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Opinión

  • | 2001/07/09 00:00

    Precisiones y refutaciones

    La honradez es condición mínima del servicio público y tachar de "moralista" es un modo solapado de absolver a los corruptos

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Agradezco los aplausos y lamento las vaciadas que me envían los amables lectores. Pero aprecio sobre todo sus reflexiones críticas acerca de mis últimas columnas, críticas que resumo de algunas de sus cartas:

—“Su cuento es moralista. Lo de los ‘independientes’ es igual a lo de ‘los incorruptibles’, un tipo de fascismocomo el de Chávez o Fujimori”. (F.López).

El moralismo no sólo es peligroso: es detestable. Pero cuidado. La honradez es condición mínima del servicio público, y tachar de “moralista” a quien la exige es un modo solapado de absolver a los corruptos. Sobre todo: la cuestión no es de presuntas calidades morales, sino de cuáles fuerzas sociales representa el candidato. Así que yo no ando en la onda de “buenos” contra “malos”, sino en la onda del país de adelante contra el país de atrás.

—“Un independiente es más peligroso que un tiro en el oído. Si no gobierna bien ¿a quién pedirle cuentas si es independiente de los independientes?”. (J. Gil).

De acuerdo: un independiente acabaría en impotencia o en aventuras. Por eso insisto en la organización de un partido moderno que ejecute el programa y responda ante los ciudadanos (nuestros partidos premodernos sólo responden ante sus clientelas).

—“Un frente con gente tan opuesta como Ingrid, Garzón y Uribe sería una olla de grillos”. (B. Jaimes).

Verdad que hay diferencias. Pero la política consiste en subordinar las contradicciones secundarias a la contradicción principal, como diría Lenin. Y la terrible situación del país pide a gritos un poco de grandeza.

—“Si no le gusta Serpa, Uribe ni los otros, por qué no pensar en Peñalosa, Gómez Méndez o hasta Mockus”. (R. Durán).

Porque la cuestión no es inventar o agregar nombres que ahonden la confusión. La cuestión es sumar las fuerzas y virtudes de candidatos que juntos representan al país de adelante.

—“En vez de otro toconser, hay que cerrar el Congreso o usar la séptima papeleta”. (C. Ternera).

No hay que cerrar el Congreso. Hay que tomarse el Congreso. Y ojo con la democracia plebiscitaria, que es un remedo de la democracia.

—“Que los independientes sigan con sus campañas y hagan desde antes un pacto de unión en segunda vuelta”. (A. Mazzati).

La fórmula sería un último recurso. Pero ni se trata apenas de parar a Serpa ni es seguro que se logre de este modo.

—“Deje su odio al Partido Liberal. Más bien regrese y ayude a transformarlo”. (J. Castellanos).

Yo no odio al Partido Liberal. Si hasta tengo un librito en el que le doy crédito por casi todas las cosas buenas que han pasado en nuestra historia. Pero sucede que el país cambió y el partido no. Hoy es la voz del atraso. Y eso no tiene remedio.

—“Serpa no habla inglés, es provinciano y pobre como la mayoría de los colombianos. Precisamente por eso hay que votar por él”. (L. Sanmiguel).

Creo que el lector confunde la estadística con la política, La “representatividad” del líder no consiste en parecerse a los electores, pues entonces bastaría con escogerlo al azar. La representatividad consiste en la capacidad de captar y defender el interés colectivo.

—“¿Por qué sólo ataca a Serpa, si Noemí, Uribe, Ingrid, Serrano, Garzón y Peñalosa tienen también rabo de paja?”. (M. Cataño).

Porque no soy anarquista ni tampoco moralista. Estoy contra Serpa por las fuerzas sociales que representa y por el papel decisivo que él escogió en aquel episodio vergonzoso.

—“Usted lo que tiene es odio, envidia, o ganas de lanzarse” (escriben muchos lectores que se sienten ofendidos).

Es lo que se llama la falacia ad hominen: descartar un argumento por la supuesta motivación de quien lo usa, no porque en sí mismo carezca de validez. Es una práctica común entre nosotros, muy propia del almendrón que infortunadamente nos mantiene al margen de la modernidad y del debate genuinamente público.

—“Su idea es buena pero no factible” (me escriben muchos desencantados).

No es factible si no se hace el intento. Y entonces no habrá modo de que el futuro sea siquiera un poco menos triste que el presente.
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