Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/08/27 18:40

Mínima educación

Sin haber sido votados, los Acuerdos de paz de La Habana ya han hecho un primer aporte positivo: por primera vez en décadas los colombianos estamos hablando de política.

Poly Martínez. Foto: Semana.com

Sin haber sido votados, los Acuerdos de paz de La Habana ya han hecho un primer aporte positivo: por primera vez en décadas los colombianos estamos hablando de política.

Y no me refiero a la politiquería partidista que hoy hastía, que ha polarizado a ciertos sectores urbanos de poder y ha crispado a la "opinión pública". Tampoco hablo del menudeo burocrático, de las peleas entre bancadas o partidos. Los ciudadanos estamos discutiendo y preguntándonos qué es lo que más le conviene a Colombia y cuál puede ser el mejor camino para avanzar: Política en mayúsculas.

Las formas de acercamiento han sido variadas. Tenemos los Acuerdos en audio, en video, en dibujitos, infografías, resumen ejecutivo o en texto puro y duro. A eso se suma lo que dicen en radio, televisión y redes los negociadores, expertos, detractores, entusiastas. Ese tipo de aproximación e intensidad ha sido poco frecuente en nuestra cotidianidad, al menos en las últimas dos décadas. Seguramente después de La María o Cien años de soledad, esas 297 páginas van a ser las más descargadas –no necesariamente las más leídas- de nuestra historia.

Pero la ventolera se nos puede pasar una vez cumplido el plebiscito, justo en el momento -si son aprobados los Acuerdos- cuando hay que arremangarse para hacer la tarea en serio.

Muchos cuestionan de dónde van a salir los recursos para todos los compromisos adquiridos a mediano y largo plazo, hablan del incumplimiento del Estado y las consecuencias de repetir la historia; y especulan sobre el futuro de las platas para el posconflicto en un entorno de tanta corrupción, mientras el gobierno poco trata el tema, si acaso le abre espacio a unos pocos veedores, como por no dejar.

Esos interrogantes no son menores. Sin embargo, pocos pasan a preguntarse qué les corresponde y pueden hacer para que –con o sin Acuerdos aprobados- el país siga discutiendo cómo quiere el futuro y hacer los cambios necesarios, empezando por los de comportamientos cotidianos. La disculpa de que estamos así o asá y hay una inercia por cuenta del conflicto, del narcotráfico, del cambio climático o de lo que sea, se nos está terminando. Es un segundo aporte de los Acuerdos.

En este país, como bien lo dice Fabio Velásquez, director de Foro Nacional por Colombia y autoridad en materia de participación ciudadana, sabemos ir a votar por el candidato de turno, pero después nos desentendemos. Ahora estamos en modo plebiscito, que todavía nos cuesta entender a pesar de ser uno de los 111 mecanismos de participación ciudadana que tenemos. Pero una vez votado, ¿qué vamos a hacer?

Nuestra cultura y educación política es realmente pobre. A los deberes que tenemos como ciudadanos les sacamos poco tiempo, no los entendemos, nos aburren o los evitamos porque afectan nuestros intereses particulares.

El detalle radica en que, como lo señalan las teorías sobre construcción de paz y paz sostenible, la participación activa y comprometida de la sociedad es crucial para que estos procesos y acuerdos sean exitosos. Además -y esto sí que nos cuesta-, se requiere que la sociedad crea que los cambios van a beneficiar a la mayoría.

Es la sociedad civil (usted, yo, los vecinos, los paisanos y los ciudadanos todos) la que tiene que hacer el seguimiento al cumplimiento de los acuerdos, debe vigilar la correcta inversión de los recursos, trabajar por el fortalecimiento de las políticas públicas y acompañar el desarrollo sano de las comunidades más afectadas por la guerra y beneficiadas por el posconflicto.

Dicen que luego de tantos años de guerra, uno de los retos es que los miembros de las FARC aprendan a hacer política sin armas. Tal vez el reto real está en que ese cursito lo tomemos todos.

* @Polymarti

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