Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2015/08/02 01:10

Por deporte

Antes que la muerte, el sudor es lo que nos iguala.

Poly Martínez.

En eso creo porque me gusta creerlo así y porque llevo años comprobándolo: a la hora de correr la Media Maratón de Bogotá (MMB) y todas las “k” habidas y por haber, o en esos minutos empacados al vacío que se sienten justo antes de arrancar a pedalear un evento, todos andamos en las mismas: ansiosos, atentos, alegres de estar ahí, decididos a hacer lo mejor que podamos y listos a sudar el camino. Cada cual con su meta y su camiseta.

Acaba de pasar una carrera importante y a la vuelta de la esquina vienen más. El crecimiento impresionante de tantos eventos de atletismo amateur (5k, 10k, Media Maratón, Maratón y Ultra) y de ciclismo en todo el país obedece a muchos motivos: salud física y mental, vanidad, gusto, mercadeo o por andar a la moda, que también engancha.

Pero lo que produce este gentío que interrumpe vías y se le atraviesa a muchos en su plan dominguero es un efecto más contundente y poderoso que la razón original: lentamente la práctica de estos dos deportes, pero en especial de atletismo (“running” que llaman ahora), ha creado tejido social. Y ese pegamento en una comunidad tan fragmentada como la nuestra vale sus pasos en oro.

Atención: en una Media Maratón como la de Bogotá participa más gente – y sin duda muchos más deportistas- de la que puede recibir El Campín  para un clásico a reventar (este año fuimos 44.169 participantes). E independientemente de cómo quede el marcador personal o de quién la haya sacado del estadio, al cruzar la meta todos nos igualamos en esfuerzo, sudor y sed.  He participado en muchas carreras de diferente formato y distancia –incluida la fatídica Maratón de Boston 2013-  y debe ser por las endorfinas extra o por el físico cansancio que jamás he visto a algún corredor agredir a otro; nadie piensa en acabar con el  que tiene diferente camiseta: no se le hace el juego a la violencia. Al contrario, hay sentido de pertenencia en medio de más de 50 mil desconocidos.  
 
Corremos y pedaleamos solos, pero avanzamos juntos, lo que nos lleva a ser solidarios y a que nos importe lo que le pasa  al de al lado. Aunque para muchos sea incomprensible, quien participa en un evento de estos lo hace, antes que nada, por gusto, pero también lo mueven más motivos. En Colombia cada día toma más impulso correr a favor de otros, como sucede en diferentes partes del mundo: en 2014 los corredores de la Maratón de Londres batieron la marca  al recolectar 53 millones de dólares para apoyar fundaciones; los maratonistas de Boston recogieron 38 millones de dólares y los que entrenaron meses para tener con qué atravesar Nueva York, lograron además de la  medalla y un banano, 34 millones de dólares para donaciones (2011). Se estima que en 2012 los corredores en todas las competencias amateur realizadas en Estados Unidos recaudaron 1.200 millones de dólares; y se sabe que en ese país, en un porcentaje no menor, los fondos donados para la lucha contra el cáncer corren por cuenta de los atletas.

Esta reciente edición de la MMB tuvo como causa oficial a la Fundación Soy Doy, que además de dar a conocer su tenaz labor a favor de la nutrición de menores, recibirá un porcentaje de lo recaudado y el aporte dado por los participantes al inscribirse (aunque solo un 0.5% de los inscritos dan ese extra). Operación Sonrisa movió a 369 corredores quienes con  su participación en la MMB lograron recaudar 200 millones de pesos, casi el 10% del presupuesto anual de la entidad, lo que se traduce en que 200 niños más podrán estrenar sonrisa. Y no se quedan atrás las fundaciones Fana y Cran, que hicieron equipo y lograron 619 inscritos a la MMB, listos a sudar la camiseta y recoger fondos para la misma causa. Seguramente la espectacular Maratón de las Flores de Medellín, en llave con Unicef, recaudará más donaciones este año, además de ser espacio de encuentro y celebración para miles de personas.

Los ciclistas también avanzan: Pedalazos que Construyen, fundación que combina la bici con la construcción de vivienda prioritaria, logró 600 inscritos para su evento de mayo pasado. Con los fondos recolectados y mano de obra voluntaria, ha  entregado ya 81 casas y espera celebrar este fin de año un total de 100 familias beneficiadas. Por el camino, además, Pedalazos entrega bicicletas a los niños – tal vez futuros Luchos, Rigos y Nairos- que viven en diferentes veredas de la sabana de Bogotá.

Es cierto que esto no es el nirvana en pantaloneta y camiseta, pero también es cierto que en cada carrera o ciclo-paseo, con tanta gente en buena onda y dispuesta a valorar el esfuerzo ajeno, se alcanza a vislumbrar el paraíso terrenal y a descansa en paz.

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