venezolano, lejos estuvieron de las vistosas paradas cívico-militares y la clásica vitrina de despliegue de armamento y poder que suelen hacer regímenes como los de Corea del Norte o Vietnam. 

Puede ser que las maniobras no resultaran disuasivas frente a una invasión extranjera, para la que Maduro insiste “hay que prepararse”, pero los ejercicios tampoco fueron poca cosa. Con un costo estimado en 20 millones de dólares, se trató del despliegue del “nuevo concepto militar para la defensa integral, donde participa el pueblo, donde participan soldados, soldadas; es la simbiosis perfecta hombres de pueblo en armas y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”, como dijo Padrino López, ministro de Defensa. Y es ahí, en la simbiosis, donde se camufla  el peligroso detonante.

Movimientos por tierra, mar y aire, imágenes y propaganda con postales militares en redes sociales complementaron el calentamiento mental y disuasivo que tiene en la mira a los propios venezolanos. Los ejercicios de Independencia II 2016 estuvieron centrados en ensayar respuestas ante un enfrentamiento interno o la “alteración inducida” y violenta del orden público, control que ya no está solo en manos de la Guardia Nacional sino que se extiende a toda la FANB, incluidas las Milicias Bolivarianas. Mapas y escenarios de  confrontación dibujados sobre la ambigua Resolución 8610 de 2015 del Ministerio de Defensa, que permite el uso de armas de fuego y, de ser necesario, francotiradores para controlar casi toda clase de manifestaciones.

Fatiga ver a la alta dirigencia cívico militar venezolana cada vez más apretada entre ese traje militarista que por tantos años la ha arropado pero que ya empieza a ceder ante los excesos, listo a estallar por las costuras. Valga recordar que casi la mitad de los gobernadores son militares, así como lo es una cuarta parte del gabinete. En Venezuela el apoyo de las fuerzas armadas ha sido crucial en muchos momentos de su historia, donde la rotación de armas en el poder  -carrusel de acceso a prebendas y beneficios- ha significado un verdadero ejercicio de estrategia.

La amenaza que trata de combatir Maduro en realidad proviene de la división que hay al interior del gobierno y del PSUV. La facción más recalcitrante la lidera el presidente venezolano, junto con su mujer Cilia Flores, el belicoso diputado Diosdado Cabello, el gobernador del estado Argua, Tareck El Aissami; el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el comandante general de la Guardia Nacional, Néstor Reverol.

La otra facción la lideran Miguel Rodríguez Torres, ambicioso ex MinInterior de Maduro, Cliver Alcalá –quien apoyó públicamente el revocatorio-, y el gobernador del Zulia, Francisco Arias Cárdenas, líder golpista en 1992, quienes temen que los excesos de Maduro acaben con el legado chavista y los deje a todos fuera del poder. La muerte política la tratan de evitar planteándose como fórmula intermedia en una eventual fase de transición: se venden como chavistas y constitucionalistas a la vez.

Ese es el escenario de “confrontación interna” sobre el cual las palabras del líder opositor Henrique Capriles cayeron como una bomba: el gobernador del estado Miranda es consciente de que la suerte está prácticamente echada y la oposición puede ganar la batalla del revocatorio (se calcula que con 10 millones de votos). Por eso salió envalentonado a presionar a los militares descontentos, diciéndoles que “está llegando la hora de la verdad, la de elegir entre la Constitución o Maduro”. Y en esas andan.

El problema con la salida constitucional es que dejaría a Maduro y al círculo de sus afectos al descampado: a su esposa y a Cabello los rondan procesos por narcotráfico. Una puerta sería la renuncia de Maduro y aceptar el supuesto asilo ya ofrecido por  Bélgica y Uruguay.  Con investigaciones abiertas en Estados Unidos, al diputado le conviene más quedarse en casa. Hora de apurar el paso y flexionar el músculo de la negociación.

La semana arranca con huelga de hambre de médicos que denuncian la grave crisis hospitalaria y humanitaria. A ellos se sumará la inminente huelga de 40 mil empleados del sector eléctrico. Para el miércoles está convocada una marcha nacional a todas las sedes del poder judicial en respuesta al fallo que no permite la protesta frente a ninguna sede del Poder Electoral, encargado de avalar las firmas que piden el referendo revocatorio.

Ahí está pintado el teatro de operaciones. Y allá pueden ir a parar las maniobras militares iniciadas el fin de semana por el gobierno.

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