Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/07/02 09:31

Cusiana

Cusiana no es solo un hito de la industria petrolera. También refleja la capacidad que tenemos los colombianos de embarcarnos en proyectos descomunales y avanzar haciéndonos zancadilla a lo largo del camino.

Poly Martínez

Es muy impresionante. Por donde se mire, Cusiana ha sido el descubrimiento petrolero más importante de estos últimos 25 años. Y visto en retrospectiva, también encapsula en su propia historia la de Colombia, con sus mitos, verdades, éxitos y fracasos.

Hace 25 años aquí sucedía de todo y más bien pocos venían al país, menos aún a internarse en el piedemonte casanareño a buscar lo que se daba por perdido. Narcotráfico y guerrillas, crisis institucional, ilusión e incertidumbre con la nueva Constitución, violencia por todos lados y bajo muchas modalidades; medio mundo espantado con la sola idea de aterrizar de paso, ni hablar de invertir o jugársela aquí.

En esa escenografía apareció Cusiana, campo cuya operación queda en manos de Ecopetrol a partir del 4 de julio, cumplido el tiempo del contrato de asociación Tauramena que, de la mano de BP y en los últimos cinco años de la de Equión, le trajo inmensa riqueza al país, a la región y un gran desarrollo a la industria petrolera nacional. Entrega puntual, como fue el compromiso, cosa que no es un dato menor en este país de componendas e incumplimientos.

Cusiana cambió la forma de explorar y producir petróleo en Colombia. Ha operado bajo estándares mundiales, con tal excelencia en seguridad industrial que es un referente internacional. Además, la compleja geología del piedemonte casanareño obligó a que allí se desarrollaran herramientas específicas y aplicaciones tecnológicas de impacto mundial todavía vigentes. Talento humano nacional con calidad de exportación.

Pero si en el subsuelo las cosas han sido retadoras, sobre el terreno garantizar la operación de Cusiana ha sido realmente teso. Nació en una zona  remota, sin infraestructura, con bajísimo desarrollo socioeconómico y relegada por toda la institucionalidad. A cambio, dos frentes de las Farc (28 y 56) y el José David Suárez del ELN.  Para completar, estas otras “bellezas”: los Buitragueños, autodefensas casanareñas que terminaron al mando de ‘Martín Llanos’;  y Miguel Arroyave (‘Arcángel’), quien se hizo a una franquicia de Carlos Castaño y afincó el Bloque Centauros de las AUC, con cobertura en Casanare y Meta.

Casanare es un departamento joven con una dirigencia irresponsable que se rehúsa a crecer. Casi un gobernador al año, donde varios han terminado en la cárcel, como también ha sucedido con alcaldes de Aguazul, Tauramena y Yopal. Corrupción, abusos con las regalías o vínculos con los paras hacen parte del expediente del liderazgo local. Los partidos y movimientos políticos nacionales miran para otro lado, pero cada cuatro años pasan a recoger votos y cheques en avioneta.

Mientras, la población ha enfocado todas sus expectativas en el petróleo pues el arroz, la palma y el ganado no pagan regalías, no construyen infraestructura, no tienen planes de  inversión social derivados de licencias ambientales, que tampoco están obligados a tener a pesar del impacto ambiental que causan. Y los gobiernos locales no es que hayan  creado mayor cosa en estos 25 años.

No está bien visto que se diga en voz alta esta realidad, o que la sísmica no es la causante de todos los desastres naturales. Pero además, nadie cuestiona si las vías de hecho son alentadas veladamente por las autoridades locales para forzar negociaciones que les permita cuadrar su caja política o económica. O ambas.

Subsiste esa actitud de clavar a la petrolera, de sacar lo máximo, como es cada vez más la tendencia entre las JAC, en Casanare verdaderas ruedas sueltas: venden cupos de trabajo, imponen tarifas desbordadas en su oferta de bienes y servicios a cambio de no parar las actividades. ¿Cómo será aquello cuando el país de verdad invierta en el desarrollo de infraestructura y busque ampliar la frontera industrial, turística o productiva?  Tras los acuerdos con las Farc y eventualmente con el ELN – que mangonea  abiertamente a las JAC del piedemonte casanareño- , ¿serán las bandas criminales las que presionen y manipulen la agenda comunitaria?

Y, a mi juicio y experiencia, también sobrevive en las petroleras una actitud tímida o vergonzante ante la sociedad, como si producir petróleo, aportar regalías, pagar impuestos, generar empleo, mitigar la huella ambiental, contribuir al desarrollo, apoyar la formación técnica y la investigación, aportar al emprendimiento local, propiciar el establecimiento de veedurías ciudadanas de seguimiento a las regalías, o llevar el esquema de Casas de Justicia fuera poca cosa. No, no todo lo del rico es robado.

Cusiana no es solo un hito de la industria petrolera. También refleja la capacidad que tenemos los colombianos de embarcarnos en proyectos descomunales y avanzar haciéndonos zancadilla a lo largo del camino. Han pasado 25 años y muchas cosas en este país sin que Cusiana haya dejado de funcionar como un relojito. Pero como reza el dicho, todas las fechas se cumplen. Hoy es el turno para Cusiana.

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Algunas cifras: producción total de 651 millones de barriles, 80 pozos perforados, uno de los cuales produjo 30 millones de barriles; pozos de 18 mil pies de profundidad (más de 5.500 metros, como el nevado del Tolima… pero de para abajo). El campo Cusiana, en sus buenos años, alcanzó a producir 320 mil barriles diarios.  

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