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Opinión

  • | 2017/03/24 20:53

    Celebraciones e incertidumbres

    Sería ideal hacer una gran alianza entre todos los alcaldes de la Sabana y sus Concejos, para tratar de disminuir esa transformación de los suelos rurales que son tan productivos para convertirlos en suelos para urbanizar.

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Termina el mes de marzo rindiendo homenaje a las Mujeres, al agua, al equinoccio de primavera. En Bogotá se festeja un centenario, el de una organización cívica, la Sociedad de Mejoras y Ornato, la cual presentó en 1917 el primer Plan de Ordenamiento Territorial, “Bogotá Futuro”, que proyectó el futuro del desarrollo de la ciudad al 2017.

En materia de celebraciones y de compromiso cívico por el "ornato" de la ciudad, se trata de un ágape de reflexiones sobre el futuro de Bogotá-Región.  Se trata de una oportuna iniciativa de convocar ambientalistas, historiadores, demógrafos, urbanistas y estudiosos de la ciudad para discutir y contribuir a perfilar las propuestas del Plan de Ordenamiento Territorial del 2017.

La convocatoria y las reflexiones de varios grupos de pensamiento buscan concertar un legado sobre el futuro ambiental de la ciudad. Esta iniciativa es liderada por los arquitectos Carlos Roberto Pombo e Ignacio Restrepo, con la participación de miembros de la junta directiva de la Sociedad. La celebración incluye también el análisis de incertidumbres generadas por el modelo de urbanización y el innecesario crecimiento invasor de la ciudad.    

Desde mediados del siglo XX, cuando Le Corbusier visitó la capital, se realizaron los principales estudios que asociaron la planificación territorial a los usos del suelo y a las proyecciones sobre el crecimiento poblacional y económico de la ciudad. Las migraciones internas, estudiadas por el sociólogo Ramiro Cardona y el connotado Centro Regional de Población en Bogotá durante los años 1970 y comienzos de los 1980, dieron cuenta de un crecimiento acelerado de la población. La guerra bipartidista que hizo tantos estragos en los campos, aceleró las urbanizaciones ilegales, invasiones de tierras urbanas y nuevos asentamientos sin servicios básicos, muchos en zonas de alto riesgo y vulnerables al cambio climático.

La violencia bipartidista en varias regiones del país expulsó millones de campesinos hacia las ciudades y las migraciones internas contribuyeron a la rápida expansión urbanística de la ciudad. De ahí siguen las consecuencias del conflicto armado que ahora, con los Acuerdos, deben llevar a nuevos modelos de urbanización a nivel nacional, con nuevas estimaciones sobre las tendencias de decrecimiento de la población, sobre todo en Bogotá. 

El tema del decrecimiento poblacional es más pertinente que nunca dadas las propuestas de expansión urbanística de Bogotá. Es entonces motivo de celebración, y como contribución a la elaboración del POT propuesto por la presente administración, incluir nuevas evidencias demográficas que pueden cambiar el rumbo del modelo de urbanización.

Expertos demógrafos muestran que ya no existe la tal presión demográfica como hace 20 años. La curva del crecimiento de población está hacia abajo y esto muestra que la demanda de vivienda no es tal como se pinta.

Ya está en curso el decrecimiento poblacional que no justifica la construcción de nuevas urbanizaciones ni la ocupación de zonas de reserva forestal. Al contrario, estas deben ser restauradas para la ciudad y no urbanizadas. Es el caso de la Reserva Thomas Van del Hammen.

El Informe sobre demografía de la Sociedad de Mejoras y Ornato, realizado por dos reconocidos expertos, Rafael Echeverry y Ernesto Rojas, presenta una nueva realidad demográfica que puede contribuir a cambiar las decisiones políticas sobre el desarrollo expansivo de la ciudad. El Informe Anual “La Bogotá Qué Seremos”, políticas recomendables 2017/2050, entrega argumentos para estimar que en el 2050 Bogotá podría tener un millón y medio menos de habitantes de los que se han venido calculando en diferentes estimaciones. Esto es un motivo de celebración. Los documentos están disponibles para el análisis, y el debate está programado para celebrar el hecho que Bogotá ya no está creciendo en población como en el siglo XX.

Según Julio Carrizosa, del equipo de pensamiento ambiental del Centenario de la Sociedad, se debería aumentar la densidad dentro de los límites actuales de la ciudad. No está de acuerdo en aumentar la urbanización en los bordes de la ciudad porque eso se va a convertir en un aliciente para que se urbanicen más rápidamente todos los pueblos de la Sabana.

Si la administración logra aumentar la densidad en algunas partes de la ciudad que tienen una densidad muy baja y logra recuperar esas zonas, esto sería un aporte para la construcción de la paz. Es importante construir una ciudad para la gente de escasos recursos cercana al centro de la ciudad, cercana al centro del poder. Sería ideal hacer una gran alianza entre todos los alcaldes de la Sabana y sus Concejos, para tratar de disminuir esa transformación de los suelos rurales que son tan productivos para convertirlos en suelos para urbanizar. Es un problema nacional que a largo plazo exige una política de ciudades donde todas deben tener su atractivo y competir con los que tiene hoy Bogotá. “Es decir, que Bogotá no sea la única alternativa de vivir bien en el país.”

En tiempos de incertidumbre y de posconflicto, se hace necesario repensar el sistema urbano nacional, para hacer que las áreas rurales y pequeños poblados descuidados por el Estado se conviertan en deliciosos vivideros con opciones para los jóvenes. Sólo así descartarán el espejismo de migrar hacia las grandes ciudades capitales que ya evidencian graves signos de deterioro ambiental.

 Margarita Pacheco M

@margamiel

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