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Opinión

  • | 2009/05/14 00:00

    ¿Por qué no Fajardo en 2010?

    Una fórmula que recoja a probados políticos independientes puede ser alternativa al estéril dilema uribismo-antiuribismo.

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La incertidumbre por la indecisión premeditada del Presidente de si aspira o no a un tercer mandato, ha llevado a que los partidos y sus potenciales candidatos entren en una dinámica electoral donde el cálculo prima. Así, las agendas personales son más pronunciadas que las programáticas, las diferencias de criterio entre copartidarios se ventilan públicamente, y al cabo, la cohesión de los partidos se quiebra. Hasta el momento, sólo se divisan movimientos motivados por cálculos electorales y ambiciones personales, y que en su gran mayoría se forjan a partir de la estéril y polarizante dialéctica de Uribismo vs. Antiuribismo.

Unos defienden lo que se tiene apasionadamente, sin autocrítica, con soberbia. Los otros sólo piensan en hacer borrón y cuenta nueva, en refundar todo lo que ya existe, igualmente sin autocrítica pero con idéntica soberbia. Se ve negro o se ve blanco, pero nunca gris. El debate se simplifica, la descalificación del otro se exacerba, el examen objetivo de las cosas desaparece. Para rematar, la falta de reglas claras, la constante manipulación de las coyunturas, y la incertidumbre generalizada, acentúan el nerviosismo. Al final, la perjudicada siempre es Colombia. La lista de interrogantes de cara a las próximas elecciones es larga y abrumadora. La escasez de propuestas, francamente desoladora. Parte el alma.

Pero no todo está perdido. Dicen que de toda crisis nace una oportunidad.

La de este pasaje, creo yo, atesorada en el hecho de que por los mismos efectos de la polarización, algunos de los políticos más importantes de origen y/o vocación independiente que ha tenido el país, están hoy sin casa, y hoy más que nunca son independientes. Bien porque así construyeron sus trayectorias, y como tal, así prefirieron sobrevivir, o bien porque eligieron alejarse del sinsentido de las opciones que hoy toman sus antiguos copartidarios, y de la amargura que les causa convivir con sus prácticas y conductas.

Es en este panorama, bajo una fórmula que recoja a este grupo de probados y curtidos políticos independientes, desde donde creo que se puede gestar la materialización de una opción alternativa. Una opción que refresque el debate para plantearlo en términos serios, de propuestas, y por fuera de la infértil y destructiva lógica de los unos contra los otros. Con espacio para que quienes le apuestan a una manera limpia y decente de hacer política, sean de izquierda, centro o derecha, construyan espacios comunes, sin ambigüedades, de cara a los problemas del país.

Por eso, esta es la oportunidad de aquellos que han osado desafiar la putrefacta tesis que insiste que sin maquinaria y clientelismo es imposible ganar, y quisieran hacerlo otra vez. La de quienes han creído y ejercido la política con pragmatismo, pero con idealismo al mismo tiempo. La oportunidad de aquellos que entraron a la arena pública bajo la profunda convicción de querer transformar y mejorar lo que ya existe. De individuos que bregaron por renovar los códigos de convivencia de nuestros ciudadanos por medio de pedagogía y educación, y la imaginación creativa de, por ejemplo, un mimo. También a través de bibliotecas, extraordinarios colegios públicos, ciclo-rutas, así como parques, espacios y eventos recreativos públicos para que todos pudiéramos disfrutar y sentirnos parte de lo mismo. De realizadores de promesas prácticas y revolucionarias en materia de transporte masivo. De los arquitectos de una Bogotá por la cual el país entero siente orgullo, pero que hoy por hoy, nos duele verla tropezar. De aquel que integró al proyecto de ciudad un enfoque con mayor conciencia social.

Es la oportunidad de aquellos que estuvieron su vida entera en la oposición, pero tuvieron el honor de fortalecer nuestra democracia cuando a través de ella conquistaron el poder, y entendieron que gobierno es representar a todos, y no sólo a los suyos. Es una oportunidad para aquel que dejó las armas para jugársela toda por la democracia. Definitivamente para los que sacrificaron su pertenencia a un partido ante la locura desatada por esta guerra fría de Uribistas y Antiuribistas y la bendita reelección. Y de quienes no resistieron tanto mesianismo, reeleccionismo y populismo, y se apartaron de Uribe a pesar de que por varios años batallaron con convicción a su lado. También la de aquellos que sufrieron reveses electorales ayer, hoy se encuentran al margen, pero esperan y saben que se merecen una nueva oportunidad.

Es ciertamente la oportunidad de personas que han sabido reconocer los aciertos de la Seguridad Democrática, pero que bajo la luz de los falsos positivos, las chuzadas, la infamia del DAS, y otras grietas de la política, tendrán el valor no sólo de señalarlas, pero además de hacerlo con el compromiso de proponer con ideas, propuestas claras para enmendarla y fortalecerla. Y urgentemente, la de quienes entienden que la guerra contra la ilegalidad y los grupos armados hay que darla sobre la base del fortalecimiento de nuestra actual constitución. No su debilitamiento.

Es el momento de personas que nos comunicarán con responsabilidad y franqueza por ejemplo sobre el inevitable impacto que tendrá y ya viene teniendo en nuestra economía la actual crisis financiera. Insólito. El mundo entero enfrentado a la peor crisis económica desde la Gran Depresión y la atención del país centrada, casi exclusivamente, en esta nueva peripecia reeleccionista. ¿Economía “blindada”? ¿La colombiana? Eso le decían poco tiempo atrás al país. Hoy, ante cifras implacables sobre la desaceleración de las exportaciones, y caídas en la tasa de empleo y producción industrial, esas mismas personas suplican “preservar la confianza”.

Es por todo esto y más, que se ratifica el inmenso valor que para nuestra sociedad tiene este grupo de personas. Porque a lo largo de sus carreras nos han invitado a pensar por fuera de lo aceptado y lo mediocre, y porque sus estándares no son los que impone un molde o la costumbre. Y sin embargo, sólo uno de ellos podrá ser Presidente. Algo realizable y verosímil, sólo si en un punto atinado de este largo y difícil trayecto electoral, otros sacrifican sus aspiraciones para respaldarlo, y entregarlo todo a la construcción de esta iniciativa. Por supuesto, reconociendo quienes así lo hagan, que en el avance de esa candidatura no sólo se recogerá y reflejará el talento, los principios y la energía de todos, pero asimismo, el sueño que los une.

Me podré equivocar, pero creo que esa persona es Sergio Fajardo. Por su obra como alcalde de Medellín. Por sus mensajes. Por ese reto que se ha impuesto de demostrar que tiene las “condiciones para el liderazgo moral de Colombia.” Por su momento actual. Y necesariamente, porque de tiempo atrás, a pesar de que lo ridiculizaran o lo tildaran de quijote, se decidió a fondo, sin cálculos de reelección y Uribe de por medio, a recorrerse el país hasta alcanzar su meta. Ser presidente de Colombia en el 2010.

Los votos de las maquinarias se encuentran prácticamente contados y comprometidos. La fórmula del voto de opinión, aunque no obliga, y por lo tanto no es garantía de nada, tiene sí, sobre los elementos de la inspiración, la persuasión y la convocatoria el potencial de generar una verdadera bola de nieve. Este efecto es bien conocido por este grupo de personas. Sus éxitos electorales fueron fruto de este. Igual que Uribe en el 2002. Igual que Obama en el 2008. ¿Y entonces, por qué no Fajardo en 2010?


*Germán Sarmiento es analista político

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