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Opinión

  • | 2017/03/13 09:27

    "La feria del brassier y solo kukos"

    Respetar la palabra empeñada es el factor que da estabilidad a procesos como el adelantado por las FARC y los representantes del gobierno Santos y del Estado colombiano.

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Grotesco.

Sólo así se puede adjetivar el rifirrafe entre funcionarios del Gobierno que micrófono en mano despotrican de las FARC concentradas, para explicar retrasos e inconsistencias en torno a las adecuaciones y el funcionamiento de las zonas veredales de transición y normalización (ZVTN).

No se trata de defender a las FARC.

Se trata de salvaguardar el respeto que a sí mismo y a sus compromisos debe garantizar un Estado. Los funcionarios han tomado el camino fácil de decirle al país que las FARC son exigentes y que sus exageradas pretensiones las hacen responsables por los incumplimientos en las ZVTN.

Buen discurso para una audiencia que odia a las FARC, pero irrespeto total al compromiso estatal frente a los ciudadanos que con vigor y activamente respaldamos el proceso en todas sus etapas, incluidas las de mayor incertidumbre.

Hay que ser serios.

No podemos frente al proceso de implementación de los acuerdos terminar como en la “feria del brassier y solo kukos”, donde el regateo es la norma y la vulgaridad el instrumento.

Este escenario es indeseable porque a un acuerdo pleno de argumentaciones jurídicas, ausente de ciudadanía, se le esta nutriendo sólo con reclamos, dimes y diretes que hacen más solitaria y endeble la mirada sobre la importancia del proceso.

Los incumplimientos hacen daño, exacerban la desconfianza y entregan munición a los detractores del proceso, del Gobierno y aún más, a aquellos que con argumentos disímiles tienen dudas sobre la conveniencia de un proceso como el que se adelanta en Quito buscando la paz completa como lo ha mencionado el presidente Santos.

A pesar de que las FARC agotan la paciencia ciudadana con incumplimientos en fechas y con el procedimiento “cuentagotas” para retirar a los menores de sus filas, el Estado y sus funcionarios no deben parapetarse en estos hechos para suplir la deficiencia y las dudas que se generan por los incumplimientos institucionales frente a lo acordado.

Distintos actores como congresistas, líderes sociales, voceros de la guerrilla y de partidos políticos han expresado que hay problemas, mientras el Gobierno minimiza la situación.

Debería el presidente poner coto a este asunto de manera definitiva.

Sumando a estos hechos y como algo que no debe pasar inadvertido está la carta firmada por el general Jorge Enrique Mora, quien fue negociador plenipotenciario a lo largo de cuatro años en La Habana.

La misma expresa molestias que evidencian no la fragilidad de lo acordado con las FARC, sino de lo convenido con distintas fuerzas de poder en el establecimiento para lograr el cierre del proceso luego de la pérdida del plebiscito.

No hay nada que pase porque sí en estos escenarios del poder y del Gobierno.

Hay de manera evidente un esfuerzo por enredar la implementación, fastidiar lo que debería ser de curso fácil y esa idea por las justificaciones parece ir consolidándose en sectores de gobierno.

En esa puja no hay equivocación aceptable.

Respetar la palabra empeñada es un factor que da estabilidad a procesos como el adelantado por las FARC y los representantes del Gobierno y del Estado colombiano.

Adenda: Tal como expresamos muchos durante el proceso de elección, el fiscal Néstor H. Martínez representa un mar de intereses que le impiden garantizar cumplimiento imparcial de sus funciones.

Se deberían poner en manos de un actor diferente las investigaciones por el caso Odebrecht y una veeduría externa verificar que así sea. De lo contrario, lo actuado por él es de dudoso recibo.

@alvarojimenezmi
ajimillan@gmail.com

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