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Opinión

  • | 2008/06/28 00:00

    Por qué votaré por Holguín Sardi

    Los políticos dormidos son mansitos. Holguín no es como Valencia Cossio, que a media noche anda despierto organizando referendos. Él sí es un peligro.

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Lo estoy viviendo en estos momentos: me encontraba tomando un curso profiláctico para saber qué diablos hacer durante el nacimiento de mi primera hija, y cuando ya me estaba arrullando bajo el sopor de todas esas recomendaciones tediosas, sucedió algo que aún no puedo olvidar: y es que la enfermera explicó que poco antes de que nazca bebé, el cuerpo de la mamá expele una cosa denominada tapón mucoso.

—Es redondo, de aspecto corrugado, como con grumos –explicó–. Aunque parece que palpitara, no tiene sensibilidad alguna. Los papitos debemos estar listos porque cuando sale ese tapón, es que ya viene bebé.

Me desesperaba que hablara de papitos, que hablara en plural, que omitiera el artículo cada vez que se refería al bebé, y sentía una angustia colegial cuando lanzaba preguntas abiertas que me hacían ocultarme tras el cuerpo del papito que tenía delante, para pasar desapercibido.

Sin embargo, desde que la enfermera explicó lo del tapón mucoso perdí la concentración y me distraje con una duda que alguna vez comenté, y que todavía me obsesiona: ¿cómo hizo el partero que atendió el aterrizaje de Valencia Cossio a este mundo para diferenciar una cosa de la otra? ¿Cómo hizo para saber cuál de aquellas masas grumosas era el tapón y cuál el bebé?

Me acordaba de eso ahora que se acaba de posesionar como ministro del Interior. Y al menos por un rato ese recuerdo disipó el dolor que me causa la renuncia del ex ministro Holguín, por quien votaré en las próximas elecciones.

Sé que es prematuro haberlo decidido desde ya, pero por primera vez tengo una certeza infalible. Quizás esa decisión se empezó a gestar en mí desde aquella vez que vi una fotografía suya, amodorrado en una de las frijoladas de doña Olga Duque de Ospina.

Dios mío, pensé: no les basta con la vocación que este pobre hombre tiene hacia la somnolencia: encima de todo lo llevan a esos aburridores almuerzos, en los cuales hay más de una mujer embalsamada, en los cuales lo más gracioso que ha pasado es que una vez llevaron a Pinchao, y en un gesto amplio parece que le permitieron comer en el comedor y no en la cocina con los escoltas; en los cuales la tarde va cayendo mientras un poco de políticos viejos se emborrachan y se lo piden a lo que se mueva; lo llevan a esos almuerzos, digo, y le clavan unos fríjoles espesos y abundantes, como para que si tenía algún acceso de vitalidad, se le apague sin remedio.
Esa foto representaba el paso previo de otras en las que aparecía descuajándose ya sin pudor en unas siestas deliciosas, durante las cuales se le desgonzaba el cuello, abría la boca y dejaba que se le viera una baba templada que le asomaba desde la comisura del labio, y que parecía que iba a caer, pero no caía: como el ministro de Protección.

Supongo que ahora que prepara su lanzamiento a la Presidencia, al doctor Holguín le echarán en cara esa inevitable tendencia que tiene para quedarse dormido.

A mí, en cambio, me parece que el hecho de que viva con sueño es una razón para votar por él; no para dejar de hacerlo. Aun más: debería lanzarse en nombre de ‘Por el país que soñamos’.

Puede ser que represente a esas castas regionales que se eternizan en el poder; que no sólo él, sino también su hijo, sean dados a vivir del Estado; puede ser que haya sido cínico y mañoso para hundir proyectos que le convenían al país pero no al gobierno, y que haya dejado constancia de su visión retardataria de la vida en casos como la unión de homosexuales y el aborto. Pero todo eso lo hizo mientras estaba despierto. Mientras dormía, en cambio, fue un hombre ejemplar. Y como cada día que pasa parece que duerme más, para el 2010 estará en su mejor momento. Los políticos dormidos son mansitos. Si usted ve un político dormido, déjelo dormir. No lo despierte. Está demostrado que mientras está dormido, el político no ataca al hombre.

Holguín no es como Valencia Cossio, que a media noche anda despierto organizando referendos. Él sí es un peligro.
—De aspecto corrugado –decía le enfermera–. Aunque parece que palpitara, no tiene sensibilidad alguna.

He estado pendiente de las cosas que hace y dice el doctor Valencia Cossio desde hace bastante. Y estoy llegando a la conclusión de que durante el parto pudo haber un equívoco: es posible que los médicos hayan desechado al bebé. Y que estemos en manos del tapón.
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