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Opinión

  • | 2017/01/29 17:44

    Un poco de paz

    Es una gran oportunidad tener a los Nobel de Paz en Colombia. Primero, porque participarán en discusiones amplias con jóvenes provenientes de diferentes puntos del país. Segundo, porque el resto de nosotros, sí necesitamos sacar un ratico para pensar en la paz.

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Enero empezó como muy fuerte: lo que no fue corrupción fue Trump. Y todavía faltan once meses. Entonces, buscando un poco de paz, me fui a averiguar sobre la Cumbre Mundial de premios Nobel de Paz, que se llevará a cabo en Bogotá esta semana (2 al 5 de febrero).

Me adelanto a los que se van a quejar diciendo que el evento fue de lagartos, que les quedó muy maluco, que no llegaron nobeles de verdad verdad, porque sin la Madre Teresa o Mandela eso ya no es lo mismo… Otros dirán que qué falta de oficio, el país desencuadernándose y el presidente Santos recibiendo a un poco de gente que anda deambulando por el mundo sin ser del jet-set, de la realeza, de la lista de los Fortune 500. Algo así, de ese tono y desatino.

Es una gran oportunidad y privilegio tener a los Nobel de Paz en Colombia. Primero, porque participarán en talleres y discusiones amplias con jóvenes provenientes de diferentes puntos del país. Segundo, porque el resto de nosotros, sin ser expertos ni andar metidos 24/7 en temas de paz, sí necesitamos sacar un ratico para pensar en la paz, para escuchar otras experiencias y debates, atender algunas recomendaciones, entender un poco más lo que exige; para ser más sensibles a la paz y no simplemente a la pelea en torno a la paz, porque en Colombia tendemos a confundir las dos cosas.

Revisando la información, lo primero que me impresionó es que casi todos los motivos por los que han sido reconocidos con el Nobel los participantes en esta Cumbre –primera en América Latina- nos aplican como sociedad. Cada uno con su tema, “especialidad” y experiencia  - salvando las distancias culturales, sociales y de contexto-, le habla al caso colombiano.

Me voy  a centrar en tres de las cinco mujeres que asisten a esta cumbre. De estas tres, menos conocidas en nuestro país, dos provienen de países vetados por la administración Trump, prohibición de entrada a los Estados Unidos que fue atajada temporalmente por una juez federal de Brooklyn. El mundo mira –y medio reacciona- desconcertado.

Shirin Edadi (Irán, Nobel en 2003): esta abogada, quien fue miembro de la Corte Suprema de Justicia hasta la llegada de la Revolución Islámica (la mandó al ostracismo de las funciones de  archivo y secretariales), ha dedicado su vida a defender los derechos de mujeres, niños y presos políticos. En 20015, dijo: “Tenemos que recordar que Isis no es simplemente un grupo terrorista. Es una ideología. Y contra una ideología no se pelea con bombas; esta ideología errada solo puede combatirse con la interpretación correcta de la religión. Si le hubieran lanzado libros a la gente, a los talibanes, en vez de bombas; y si se hubiesen construido colegios, 4.000 colegios en homenaje a las 4.000 personas que murieron en el 9/11, hoy no tendríamos a Isis”.  Pide a Estados Unidos y al resto de las potencias que, en vez de bombas, lancen libros a la gente.

En la educación está su respuesta a la violencia. Mensaje para el Estado colombiano: si realmente se emplea a fondo para llevar buena educación a todas las veredas y municipios, va a cambiar las oportunidades de millones de niños y jóvenes.  Educación que abra oportunidades, sin corrupción por intereses sindicales, gamonales o de políticos de ocasión. Hay dos grandes programas, Plan Especial de Educación Rural (en fase de validación) y Universidades de Paz, este último con 17.500 millones de pesos para invertir vía Contratos para la Paz (DNP). ¿Qué tipo de seguimiento se le está dando a esos dineros? Interesante conocer las garantías reales, en el territorio, que blinden esos recursos.

Leymah Gbonee (Liberia, Nobel 2011): luego de padecer 14 años muy sangrientos de guerra civil, en 2003 decidió romper las distancias entre musulmanas y cristianas creando una gran coalición religiosa a favor de la protesta pacífica para denunciar el atroz y sistemático abuso sexual de las mujeres, que es un crimen de guerra.

Entre las iniciativas más conocidas estuvo realizar una gran huelga sexual, que además de buscar la atención de los medios, pretendía mover a miles de hombres que, sin participar directamente en la guerra, se lavaban las manos y aceptaban la violencia contra mujeres y niñas. Su protesta fue un desafío para el orden social y cultural del país. El punto clave que hace Gbonee: a los hombres hay que moverlos de su cómoda indiferencia frente a la violencia o discriminación contra las mujeres, porque siempre les resulta más fácil  que las cosas sigan como están.

El de Colombia ha sido el único Acuerdo en la historia que ha tenido una Subcomisión de Género, además de contar con mujeres entre los equipos negociadores. El reto ahora está en traer a la mujer rural al pleno conocimiento y uso de sus derechos y deberes; que tenga asiento en los procesos de inversión de recursos a través de los comités territoriales o de planeación. En diciembre pasado, con una perspectiva amplia frente al rol de la mujer en el posconflicto,  la Fundación Ideas para la Paz, ONU Mujeres y Pacto Global publicaron una Agenda de Trabajo en la que proponen alternativas y acciones concretas a favor de la inclusión de la mujer. Pero retomando la experiencia de Liberia, aún hay que zarandear a muchos hombres de su cómoda indiferencia.

Tawakkol Karman (Yemen, Nobel 2011): periodista, politóloga, esta joven mujer fue clave para la Primavera Árabe. La llaman la “Madre de la Revolución” y sorprender porque, valorando su cultura y tradición, ha logrado abrirse un espacio como tenaz defensora dela libertad de expresión y de los derechos de las mujeres; ha desafiado al mundo árabe.  ¿Cómo lo hizo, en un mundo como el árabe? Su respuesta es sencilla y poderosa a la vez: “Creyendo en nosotras, en nuestra capacidad de lograr el cambio y de ser parte de la solución”, como le dijo a la BBC.

En septiembre de 2014 hubo un golpe de Estado y los avances logrados, encaminados a la redacción de la constitución, entre otros, quedaron en el aire. Regresó la violencia y metieron mano en el conflicto las potencias de la región. Karman se cuestiona hoy cómo fue posible semejante  retroceso, que regresara la guerra después de un acuerdo de paz. Se ha cuestionado los motivos: habla de la fragilidad del Estado y su incapacidad de controlar el territorio; la creación de milicias armadas por la dictadura que en 2011 derrocaron, y el tráfico de armas; la injerencia de potencias de la región; la corrupción y la falta de justicia… Mucho de lo que, con nuestras particularidades, también conocemos aquí.

En una entrevista que dio a finales del año pasado, a propósito de qué debería hacer la comunidad internacional para hacer sostenible los acuerdos de paz, concluyó: “Lo que nos espera hoy, de manera urgente, es una gran lucha humanista por una globalización más constructiva, positiva, equitativa” que beneficie a todas las personas, no a unos pocos; que beneficie a toda la sociedad, no solo a ciertos grupos; que beneficie a todos los países y no solo a las

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