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Opinión

  • | 2011/04/15 00:00

    Preparando la negociación: la prenegociación

    Existe una fase previa a la negociación formal, donde las partes se exploran mutuamente para tener un mínimo de garantías de que el proceso puede transcurrir de forma satisfactoria.

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Existe una fase previa a la negociación formal, donde las partes se exploran mutuamente para tener un mínimo de garantías de que el proceso puede transcurrir de forma satisfactoria. Los primeros contactos suelen hacerse mientras continúan las hostilidades, pues la prenegociación no requiere de un cese de hostilidades previo, aunque los actores pueden ponerlo en la agenda para lograrlo posteriormente. En esta primera fase se trata de “hablar sobre lo qué hablaremos”, esto es, de clarificar el marco y el proceso de lo que podría ser la negociación. Normalmente, estos contactos los llevan a cabo un número muy reducido de personas. Es una etapa que puede ser muy larga, por lo que quienes intervienen en ella han de tener paciencia y perseverancia.
 
Con frecuencia, esa fase implica conversaciones exploratorias secretas. Los procesos de Sudáfrica, Irlanda del Norte, Israel-Palestina, Nepal, etc. empezaron con conversaciones secretas, lo que siempre tiene ventajas e inconvenientes. Como ventajas podemos señalar que no hay tanto protocolo ni las pertinentes barreras formales, no hay medios de comunicación buscando resultados inmediatos, se pueden tantear las ideas y el carácter de la gente sin tanto riesgo, y que se pueden explorar escenarios posibles sin compromisos (en las exploratorias el término más usado es: ¿y si...?). Como desventajas, señalar que si el secretismo dura mucho tiempo, después puede alentar interpretaciones conspirativas y desactivar el compromiso de la opinión pública, al dar la impresión de que “aquí nadie hace nada”, cuando en realidad sí se intenta, pero con discreción.
 
El buen manejo de la discreción es un aspecto fundamental, decisivo, para lograr algunos resultados en los procesos de negociación, en cualquiera de sus etapas. Los negociadores de un lado u otro siempre necesitan compartir sus impresiones con un núcleo muy reducido de personas de confianza, que a cambio de dar su opinión y poder compartir análisis de la situación, han de saber guardar los secretos hasta la tumba. La formación de estos “núcleos o grupos de confianza” es un ejercicio de generosidad y complicidad, pues los miembros de dicho grupo pueden generar ideas y estrategias que luego llevarán a cabo otras personas, y de forma pública en un momento determinado. Que la autoría sea atribuida finalmente a la persona con una actuación más visible no importa, pues forma parte del juego de apoyos y complicidades.
 
Un problema habitual en esta fase es la asimetría y la falta de preparación y de experiencia negociadora de algunos actores. En estos casos, es bueno recurrir primeramente a talleres de capacitación técnica y política, pues no todo el mundo está preparado ni tiene el carácter requerido para asumir la responsabilidad de llevar unas negociaciones. No hay que olvidar que en cierta forma la prenegociación ya busca transformar mínimamente las relaciones entre las personas enfrentadas, para construir un marco de confianza que permita que la negociación tenga una cierta estabilidad.
 
A menudo, primero hay que aclarar el “metaconflicto”, es decir, la controversia que surge al discutir de qué va el conflicto. Para entrar a negociar, por tanto, primero hay que lograr un “meta-pacto”, esto es, un acuerdo mínimo (no máximo) sobre la naturaleza del conflicto. Dejar esta clarificación para la etapa de negociación formal podría eternizarla. Para que la prenegociación tenga éxito también es fundamental entender la naturaleza de lo que se quiere conseguir (fuerza militar, participación política, etc.), así como comprender la estrategia y la perspectiva del adversario. La prenegociación tiene aspectos técnicos, logísticos y jurídicos, evidentemente, pero por encima de todo es un proceso político que busca el diálogo y el inicio de una negociación formal sobre los temas sustantivos. En cualquier caso, todas las partes han de tener garantías de que no se entra a dialogar con trampa, como truco para ganar tiempo u obtener una ventaja militar, cosa que ocurre muy a menudo. De hecho, la prenegociación o la negociación puede ser el resultado de un estadio de la guerra, ya sea por empate, debilidad, etc., lo que puede conducir a interesarse en abrir una negociación para reponer fuerzas. Es conveniente por tanto saber con certeza las razones que llevan a cada parte a iniciar este proceso, pues un motivo recurrente para entrar a negociar es buscar y obtener legitimidad como actor, o bien para obtener una mayor relevancia política de las demandas, que no son escuchadas si no es en un escenario de negociación formal. La negociación, en todo caso, no puede ser sólo un escenario o un teatro, pues de lo contrario la “forma” ahoga el contenido.
 
Volviendo a la fase de prenegociación, hay que determinar quien irá a negociar y con qué estatus, lo que siempre implica un reconocimiento final del adversario, aspecto éste no siempre fácil de lograr y que puede demorar mucho tiempo aceptarlo. En Mozambique, por ejemplo, el gobierno del Frelimo consideraba a los guerrilleros de la Renamo como un simple grupo de bandidos. En Sri Lanka, el gobierno estuvo también muchos años despreciando e infravalorando la capacidad militar del LTTE. En todo caso, parece evidente que hasta que no se logra un cierto nivel de reconocimiento y un cambio de lenguaje al referirse cada cual a su adversario, no es posible iniciar una negociación. Otra cosa bien diferente es la problemática que surge cuando parece que se está en la obligación de dar reconocimiento como interlocutor a un asesino o genocida declarado. En lo posible, es mejor evitar que dichos personajes intervengan como negociadores, pues un acuerdo de paz no debe ser nunca un medio para dar impunidad a un genocida. Cuando empezaron las prenegociaciones en Sierra Leona, entre 1992 y 1996, el líder del RUF, Sankoh, fue recibido con todos los honores, a pesar de los crímenes que había cometido. El Acuerdo de Lomé se centró sólo en este individuo, con lo que la paz quedó condicionada a la impunidad de Sankoh. No se buscó la paz, sino que Sankoh negoció mantenerse en el poder.
 
En su primer momento, las conversaciones exploratorias pueden no ser inclusivas, pero poco a poco habrán de ir ampliando el círculo para lograr un consenso suficiente. Al final de esta etapa, la exclusión de algún actor importante siempre trae consecuencias negativas. Así, por ejemplo, durante la fase de prenegociación en Tayikistán, el gobierno y la coalición United Tajik Opposition (UTO) excluyeron de las negociaciones a un partido islámico llamado “La Tercera Fuerza”, que se radicalizó y cometió asesinatos. Si hay más de un grupo opositor, o el grupo opositor está dividido, la prenegociación será siempre más complicada, porque sobre la mesa habrán más puntos de vista, con lo que resultará más difícil llegar a un compromiso.
 
En esta etapa se pactan las reglas de juego, como los criterios de admisión, las condiciones de expulsión, el nivel de confidencialidad, y muy en particular, las garantías mínimas de seguridad para todas las partes, lo que suele implicar buscar lugares neutrales que proporcionen esa seguridad. La prenegociación puede conllevar ya algunos acuerdos, a veces secretos, sobre aspectos como el retorno de negociadores exiliados o la liberación de algunos prisioneros que habrán de negociar, dar garantías de seguridad para el equipo negociador, conceder amnistías para los negociadores, decretar un cese el fuego temporal, determinar mecanismos de vigilancia de las violaciones al alto el fuego, etc. Estos acuerdos pueden ser bilaterales y no incluir a todos los grupos en conflicto, y la experiencia muestra que no es muy conveniente poner demasiadas exigencias en esta etapa. Para superar el normal clima de sospecha inicial, es positivo que las partes hagan gestos conciliadores y establezcan medidas de confianza que puedan tranquilizar al oponente.
 
Los facilitadores o mediadores normalmente son muy necesarios en esta etapa. En Mozambique, por ejemplo, resultó decisiva la mediación de la Comunidad de Sant Egidio y del Enviado Especial de Naciones Unidas, Aldo Ajello. En algunas ocasiones, los encargados de preparar y financiar estos primeros encuentros pueden ser ONG o centros especializados en la mediación y el tratamiento de conflictos. Conviene pues analizar el rol que en esta etapa pueden jugar actores externos, incluidos los países y los organismos internacionales, sea prestando apoyo económico o diplomático, lugares de encuentro, creando la figura de “países amigos”, etc.
 
Director de la Escola de Cultura de Pau, UAB

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