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Opinión

  • | 2005/05/22 00:00

    Posada Carriles

    Posada Carriles es un terrorista confeso, responsable de la muerte de pasajeros de avión y turistas de hotel. Pero también es un cubano de Miami

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El presidente George Bush se está pareciendo cada día más a un malabarista de semáforo: tiene que jugar a mantener en el aire a la vez cinco o seis papas calientes, y se le están cayendo casi todas.

La más gorda es la de la guerra de Irak. Los generales del Pentágono acaban de reconocer que, en contra de lo que venía diciendo su gobierno, sus tropas de ocupación van a tener que quedarse allá "por muchos años". Otra, que está creciendo, es la de las torturas. Pues ya no es sólo la historia de Abu Ghraib, por la cual han sido condenados a unos pocos meses de prisión un par de soldados rasos y absueltos todos sus jefes. Sino además el descubrimiento de que la CIA ha contratado la tortura por policías más o menos amigas (de Egipto, de Jordania, y hasta de Siria) de cerca de 150 sospechosos detenidos en territorio de los Estados Unidos. Algunos de ellos no han desaparecido, y, al reemerger a la vida, han causado el escándalo no sólo de la prensa liberal norteamericana sino también la de algunos senadores del partido republicano que todavía confían en la decencia de su gobierno. Y hay más papas calientes: el apoyo a este represivo (pero aliado) presidente de Uzbekia, o al aún más represivo (pero aún más aliado) presidente de Pakistán. Pero la más reciente, y la más caliente, porque pone en juego nada menos que toda la legitimidad de la guerra frontal contra el terrorismo, es el caso de un señor que se llama Luis Posada Carriles.

Posada Carriles es un cubano anticastrista de Miami que, en su juventud, participó en el desembarco de exiliados de Playa Girón o de Bahía de Cochinos. Tras su fracaso, siguió durante muchos años trabajando a sueldo de la CIA norteamericana. Y en tanto que tal organizó un atentado con bomba contra un avión de Cubana de Aviación que dejó, en 1976, setenta y tres muertos. Fue detenido por eso en Venezuela, pero al parecer a causa de las posibles complicidades de las autoridades venezolanas de entonces con el acto terrorista, pasó años y años sin ser sometido a juicio. Luego huyó a la América Central, en los tiempos en que John Negroponte, el actual jefe del conjunto de agencias norteamericanas de inteligencia y espionaje, coordinaba desde su cargo de embajador en Honduras la múltiple guerra secreta de la CIA en Nicaragua y El Salvador. Después puso unas bombas en hoteles de La Habana y Varadero, que dejaron varios heridos y un turista italiano muerto. Y finalmente fue detenido en Panamá cuando planeaba un atentado con explosivos contra la Cumbre Iberoamericana del 2002, a la que asistía, entre los docenas de jefes de Estado, Fidel Castro. Lo dejó en libertad hace un año el perdón especial de la presidenta de Panamá Mireya Moscoso. Y nada volvió a saberse de Posada Carriles hasta hace quince días, cuando pidió en Miami asilo político.

Lo detuvieron. El Departamento de Seguridad Interna de los Estados Unidos, creado explícita y exclusivamente para combatir el terrorismo, acaba de acusar al terrorista convicto y confeso Luis Posada Carriles de "entrada ilegal" al país. Nada más.

Pero dentro de tres semanas -el día 13 de junio- un tribunal de inmigración de El Paso (Texas) deberá decidir lo que hay que hacer con él. Lo piden en extradición Venezuela, por lo del avión, y Cuba, por lo del avión y por lo de los hoteles.

No es probable, sin embargo, que se lo vayan a entregar a ninguno de esos dos países. El gobierno de Bush los considera a ambos terroristas. Pero Posada Carriles es él mismo, repito, un terrorista convicto y confeso, responsable de la muerte de pasajeros de avión y de turistas de hotel. Claro está que es también un cubano de Miami; y los votos cubanos de la Florida, que fueron cruciales en la primera elección de George Bush hace cinco años, pueden volver a serlo en la de su hermano Jeb (hoy gobernador de la Florida) dentro de tres. ¿Qué jugará más entonces? ¿La retórica contra el terrorismo global, o la defensa del terrorista amigo?

¿Y si, encima, Posada Carriles habla?

Vaya uno a saber. A lo mejor se muere antes, en la cárcel. De infarto. Nos quedan tres semanas.
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