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Opinión

  • | 2002/11/10 00:00

    Presidencia personal

    Todo en la vida tiene largo y ancho. Debo notar que la popularidad no exime de riesgos al "estilo Uribe". De hecho, estos ya comenzaron a asomarse

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La gente estA contenta con Uribe. Y lo está por una razón elemental: el Presidente está haciendo lo que la mayoría de la gente piensa que un presidente debe hacer.

El Presidente, en efecto, está mandando. Después de ocho interminables años de andar a la deriva -cuatro de cinismo rampante y cuatro de frivolidad inaudita- es mayor el alivio de saber que alguien está al timón. Uribe, ni más ni menos, es el padre en Freud, el nom du père en Lacan, lo masculino como fuente de orden y protección para un país agobiado de incertidumbres.

A Uribe le duele la gente. Por eso alegra verlo en la comuna 13 o en Ocaña, sintiendo con los padres del niño secuestrado o con los soldaditos que exponen su vida. A Uribe le gusta la gente. Por eso sus consejos de gobierno en Neiva, en Cali, en Arauca. Uribe gobierna para la gente. Por eso los detalles, las órdenes al por menor, los regaños al aire.

Son virtudes de finquero. Trabajar, trabajar, trabajar. Austeridad. Sencillez. Lenguaje llano. Supervisión minuciosa. Remangarse. Ideas simples. Resultados tangibles y sonantes. Por dudosas o pacatas que estas virtudes puedan sonar a otros oídos, han fascinado a por lo menos siete de cada 10 colombianos.

Cierto que la vida de la gente no ha cambiado en 100 días. No hay menos muertos ni hay menos pobres. Pero hay la sensación de que el Ejército está golpeando a la guerrilla, de que Bush está detrás de Uribe, de que Junguito está saliendo de la olla, de que los congresistas no están estorbando y, dicen otros, de que los inversionistas empiezan a confiar.

Ninguna de esas cosas está clara o es simple. No importa: llega un punto en que la inseguridad acosa más que el desempleo. El triunfo electoral de Bush acaba de probarlo. Y si los gringos se sienten inseguros, ¡con cuánta más razón los colombianos! Por eso a Uribe se le ha dado más espera, por eso su luna de miel pasará de 100 días, por eso cuenta con un cheque en blanco, y aún por eso aceptamos sin chistar el diluvio de impuestos.

Todo en la vida tiene ancho y largo, decía mi abuelita de La Ceja. Pues debo notar que la popularidad no necesariamente exime de riesgos al "estilo Uribe". De hecho, ya estos riesgos principian a asomarse:

-El de sobrevaluar la experiencia personal del Presidente. Al adoptar, por ejemplo, los medios de pacificación que usó en Antioquia. Al aplicar la microgestión propia de sus empresas y cargos anteriores. O al excluir del referendo el punto cardinal de los partidos, dada su vieja condición de disidente.

-El de ser desbordado. Un Presidente que está en todas, que no delega y que además funge como interlocutor efectivo de congresistas, militares, gringos, gremios y regiones, acaba en tres problemas. La parálisis de ministerios y dependencias que no alcanza a atender. Las presiones directas. Y los bandazos en temas clave, como decir el texto del referendo o la reforma tributaria, los lunes de recompensa, el régimen pensional o el arancel agrícola.

-El de desinstitucionalizar lo poco que tenemos. Ordenes directas a un sargento. Alcaldada para frenar a los Rodríguez. Inversiones decididas al calor de una visita. Informantes a sueldo. ONG haciendo escuelas o haciendo casitas. Soldados y policías de medio tiempo. Supresión de entidades y recortes de personal a martillazos.

-El de lo urgente, lo hechizo, lo de corto plazo. El impuesto "temporal" al patrimonio. El limbo de tres ministros por duplicado. La extradición fallida de Castaño. O peor, la no respuesta militar de las Farc que no le seguirán el juego a Uribe.

-El del simplismo que oculta la tensión entre objetivos igualmente válidos. Derrotar la guerrilla y agrandar el Estado de derecho. Ajustar la economía y combatir la pobreza. Acabar la corrupción y redescubrir la política. Ser amigo de Bush y cuidar el interés nacional.

Pero después de todo lo que hemos vivido, muy bien entiendo que por lo menos siete de cada 10 lectores prefieran ver un solo lado de la luna.

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