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Opinión

  • | 2013/11/08 00:00

    No pares; sigue, sigue

    Ahora la Mesa de La Habana cuenta con un renovado espíritu de trabajo y con mecanismos de flexibilidad de la arquitectura para producir resultados.

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El anuncio del acuerdo fundamental sobre el segundo punto de la Agenda contenida en el "Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera", denominado Participación Política; y las recientes liberaciones de secuestrados del ELN, son claras demostraciones de las voluntades de paz de las partes enfrentadas y signos alentadores a la confianza de la sociedad hacia el proceso de paz en curso.

El acuerdo leído y dado a conocer al país y al mundo por los garantes Dag Nylander y Rodolfo Benítez, de Noruega y Cuba respectivamente, se ha logrado en un esfuerzo de las partes sin precedentes, para el cual han debido poner a prueba la arquitectura del proceso, así como la voluntad misma de las partes. 

El proceso se venía haciendo agua y anunciaba un mal final, por cuenta de las urgencias y presiones del gobierno en los tiempos y por la ausencia de resultados a la vista luego de seis ciclos consecutivos en el mismo tema, además por un creciente desgano de la sociedad que cada día se expresaba como desconfianza y desesperanza, aparte de que la “contrapaz” se convirtiera en el leitmotiv y bandera política del partido Uribe Centro Democrático.

Para producir el acuerdo, las delegaciones del Gobierno Nacional y de FARC-EP en la Mesa de La Habana, debieron flexibilizar sus férreas posiciones y asumir que la construcción de los acuerdos no se puede hacer a expensas de la contraparte. Se impuso el realismo frente al idealismo y se generó una relación de coequipo, que sólo es posible cuando partes contrarias en una mesa de negociación entienden y asumen que están allí, en la mesa, en cumplimiento de una misión, que en este caso no es otra que la de producir un acuerdo de punto final del conflicto armado interno colombiano. Sólo de esta manera es posible entender y escuchar las razones de cada una de las partes, en un ejercicio permanente de ceder para ganar.

De otra parte, la eficacia de la rígida arquitectura del proceso estaba siendo sometida a fuertes presiones, producto de los “movimientos telúricos” de la misma mesa y de la coyuntura política doméstica, que amenazaban con romperla, si no se implementaban mecanismos “de sismo-resistencia”, como fueron los alargues del ciclo, primero por tres días más y luego otro hasta obtener el acuerdo.

En suma, ahora la Mesa de La Habana cuenta con un renovado espíritu de trabajo y con mecanismos de flexibilidad de la arquitectura para producir resultados, de modo que el próximo ciclo 17º se realizará con mayor dinamismo, por el jalón que supone los acuerdos en los puntos 1 y 2 de la Agenda.

Por otra parte, las liberaciones de secuestrados por el ELN de un equipo técnico de una empresa contratista del oleoducto Bicentenario: el ingeniero Yesid Francisco Galindo, el administrador Éber Arnulfo Morera Cabrera y el conductor Nelson Carreño Becerra; y el anuncio de la liberación del ingeniero forestal Andrés Montes, trabajador de la Compañía Agrícola La Sierra, de capital chileno con operaciones en el Sur de Bolívar, son actos positivos reconocibles como actos de paz, que contribuyen a “pavimentar” el camino del ELN hacia una mesa de diálogo y negociación.

Reconociendo la importancia de las liberaciones y su significado, debo decir que estas son insuficientes, que el país demanda que sean liberados todas las personas que estén secuestradas en manos del ELN y que, al igual que lo hiciera la guerrilla de FARC-EP en su momento, anuncie el final del secuestro como práctica insurgente. Solo de éste modo el ELN podrá encaminarse hacia una mesa de diálogo para la paz de manera expedita y con apoyo de la sociedad colombiana y de la Comunidad Internacional.

Vistas así las cosas, los pasos siguientes inmediatos no son otros que el gobierno se decida a iniciar la exploración formal con el ELN hasta lograr un acuerdo de Agenda y de instalación de su propia Mesa de diálogo y negociación, que las dos organizaciones insurgentes declaren un cese unilateral de acciones ofensivas durante el periodo de navidad y año nuevo, que el gobierno acompañe estos actos de paz con reciprocidad, de tal modo que se produzca un desescalamiento de la confrontación, y con esto un alivio general para la sociedad colombiana, que debe empezar a ser resarcida y a beneficiarse de la paz que reclama y a la que tiene derecho.

Finalmente, el presidente Juan Manuel Santos en su alocución al país, con motivo del acuerdo en la Mesa de La Habana señaló que, “Cuando avanzamos, cuando se ven los resultados, no es el momento de parar. Es todo lo contrario, es el momento de acelerar de continuar con más ánimo y entusiasmo para lograr ponerle fin a este conflicto de forma definitiva”, poniendo fin a los interrogantes que se cernían sobre la continuidad de los diálogos en medio de la coyuntura electoral. Definitivamente, como lo afirmé en mi artículo anterior “La paz y las elecciones no son incompatibles”. De modo que aquí cabe el pegajoso estribillo de esa canción popular que dice: “no pares sigue sigue, no pares sigue sigue”.

En Twitter: @carlosvelandiaj
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