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Opinión

  • | 2010/03/31 00:00

    Por los secuestrados ha trabajo más Piedad que Uribe

    Sin desconocer los esfuerzos del gobierno por recuperar el territorio y contener las acciones terroristas de las Farc, la actitud de Piedad Córdoba ha sido la mejor en aras de proteger la vida.

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Jugársela por la paz en un país en conflicto no es tarea fácil y mucho menos cuando la posición del primer mandatario es militarista y de mano fuerte con la subversión. Sin embargo, la senadora Piedad Córdoba decidió apostarle a demostrarle al gobierno nacional con hechos contundentes, que las liberaciones de quienes se encuentran en poder de las Farc se puede lograr y que perseverando se puede devolver la tranquilidad a los colombianos.

Si comparamos el número de liberaciones unilaterales (13) con la de los rescates militares (Operación Jaque), podría llegarse a la conclusión de que ha logrado más la senadora Piedad Córdoba por la vía del diálogo, que el presidente por la vía militar.
Sin desconocer los esfuerzos del gobierno por recuperar el territorio nacional para el Estado y contener las acciones terroristas de las Farc, es claro que la actitud de Piedad Córdoba ha sido la mejor en aras de proteger la vida de las personas que están sometidas al cautiverio en las selvas de Colombia, no sólo por luchar por el regreso a la libertad, sino además por darles tranquilidad a los familiares de los secuestrados.

Para el gobierno del presidente Uribe hubiese sido mejor el rescate por la vía militar que la liberación por vía de la intermediación. De hecho, la apuesta del primer mandatario durante sus ocho años de gobierno fue que el Ejército Nacional les arrebatara a las Farc a quienes ellos denominan prisioneros de guerra. El primer intento fue el 5 de mayo de 2003, hecho que terminó con el asesinato del gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria Correa, y el asesor de Paz, Gilberto Echeverry, junto con ocho soldados compañeros de cautiverio. La lección aprendida fue contundente. En un intento por restablecer el orden y la seguridad, no se puede poner en riesgo la vida de quien se encuentra en manos del enemigo.

Sin siquiera imaginarse que podría llegar al éxito, el presidente Uribe delega la misión de trabajar por la liberación de los secuestrados en poder de las Farc a la senadora liberal Córdoba, su más grande opositora dentro de las filas del liberalismo. Ella emprende la tarea de manera decidida a pesar de las críticas que le llegaron luego de realizar los primeros acercamientos con Raúl Reyes el 17 de septiembre de 2007.
 
Piedad, quien no le teme a nada, inició entonces los contactos para lograr su objetivo en el corto y mediano plazo a pesar de los ataques verbales que le llegaban de todas partes, debido a que en la opinión pública se sembró la opinión de que quien no estaba a favor del gobierno nacional, en materia de orden público, estaba a favor de la guerrilla. Aquella opinión, por demás, fue ayudada a difundir por el mismo presidente Uribe, quien en medio de una de las acostumbradas imprudencias de su homólogo venezolano Hugo Chávez, la desautoriza para continuar en la misión.

Sin ser su más ferviente admirador, reconozco que valoro la manera como la senadora Piedad Córdoba asumió el trabajo por liberar a quienes están en poder de las Farc, tarea de por sí casi imposible de lograr. Sin embargo, de una manera muy sutil, asume este trabajo como una forma de oponerse al gobierno nacional. Y me gusta que lo haya logrado, porque así, de paso, aprendió que para ser escuchado no es necesario invitar a la subversión como lo hizo en un foro estudiantil en la Universidad Nacional en septiembre de 2008, ni tomarse fotos con jefes guerrilleros portando la boina alusiva al grupo armado ilegal y mucho menos pedirles a los demás países que rompan sus relaciones con Colombia.

Colombia entera agradece por su tarea, porque se sabe y se es consciente de que lo riesgosa que es, incluso los mismos liberales, quienes poco han hecho por demostrárselo, hecho que a ella tampoco le afecta, ni le interesa, pues sabe que en su partido son más los enemigos que puede contar con los dedos de su mano, que los amigos que puede abrazar.

Quiera Dios que su tarea por pacificar las armas y lograr el regreso de los secuestrados a sus hogares no cese y que por el contrario a esta misión se sumen más y más personas no solo en el nivel nacional, sino también en el mundo entero.
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