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Opinión

  • | 2008/01/19 00:00

    ¿Por qué no te los llevas?

    El problema es que con esta actitud de Chávez de apoyo a la guerrilla colombiana nuestro conflicto se africaniza

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No soy de los que piensan que si Colombia no tuviera guerrilla sería el paraíso terrenal. Si mañana se acabaran los guerrilleros seguiríamos teniendo la mitad de la población en la pobreza, niños que se mueren de hambre, ancianos abandonados, indigencia en las calles, pueblos sin acueducto, desplazados, y grupos paramilitares controlando regiones y matando campesinos y líderes populares. Sin embargo, si los guerrilleros de las Farc y del ELN (que no se sabe bien cuántos son, pero digamos que entre quince mil y treinta mil) fueran bolivarianamente acogidos por la muy bolivariana república de Venezuela, nos quitaríamos un gran problema de encima. Si ellos efectivamente comparten el proyecto político del gobierno de Venezuela, y si Chávez admira el ideario político y los métodos de lucha de la guerrilla, ¿por qué no se van y se radican en el país vecino? Veinte mil o treinta mil nuevos venezolanos no serían una catástrofe demográfica en un país mucho más despoblado que el nuestro.

Dirán que esta propuesta no es seria ni realista, y efectivamente no lo es. No lo es, porque el discurso chavista tampoco es serio. Si él tuviera un grupo armado traficando, cometiendo atentados y secuestrando en su territorio, se le saldría entero el chafarote que lleva dentro. Si apoya a las Farc ahora es para producir en Uribe la mayor molestia posible, y porque ve en las Farc una punta de lanza en su loco proyecto de hegemonía regional. Pero si las Farc se le metieran a actuar dentro de su territorio, él se dedicaría a la diplomacia del fusil. Los apoyará, con armas, con plata, con publicidad, con santuarios de descanso allende las fronteras, siempre y cuando no cometan actos terroristas en Venezuela y se limiten a delinquir aquí. Cerrará un ojo, eso sí, cuando secuestren de vez en cuando a algún hacendado venezolano hostil al régimen bolivariano, pero no más.

El problema es que con esta actitud de Chávez de apoyo a la guerrilla colombiana nuestro conflicto se africaniza. Una de las catástrofes de algunas partes de África ha sido que los países vecinos, por viejas rencillas fronterizas o líos de egos entre los gobernantes, han apoyado a los grupos alzados en armas de la nación de al lado, con lo que los conflictos internos se vuelven internacionales, y se vive siempre al borde de una guerra regional. De hecho, Chávez ha emprendido desde hace mucho una carrera armamentista que no permite presagiar nada bueno. Esperemos que sea una estrategia sólo defensiva, por temor a una intervención de Estados Unidos, pero aviones y tanques de defensa se pueden usar también para la agresión. Ya sabemos que en algún momento de crisis económica (quiebre en los precios del petróleo) o de baja en la popularidad de un gobierno, la tentación de un conflicto internacional está siempre presente.

En Colombia vivimos en una situación de desunión paradójica: un sector de la población, por odio a Uribe y a los paramilitares (el gobierno acaba de cometer otra burrada al encargar de la Gobernación de Córdoba a un personaje que visita con familiaridad a Mancuso), hay quienes ven con simpatía la inadmisible injerencia de Chávez. Hay que entender lo siguiente: tanto las guerrillas como los paramilitares son dos tipos de enfermedades mortales para el Estado colombiano. Tenemos que oponernos a ambos con todo el rigor. Por lo mismo no es imposible -y esta es mi posición- estar al mismo tiempo contra Chávez, cuando apoya a los secuestradores y narcotraficantes de las Farc, y contra Uribe, cuando sigue dando tumbos en su política sobre el problema paramilitar. Y aunque esté contra Uribe cuando su ceguera lo lleva a apoyarse en para-políticos, estoy con él cuando se enfrenta a las Farc y a Chávez.

Es como si Colombia tuviera cáncer (guerrilla) y sida (paramilitares) al mismo tiempo. Habrá que apoyar la quimioterapia (seguridad democrática) con que se trata el cáncer, pero criticar los pañitos de agua tibia (proceso de paz con los paras) con que se combate el sida.

Necesitamos un gobierno digno, que sea radical y rompa por completo con esas dos pestes colombianas: el paramilitarismo y la guerrilla. El gobierno actual, aunque de palabra haya dicho que se distancia de los paramilitares, en muchos hechos les sigue haciendo el juego, como en este nombramiento en Córdoba, corregido a última hora gracias a las denuncias de la prensa. Pero esta crítica no puede volvernos ciegos ni acercarnos a Chávez, como en mala hora ha hecho la senadora Piedad Córdoba. También contra esta guerrilla que secuestra, tortura y asesina, tenemos que estar firmes. Con Uribe, pues, en contra de las peligrosísimas payasadas de Chávez y las barbaridades de las Farc, y contra Uribe cuando sigue creyendo que los paramilitares son un antídoto contra la guerrilla y no una enfermedad más, tan maligna y mortal como la anterior.
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