Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/07/17 03:17

Terrorismo y negociación

En términos de seguridad Estados Unidos y Europa marcaban el norte. Pero, la guerra contra el terrorismo en Siria e Iraq alientan el yihadismo urbano.

Poly martínez

El viernes sucedió lo que jamás hubiera pensado posible. De pronto me vi embarcada en esta conversación: “Vamos a hacer un acuerdo,  así consideres que es una exageración de mi parte: ahora que vas a Europa es importante que estemos muy en contacto, que en lo posible evites eventos masivos; no te desconectes ni te expongas. Te lo digo en serio”.

Desde mayo pasado, Europa tiene alerta de riesgo alto para viajeros, vigente hasta el próximo 31 de agosto. Supongo que con la confusa masacre en Niza la fecha de caducidad quedó en blanco y el nivel de riesgo aumentó al máximo, aunque nadie lo diga oficialmente. El viernes los países vecinos a Francia anunciaron que implementarán nuevamente los controles fronterizos.

Esta situación era impensable no hace tanto. Es más, en términos de seguridad Estados Unidos y Europa marcaban el norte. Pero, la guerra contra el terrorismo en Siria e Iraq alienta el yihadismo urbano, ahora en manos de jóvenes europeos, muchos de ascendencia musulmana, desempleados y en busca de identidad. Ya no es necesario viajar al Medio Oriente para apoyar la yihad,  basta con desplegarla en casa.

Aunque para nosotros los motivos que animan ese tipo de terrorismo resultan lejanos y difíciles de entender,  la zozobra que genera es tristemente familiar.  ¿Se acuerdan de las alertas de viaje del Departamento de Estado? Se iban sumando una tras otra hasta formar una cruz que nos tocaba cargar a todos los colombianos. Señalados y cuestionados, éramos un titular de riesgo permanente.

Un rápido repaso: cinta de enmascarar en las ventanas, en X para sostener los vidrios por si recibían la onda explosiva; el ABC de cómo comportarse ante una amenaza de bomba; revisadas, raqueteadas y olfateadas en aeropuertos o terminales de bus; puertas abiertas, motor apagado y espejo tipo dentista por debajo de los vehículos; mirada desconfiada y alerta ante maletas sueltas, paquetes abandonados o burros desubicados.

Todos teníamos trazado un mapa de riesgo personalísimo, un segundo radar permanente a lo Waze que detectaba barricadas, nos desviaba de las estaciones de policía y nos mantenía a prudente distancia de las caravanas blindadas. Si caía la hoja de un árbol y sonaba muy fuerte pensábamos uy, dónde habrá sido esa bomba, mientras georreferenciábamos la barbarie a punta de oído. ¿Les suena?

Colombia, que era y es mucho más, quedaba reducida a sinónimo de terrorismo y violencia. Pero además, por cosas de dignidad, de complejo o de desespero, asumíamos la amarga tarea de rendir cuentas, de procurar un poco de contexto. Muchos de los europeos que venían de paso o a instalarse como diplomáticos o empleados de multinacionales, traían en la maleta cierta arrogancia y una cómoda explicación de por qué aquí, en medio de tanta belleza, habitaban todos los males.

Aunque muchos lo dicen en chiste y otros con sorna, ahora es más seguro vivir en esta zona del mundo que en Europa. Colombia ya no aparece con marcador rojo en los mapas de riesgo terrorista, cosa que no nos hace mejores, simplemente nos permite ser más solidarios y realistas frente a la oportunidad de paz que tenemos entre manos.

Salvando distancias, a quienes insisten en la explicación negativa de todo lo que sucede aquí y viven en la burbuja del pesimismo, de algo les puede servir el doloroso espejo europeo, que también es útil para los entusiastas a rajatabla que piensan que con la firma final de los acuerdos de paz todos los problemas derivados de la histórica exclusión social van a desaparecer de un plumazo.    

Es cierto, aquí no estamos negociando con ángeles, pero en estos últimos cuatro años hemos avanzado acuerdos que, sin ser perfectos, ya nos han permitido construir algo de paz. También es verdad que, hoy por hoy, allá no negocian con terroristas y que en los últimos cuatro años han ido perdiendo su paz.

Aprovechando la coyuntura, algunos en Colombia van a tratar de sacar ventaja insistiendo en que la fuerza es el único camino para la seguridad. Pero no hay que dejarse asustar o enredar.  Si no negocian no es porque no quieran, sino porque no pueden: los que se juran ángeles de Alá no tienen interés ni tiempo para sentarse en una mesa a conversar.

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